jueves, 21 de febrero de 2019

VISIONES DEL REFUGIO AZUL: Anabel Úbeda.




DESVIRGINIZADA

Colgó el hábito de la niñez
esparciéndola en los primeros años de la adolescencia
en los que aún dormida
volvía a rasparse las rodillas en el parque.

No mucho después, abría su armario
para examinar aquella prenda negra y sensual
cuya elección no comprendía
pero le hacía sentir mujer.

Casi llegaba a la veintena,
ya había conocido la embriaguez
y la profunda pérdida.

El peso de disparar decisiones
sin contemplación
la llevó al lecho con su deslealtad
de cabellos azabaches y manos ilegítimas
que despertaron de sí
un abisal instinto
lejano a la pretensión de ser conmovida.

Desvirginizada
no amó como hubiese querido.
A eso aprendió algunos años más tarde.


CHARLESTONE

Les llamaron
           Felices Años 20.

Caroline punteaba la tarima,
libertaria, tacones plateados
y una pluma apuntando
al estrellato,
su visado de emancipación.

Bajo sus pies,
América crecía
a costa de la destrucción
de familias
y la venta de silenciador.

Su compañera, Sharon,
acariciaba el telón,
flecos dorados
sobre body negro,
ahorrando para su billete
                de esperanza a Yellowstone.

Aliado del terror
               y la reconstrucción. 

En Europa,
tascas y alcohol,
baile en las plazas,
engañando el hambre de jornaleros
y enalteciendo al cacique.

Y claro, Charlotte,
recordaba su patria, Cuba,
su nombre real,
esperando que sus piernas alzadas
descubriesen la alegría
de un mes de pan
y treinta noches
sin fornicar.

Ellas, un arma de expresión;
el país, prostituyendo violencia
                  al mejor postor.


103 HABITACIONES

Repostaje de sexo esporádico,
personas mordaza,
opiniones enfrentadas,
estaciones de servicio.

Cafeína.
Silencio.
Vapor.

Supuestas primeras citas
que esconden secretos.
103 habitaciones en hoteles
cerrados
llenas de hálito impaciente.

Rastros de nicotina
en las paredes
dibujan extrañas caras.

Dioniso sobre Afrodita.
Laicos rezando a cualquier Dios,
en busca de consuelo.

Mejor esperar,
que despertar en falsas moradas. 


Anabel Úbeda Bernal, de Visiones del refugio azul (Boria Ediciones, 2019)

*

Rendirse al cimiento de los pasos nos puede llevar al absoluto desconocimiento de uno mismo, pero si sabemos escuchar y leer entre líneas quizá alcancemos alguna suerte de Edén. Es este recorrer la ciudad-sin-nombre el tránsito en el que la autora versa la rebeldía y la ruptura, los sueños y las inquietudes que son el propio camino en sí y sus múltiples salidas.

Anabel Úbeda trasciende las imágenes y los sonidos para salvarse en un mundo onírico de concepción propia, una habitación donde cada símbolo nos devuelve la infancia y la posibilidad de volver a ser héroes.


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