miércoles, 13 de junio de 2012

4 POEMAS INÉDITOS DE 'NOMENCLATURA', EL PRÓXIMO POEMARIO DE JOSÉ DANIEL ESPEJO




 
LOL

Llevas dos semanas de quimio en el cuerpo
y tu pelo empieza a rendirse a los venenos.
Decides raparte. Al uno y medio,
y aguantar así un poco más, porque es verano,
y dan calor los pañuelos. De modo que saco
la máquina
y la pongo en marcha: caen los mechones
castaños al suelo como hojas,
no hablamos de nada hasta que ataco
la zona de la nuca, de detrás de las orejas,
donde tienes las cosquillas, y es tan raro
oírte reír, a carcajadas, decirme espera,
no puedo más, de las cosquillas, y otra vez,
y otras carcajadas, un poco demasiado
enfáticas, un poco más largas de lo común,
de las que tan bien conozco, casi iguales,
pero no: carcajadas fingidas, entonces,
casi calcadas, sin embargo. Pienso
en toda esa risa de piedra, en que querías
clavarte a las cosquillas que te hacía
la máquina en la nuca, estar ahí,
dejar de deslizarte hacia adelante. Oh, cariño,
cómo desearía concedértelo. Y también pienso
que nunca te he querido más adentro, y que me guardo
la gélida belleza de esa tarde, de tu pelo por el suelo,
de tus risas proyectiles contra las ruedas del Tiempo.



ALÉJATE DE LOS CAMINOS

Aléjate de los caminos, evita las canciones,
viaja de noche y ocúltate de día,
no sigas mis consejos ni de nadie
y sobre todo deshazte de la visa
y cuando llegues (porque tú llegarás)
al país de los fugados y felices
acuérdate de nosotros, pero no
nos envíes postales. Nada de postales.
Preferimos la paz, e imaginarte.

SIESTA

Duerme el enemigo:
en su casa
y en lo más profundo
de tu corazón.

 
1 DE MAYO

El uno de mayo era sábado,
brillaba el sol. Me encontré
con un poco de atasco en la autovía
en marcha hacia la playa. Fumé.
Me fui de aperitivo, de paella,
me tomé dos gintonics mirando el mar,
después hice la siesta hasta las siete;
y entonces paseo, cena, los pubs
de los ingleses, una rubia borracha
me aceptó una invitación para después franquearme
las muy doradas puertas de su coño. Y yo
fumando en calzoncillos a las seis de la mañana,
acodado en el balcón mientras salía
un sol resplandeciente tras la línea del agua,
bebido y triunfador, los dedos húmedos
de sexo aún, y vi a mi lado
a mi jefe. Y bien, Cenicienta,
me dijo. Quedamos que a las doce
y es la hora de los churros. Se te descontará
reglamentariamente de tus vacaciones.
Y ahora vístete y sal de mi casa,
pero a Samantha déjala, no la despiertes.

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