lunes, 11 de junio de 2012

DECONSTRUCCIÓN by Óscar R.Cardeñosa.


Agoté cada bala antes de bajar el arma. Mi cráneo destrozado, mi cabeza sangrante. Me quedé observando la pared desde la cama, a menos de un metro. Era esa parte donde se habían pintado de rojo seis historias. Las gotas buscaban la salida cuesta abajo y se mezclaban en un código de barras, y se contaban los detalles, y se convertían en anécdotas. No pude evitar llorar cuando la primera se golpeó con el polvo del suelo, se expandió entre el gris y marcó el principio del horizonte. Una a una dejaron de ser cuentos para formar las líneas de mi mano, tan cortas, tan cruzadas con las grietas del suelo. Me atraparon, me dijeron que no tenía otra opción que haber hecho siempre lo que hice, y desgarré su piel hasta el hueso para no reconocerme.
Alimentado por el dolor pasé mis pies por la guillotina harto de seguir sus pasos, e introduje la cera de una vela en mis oídos para no escuchar las réplicas de mi garganta. Cegados mis sentidos y mis acciones, solo me quedaron los ojos, sabiendo que el camino de mis historias quedaba por siempre en la pared, tal cual las había disparado desde mi cabeza, con los pedacitos de mi cerebro.

Óscar R. Cardeñosa, del blog Goliat Reformado.

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