miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL DÍA QUE HICE EL AMOR CON MARIO VARGAS LLOSA. Txe Peligro



Al amanecer me levanto sobresaltado, palpo a mi lado y respiro tranquilo: todavía está ahí, aún no se ha ido. Le doy un besito en la mejilla a Mario Vargas Llosa mientras aún dormita y me levanto y voy a la cocina y le preparo el desayuno y se lo llevo a la cama, café y tostadas con mantequilla y miel, como sé que le gustan a Mario Vargas Llosa, que me espera con los ojos todavía nubosos y despeinados. Después salimos a pasear, Mario Vargas Llosa y yo, cogidos de la mano bajo el alegre sol, y nos encontramos en la calle a Mario Vargas Llosa, al que nos paramos a saludar muy cordialmente y a decirle cuánto le admiramos. Después de este agradable encuentro vamos a la biblioteca pública y leemos la columna de Mario Vargas Llosa y le reconocemos en ella como a uno de los grandes liberales (y de los pocos auténticos) de nuestros descerebrados tiempos. Luego me despido hasta otro día de Mario Vargas Llosa, porque a mediodía he quedado para almorzar en Casa Lhardy con Mario Vargas Llosa, con el que comento durante una larga sobremesa de cocido el último premio de Mario Vargas Llosa. De vuelta a casa, ya sin Mario Vargas Llosa, me pongo a leer una novela de Mario Vargas Llosa, hasta que me quedo dormido y tengo esos turbulentos sueños que se tienen después de comer, protagonizado, sorprendentemente, por Mario Vargas Llosa en el papel de mi madre que luego se convierte en un simpático pato que habla en prosa perfecta, como Mario Vargas Llosa. Casi me quedo dormido, pero me despierto justo a tiempo para cruzar sin aliento el centro y llegar al Círculo de Bellas Artes, donde Mario Vargas Llosa da una conferencia. La conferencia resulta ser maravillosa (o mejor dicho, mariavargasllosa), pues trata sobre el Boom latinoamericano, en el que se encuadra la obra de Mario Vargas Llosa, de Cortázar, de Carlos Fuentes, o de otros autores como el peruano Mario Vargas Llosa, el auténtico liberal de nuestro tiempo. Luego me voy a la Casa de América, donde el escritor latinoamericano Mario Vargas Llosa inaugura una exposición sobre un asunto que no llego a comprender del todo; y luego corro a una librería (mi vida sociocultural es tan animada como la del premio Nobel Mario Vargas Llosa) que inaugura el novelista hispanoparlante Mario Vargas Llosa. En el sarao posterior, mientras me tomo un vinito y degluto una aceituna, me encuentro a Mario Vargas Llosa, después de tanto tiempo ya tiene el pelo todo canoso, qué recuerdos de otras juergas, así que hablamos un buen rato de lo que dijo el columnista Mario Vargas Llosa el otro día sobre la dimisión de Esperanza Aguirre y sobre el premio que le han dado en la Fundación Faes al juntaletras Mario Vargas Llosa, porque es un liberal de la vida, uno de los de verdad. Aprovecho para comprarme las obras periodísticas completas de Mario Vargas Llosa en una bella y nueva edición, prologada especialmente por el mejor amigo del autor, Mario Vargas Llosa, nacido en Perú y ganador del Nobel de Literatura 2010. Después, algo borracho, me voy a casa bamboleándome y al llegar me tiro a ver la tele y veo lo que dice Mario Vargas Llosa en Informe Semanal sobre el aniversario del Círculo de Lectores y que me parece maravilloso (o mariovargaslloso). Me pica un poco la entrepierna, intento consolarme con un video porno donde sale Mario Vargas Llosa tocándose ahí, pero no logro concentrarme, así que llamo a mi casa de alterne preferida y pido que me hagan un servicio discreto a domicilio, que pago el taxi. No tarda en sonar el timbre y abro la puerta y es Mario Vargas Llosa y le invito a pasar y tomamos una copa y bajamos la intensidad de la luz y ponemos música muy suave y, por fin, como en Pretty Woman, Mario Vargas Llosa y yo hacemos el amor.

Le digo, Mario, esto es la Ciudad. Y yo quiero ser tu Perro.


Txe Peligro
Extraído del blog Planeta imaginario

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