viernes, 22 de noviembre de 2013

FÁBULAS DISIDENTES por Alberto Hontoria Maceín.




Antípodas

Luce muy bien la alimentación bajo la máscara del derecho básico, aunque algunos el sendero que conduce al derecho lo tengan torcido.

Los hay que degustan manjares o seleccionan el plato más suculento del menú. Otros mastican la enajenación de un apetito que nunca se calma. La nutrición muestra dos caras que se oponen diametralmente.

Ryan aceleraba su metabolismo para descomponer y asimilar el excedente de comida. Emmanuel fraccionaba cada digestión en cinco o seis digestiones para engañar al estómago.

A Ryan se le marcaban los michelines con una camiseta puesta. A Emmanuel se le marcaban las costillas.

Emmanuel quería no fallecer de inanición. Ryan quería revalidar su título de ganador.

Emmanuel vivía en Haití; Ryan, en el estado de Florida. Y aunque la distancia entre Puerto Príncipe y Miami no fuera mayor de mil doscientos kilómetros, Emmanuel había de conformarse con un cuenco de arroz a la semana, mientras que a Ryan le cronometraban para determinar cuántos minutos tardaba en engullir ochenta perritos calientes.


Simulacro

A los simulacros de sofoco los llamamos simulacros de incendio.

A los simulacros de socorro los denominamos simulacros de ataque.

A los simulacros de libertad los conocemos por el apelativo de simulacros de juicio.

Estas ficciones preventivas se equivocan por completo.

No se preparan hogueras, sino mangueras.

No se organiza la violencia, sino el cuidado.

No se prueba la suerte ni de las sentencias ni de las condenas, sino de la esperanza.

¿Acaso al simulacro de la vida lo llamamos simulacro de muerte?


Marketing

El accidente ocurrió en un centro comercial. Una niña de nueve años se encaramó al pasamanos de una escalera mecánica y se precipitó a la planta baja desde el tercer piso del recinto.

Dos coches de una conocida marca se encontraban estacionados en la planta baja debido a un acto promocional. La niña, que no pudo elegir dónde estamparse, cayó entre los dos anuncios rodantes. La instantánea del cadáver tapado con una sábana blanca entre los dos vehículos comenzó a circular en los medios. Los responsables de la marca de automóviles montaron en cólera y exigieron a la gerencia del centro que retirase las imágenes. El cuerpo sin vida de la niña entre sus coches les daba mala publicidad.


Palabras

Cunde la opinión de que las palabras son secundarias respecto a los actos, que la frecuente gratuidad con que se pronuncian hace que no garanticen nada. Son un adorno, un aderezo, una comparsa. Se desconfía de su honor y su poder, y se duda de su eficacia.

Sin embargo, el lenguaje no es el hermano pobre de los hechos. El lenguaje fabrica realidad y tiene el don de cambiar el estatuto de las cosas.

La palabra que emite un juez, culpable o inocente, determina el destino de un ser humano. Las palabras de un párroco, «Os declaro marido y mujer», cambian el estado civil de una pareja de novios. De palabras está hecha la orden de disparo que un mando militar dirige a su ejército, y que se lleva vidas por delante.

Se oye decir que las palabras se las lleva el viento. Pues bien, a veces, las palabras soplan y el viento va allá donde las palabras lo manden.


Recreo 

Se puede mantener vivo un recuerdo de muchas formas. Para recordar el dolor, ¿es preciso llevar el morbo de viaje? 

Auschwitz, antiguo campo de concentración, es hoy día un campo de excursiones. Cámara en ristre, los curiosos sacian su ansia de espanto: a la vuelta a casa, podrán enseñar a sus amigos imágenes que atestigüen que estuvieron en el infierno de visita. 

En Dallas, lugar en el que fue asesinado el presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, un autobús recorre –al módico precio de veinte dólares, y bajo el nombre JFK trolley tour– la ruta que siguió la fatídica mañana del 22 de noviembre de 1963 la comitiva presidencial. 

Algo semejante ocurrió en Nueva Orleáns, donde se organizaron giras para mostrar a los viajeros el estado en el que había quedado la ciudad tras el huracán Katrina. 

En la actualidad, varios países están barajando la posibilidad de perpetrar un magnicidio, provocar un ciclón o iniciar otro holocausto porque el turismo mundial está ávido de nuevos parques de atracciones. 


Dime de qué presumes y te diré de qué careces 

Es ministra de Agricultura alguien que nunca ha plantado una semilla. 

Es ministro de Trabajo alguien que en su vida ha dado palo al agua. 

Es ministro de Hacienda alguien que defrauda. 

Es ministra de Servicios Sociales alguien que los privatiza. 

Es ministro de Cultura alguien que jamás ha leído un libro.


Alberto Hontoria Maceín, de El sentido disidente de la fábula (Sequitur, 2013).


http://www.lavozambulante.blogspot.com


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