jueves, 12 de mayo de 2011

CH. & J. por JOSÉ DANIEL ESPEJO


Se fue mi compañera y me quedé

mirándome la punta del zapato.

Ha pasado un año desde entonces. Antes

luchamos contra el cáncer y también entre nosotros

hasta que una oncóloga llegó con la noticia:

habíamos perdido y solo nos quedaban

de tres a siete meses para despedirnos.

Nos fuimos a la playa y estuvimos hablando

de qué íbamos a hacer con nuestros niños.

Metimos los pies en el agua, y estaba tan helada.

Me dijiste que intentarías entrar en nuestros sueños.

Que sean húmedos, contesté, y nos reímos.

Es curioso cómo me olvidé las cosas malas

y cómo resplandeces en cambio en mi memoria

de las épocas felices, en Bosnia o en Madchester,

o con Miguel en los brazos, paseando.

Un año entero ha pasado y la punta del zapato

se ha gastado de mirarla. Estás más

guapa que nunca, eres ahora

más feliz de lo que fuiste, y te sigues riendo

corriendo por la calle, en abril de dos mil tres,

diciendo mírame, bajo la lluvia.

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