jueves, 17 de marzo de 2011

ENCONTRÁNDOTE por Iñaki Echarte.


Cuando te miro, no te veo.
Cuando te miro, veo a James Dean.
Cuando me miras, me miras [sin más].
Cuando me miras, me siento Sal Mineo.
En mi corazón.

En mi corazón anida una absurda esperanza.
Construida con el idilio, siempre perfecto, de mis progenitores,
con las historias siempre perfectas, escritas, filmadas, transformadas,
con la intoxicada y estúpida idea [mía] del amor perfecto.

Tus dedos han subido por mi espalda.
Tus palabras han escalado hasta mis oídos,
han penetrado a través de mi organismo
y mis deseos, mis esperanzas las han transformado,
te han transformado,
en un dios de celuloide.

Tus labios forman palabras que no escucho,
palabras que transformo en lo que quiero oír
[en lo que ya oí en falsas bocas].
Tus gestos son retazos que encadeno
con aquello que jamas harás,
con aquello que siempre soñé
[con lo falso escribo mi propio guión].

Hoy eres James Dean
en la pantalla de mis ojos
Mañana serás Warren Beaty,
o quizás Montgomery Clift.

Hoy eres tan maravilloso que mi felicidad
se alimenta de tu reflejo en un cosmopolitan.
Mañana puedes ser tan decepcionante
[una historia sin happy end]
que mi desdicha
puede ahogarse en el reflejo de tu reflejo de otro cosmopolitan.
[hasta que sea interminable].


Iñaki Echarte Vidarte, de Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco (Ed. Vitruvio, 2011).

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