sábado, 18 de diciembre de 2010

AGUA FRESCA EN ESTRASBURGO por José Ángel Barrueco.



la primera noche nos alojamos
en un hotel pequeño y barato con
una puerta corrediza en el baño
desde la ventana se veía una plaza
con jardín, los rieles del tranvía
y el asfalto húmedo de lluvia

la ciudad nos deslumbró durante
el fin de semana, con su quietud
y su aura de fábula infantil
luego viviríamos un tiempo
en Molsheim y visitaríamos Obernai

pero primero estuvimos allí
las calles alimentaron nuestra mirada
todo eran postales bruñidas de poesía:
el aire alemán de los barrios viejos
las gárgolas de las iglesias y la catedral
los plátanos con las ramas al viento
los remolinos de agua de los canales
el tiovivo y las tabernas y las librerías
la inscripción de amor repetida
en los muros: laure je t’aime
las bicis candadas en hilera
el viejo que tocaba el organillo
el labriego tosco y jorobado
trabajando en la ribera del ill
los hombres que acompañaban
a sus parejas a pie, con las manos
empujando sus bicicletas

esa atmósfera
nos inoculó su paz
nos bendijo de algún modo
lo supe entonces: es el sitio
perfecto para un romance,
como el que nosotros teníamos
entonces y aún tenemos:
un amor esencial,
como el agua fresca.


José Ángel Barrueco, del poemario inédito Los viajeros de la noche.

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