jueves, 30 de diciembre de 2010

LA LUISA, ALLÁ POR 1940.


Para Reyes y Gsús


A la Luisa la ajusticiaron
a las cinco de la tarde
y Dios presente
y también sus representantes en la tierra
y la Luisa y los demás que iban con ella
en el albero.

La Luisa alzó el puño
y sobre el ruedo llovieron las balas
casi al mismo tiempo.

A la Luisa la ajusticiaron
por levantar un puño
en varias ocasiones
y los representantes de Dios en la tierra
murieron de viejos
y sus voces se escucharon tantas veces
que pareciera que el puño de la Luisa,
jamás gritó.

Hay demasiados Dioses,
demasiados representantes,
demasiados muertos
para que estos últimos
no sean oídos.

Es imposible que Dios esté tan sordo.


José Naveiras, del poemario Todavía Muertos (Amargord, 2010).

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