jueves, 31 de marzo de 2011

Presentación de LA MÉTRICA DEL OLVIDO, de Luis Ingelmo


VIERNES 1 DE ABRIL 20.30H
TIPOS INFAMES (C/San Joaquín 3 (Madrid)
Aparte del autor participará Enrique Cortés, escritor. El evento se amenizará con una actuación musical de violonchelo y contrabajo.


Y esta mosca en el cristal, qué sabe ella de todo esto.Tiene que ser fácil lo de ser mosca, zumbando de acá para allá sin preocuparse de nada. Esquivar algún manotazo de vez en cuando,pero eso tampoco tiene mucha dificultad (...).Ya podía yo ser una mosca."

Abriéndolo al azar, en La métrica del olvido escucharemos todo un coro de voces en cualquiera de sus páginas. Aquí resuena el dolor punzante que se provocan las parejas, los comienzos de un romance que nunca llega a consumarse, los enredos de un acusado, las confesiones de los anacoretas de hoy, las reflexiones filosóficas de un prisionero antes de ser ejecutado, los suspiros y anhelos de mujeres despechadas, la búsqueda de uno mismo en los otros, los aullidos hacia una posibilidad de amor siempre en el horizonte o las respuestas duras y certeras de un escritor ante las impertinencias del reportero. Al adentrarnos en sus relatos, sentiremos la obsesión que transmite un lenguaje afilado donde el estilo se convierte en contenido, todo ello bañado con la espuma del humor, enriquecido con un acondicionador de ironía, perfumado con los fluidos del sexo y, por fin, desinfectado de la trivialidad con litros de alcohol. Relatos que permanecerán siempre actuales en una espontaneidad expresada con la palabra digna y orgullosa de ser ella misma.

www.eutelequia.com


Un poema de EL OCÉANO DE LAS ESCRITURAS. Ángel Petisme


HUMO

Se nos notan las cicatrices
como a jarrones rotos
reconstruidos con pegamento.
Si sólo vas a quedarte con recuerdos
en la Casa del Frío
al menos quédate con los buenos, cariño.
Se nota que amábamos el fuego.
Nos importaba un pito la flor
blanca de quien nos ama,
dimos vida a nuestras criaturas
pero creamos monstruos.
Sólo buscábamos
el fuego que alimenta la vida.
No el amor,
que jamás conocimos,
sino sus tatuajes y sus bocanadas.
Eras pólvora,
en humo nos convertimos.

martes, 29 de marzo de 2011

TODOS NOSOTROS



Una canción vieja (1994) que viene -o debería venir al pelo- para los tiempos que corren. Para ponerla a todo volumen y corear:

Ellos tienen la razón,
Nosotros tenemos la locura.
Ellos tienen la televisión.
Nosotros tenemos las calles.
Ellos tienen el dinero.
Nosotros tenemos la vida
Ellos tienen las balas
Nosotros tenemos los corazones.
Ellos tienen la guerra
Nosotros tenemos la cama

Ellos tienen la angustia
Nosotros tenemos la rabia
Ellos lo tienen todo
Nosotros tenemos lo que les falta

Ellos tienen las vicios.
Nosotros tenemos el placer
Ellos tienen las leyes
Nosotros tenemos la justicia
Ellos tienen la avaricia
Nosotros tenemos el ¿qué más da?.
Ellos tienen el orden
Nosotros tenemos la libertad
Ellos tienen la Tierra
Nosotros tenemos los caminos

Ellos tienen la angustia
Nosotros tenemos la rabia
Ellos lo tienen todo
Nosotros tenemos lo que les falta

Ellos son todos ellos
Nosotros somos nosotros.
Todos Nosotros.

Un poema de 'Odio', de David Refoyo



……………….a David González

En otras familias los
padres legaban a sus hijos
relojes del diecinueve unos
gemelos de cuando la guerra
o un crucifijo amuleto con
el que vencer la tuberculosis

En la mía siempre fuimos distintos
y el único testamento digno
que pasó del bisabuelo
–al que mataron en la guerra–
al abuelo y de éste
–castrador de sueños–
a mi padre

fue la magnífica frase que les
otorgaba el poder

todo lo que hay bajo
este techo es mío
y si no te gusta
ya sabes donde tienes la puerta

supe dónde estaba la puerta
y me independicé con la rabia
sincera de los niños malos

Ahora, sobre la puerta de mi
casa hay un epitafio tallado a navaja

Bienvenidos a la república independiente

de mi casa

EL PADECIMIENTO CONTINUO. CHARLES BUKOWSKI. Por A. Saenz de Zaitegui


EL CULTURAL. 11/03/2011

Nadie gana. Es sólo que unos pierden más despacio. Dos cosas que Roland Pryzbylewski tiene en común con Charles Bukowski: las cuatro últimas letras de su apellido, y razón.

Hay hombres que devoran épocas. Si en el siglo XX la locura humana se hizo mayor de edad, Bukowski (1920-1994) demostró que incluso la demencia más psicótica sigue un método. Y que ese método es él. Nacido alemán, es América en carne y hueso: nadie como él ha puesto voz y rostro a la tragedia del paria, el cero a la izquierda, el pobre del primer mundo. Tuvo que elegir entre ser funcionario o convertirse en dios, y eligió el destino más grande. Para sobrevivir al fracaso, la miseria y a su propia inteligencia, consumía alcohol y generaba poesía en cantidades igualmente masivas. Murió a los 74 años. Tal vez la poesía sea más útil de lo que dicen.

Sesenta y dos poemas inéditos, El padecimiento continuo no da tregua. Es Bukowski cien por cien puro, no procedente de literatura concentrada: violento, obsceno, generoso, irónico, desagradable, arduo, honesto. Se presenta a sí mismo como se sentía: hundido. Sabe que no es justo culpar al mundo de todas nuestras desgracias, básicamente porque ningún mundo tiene la capacidad de salvarnos o condenarnos. Un Bukowski ebrio, cantando a pleno pulmón, encerrado en el WC de un hotel, “porque sabía que no/ pertenecía a ningún sitio/especialmente al ser reconocido como un/gran escritor/americano”, es un Bukowski autocreado, no una manufactura corporativa. Habla un inglés agramatical en el que parece imposible mentir. Le interesa esa curiosa costumbre humana de escribir a veces mayúsculas, a veces minúsculas. Habla siempre de sí mismo porque es su tema favorito. (Nuestro tema favorito: nosotros mismos.) Tiene una pésima opinión de las mujeres, los objetos y los hombres, pero no es ni misógino, ni espiritual, ni misántropo. Es caótico, pero jerárquico: “las viejas/cintas de/Bobby Dylan/ retumban/ como/ un trueno/ por encima/ del paraíso/ de/ tu Dante/ allá abajo”. Y entre vientos de cambio y divinas comedias, inmortaliza por igual a pobres diablos anónimos y a los héroes de nuestra historia reciente: Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Salinger y su guardián. Ficción, realidad: todo está en la mente.

Matrioshka de contradicciones, la métrica de Bukowski se inspira en el ritmo del rock y en las pausas de la televisión, pero suena, más que ancestral, ucrónica. También imita los intervalos del comic, género que él mismo cultivó. A Bukowski conviene leerlo en voz alta, para percibir la teatralidad de nuestros pensamientos más íntimos. Pensar: un diálogo, aunque sea con uno mismo. Y cuando el diálogo implica a otros, lo denominamos guerra: “no/ pero mierda/ me quieres,/ ¿recuerdas?”. En ritos sociales apenas participa, y el mínimo que la comunidad exige le acerca, más que a la civilización, a la barbarie. Lo que nos hace humanos por fuera nos deshumaniza por dentro: “no resulta honroso sentarse aquí/ mirando estas paredes”, haciendo tiempo en un bar hasta que nos llegue la hora de morir. Pero no hay otro sitio. Ni tampoco otra opción.


Genio más allá de lo concebible, Bukowski es el hombre de los caminos menos transitados, un fraude a conciencia, nuestro ídolo. Poesía de belleza atroz, El padecimiento continuo se resume en una sola y única palabra: Bukowski. Desde la postración del más débil, un poeta destruye a golpes de realidad el imperio de los fuertes. Sus versos son las ruinas de América: “Las tropas del infierno desfilan/ a través de/ mí". La única ciudad eterna está en el corazón humano. Bukowski por los siglos. Rey Charles forever.

Traducción: Silvia Barbero. Visor. 151 páginas, 10 euros

Festival de cine... de terror en mi ciudad, por PADDY REKALDE


La fachada del cine-teatro está elegante y correctamente engalanada

para el festival de cine de terror que celebra la ciudad,

y mientras la gente espera en la cola para comprar las entradas

observa el pánico y terror que inspiran las imágenes externas del lugar

unos gritos y chillidos se pueden oír cada cierto rato

de los bafles que han colocado en esa tremenda fachada,

guturales gritos que pretenden hacer temblar a cualquiera cercano,

y, aunque no estaba programado para el festival,

las luces de las farolas callejeras en este anochecer brumoso

son atrayentes, como viejos candiles de otra época ya lejana

y en ese momento, como en las películas de diferentes planos,

en otra sala uniformada de esa misma ciudad

el cañón de una pistola acaricia lenta y fríamente

los labios de la entrepierna de una mujer joven, desnuda,

atada las manos en la espalda y con cinta de embalar en ojos y boca

ahora vas a probar una buena polla durísima, putita,

escucha la mujer desde esa pegajosa oscuridad

mientras se le mezclan las lágrimas y los gritos enmudecidos,

una polla que nunca olvidarás...

creo que los que se han arrimado

al festival de cine de terror

se han equivocado otra vez

de escenario

lunes, 28 de marzo de 2011

UN POEMA DE ELVIS PÉREZ


He iniciado un sobrecogedor librito en ocho páginas. Solo será leído por 20 personas. Será poesía rusa. Aquí un adelanto:


Ojalá haya tormenta de nuevo

¡estás tan guapo
...persiguiendo rayos!

ordeñando locos
en noches de lunas gordas

y precipitándote al vacío
siempre caes despacio

¡eres tan divertido!

Te amo,
¿quieres beber sal conmigo?

pasear con mi enano de la mano
por los rios magentas
podríamos besarnos


http://www.facebook.com/ElvisPerez.Dominguet
http://dominguet.blogspot.com/

ETERNOS PRINCIPIANTES by Octavio Gómez Milián.


Como en una película apócrifa de Luis Buñuel
te imagino bajando el Paseo General Mola
hacia el centro, cansado de niños y balones,
esperando la vuelta de Celentano en el verano del 72.
Un personaje de Óscar Aibar, con una maleta vacía
y un descapotable rodado con aire de free cinema.
Hoy somos angrymen, masticamos el futuro
de un país sin humo ni nombre propio,
rebuscamos en el rastro el single de Fuera de combate,
el cuaderno donde Félix conservaba tu autógrafo,
la portada, hágase la luz, donde le pedías
al poeta eléctrico un esfuerzo más.
Treinta años después y somos un culto escaso
que te escribe oraciones vacías,
hemos aprendido cómo apretar los dientes
cada mañana, airados consumidores
de trasbordos en autobuses públicos.
Eternos principiantes.

Octavio Gómez Milián & Juan Luis Saldaña, del poemario Perico Fernández que estás en los cielos (Libros del(a)Imperdible, 2011).
.

viernes, 25 de marzo de 2011

ASESINO CÓSMICO


Año 2035. Isla Meteca es un lugar imposible perdido en los mares de la literatura fantástica. Sobre ella pesa una antigua leyenda, un viejo relato poblado por monstruos y lleno de odio. Las heridas de ayer corren el peligro de abrirse de nuevo. Los metecos llevan muchos años esperando. El futuro se confunde con el pasado. El pasado llama a las puertas del presente. Y oculto en algún sitio acecha un ser llegado de muy lejos. Nadie conoce su verdadera historia, pero ha llegado el momento de contarla… ¿Soportará tu corazón los asombrosos hechos y prodigiosas aventuras del Asesino Cósmico?

¡Con la participación estelar de Curtis Garland, un héroe de la literatura popular española!

Asesino Cósmico
Robert Juan - Cantavella
Mondadori, 2011.

1 POEMA de Carlos Gutiérrez Horno.


Bailemos,
centremos
nuestra energía
en lo bueno,
tu día
y mi noche
son lo que hacen
este maravilloso
universo,
dame un abrazo,
dame un beso,
déjame
tu vientre,
pues de ahí
vienen nuestros
pequeños maestros,
acaricia
la piel de la realidad,
pues quizá
mañana se acabe
a son denuestra verdad,
por cierto
qué mal bailamos,
por cierto
qué bien nos lo pasamos,
por cierto
da por descontado
que estoy orgulloso de esto,
bonitos labios,
bonito culo,
pero lo que me conquista
es tu alma desvistiéndose
sabiendo
que ahora
viene lo duro,
ser libres,
ser amos
y dueños
de nuestros pequeños
rincones interestelares,
celebremos
pero en nuestros lares,
donde la naturaleza
es bella
y brilla
donde nosotros brillamos
porque somos parte
de ella,
aguardaremos
sentandos
la próxima violencia
que nos espera,
pues todo nacimiento
y cambio
implica
un proceso de dolor,
pero tranquila
que estamos
juntos,
pero tranquila
que después viene el paraíso,
que no es otro
que despertar
de este eterno
letargo,
que no es otro
que ser puro,
expandidos
en no se dónde
pero merece
la pena,
tu cuerpo
no estará,
mi cuerpo
no estará,
seremos
nebulosas,
seremos
un universo,
estaremos
juntos
en lo eterno,
sólo conciencia
no consciente
en la infinidad,
en la paz,
en respirar
Vida,
y el próximo
viaje
será
a los corazones,
llenos de aire
de los amores
del limbo
de ese espacio
entre la Vida
y la Vida,
no hay más
que Vida...


Carlos Gutiérrez Horno, poema inédito.

jueves, 24 de marzo de 2011

HISTORIETAS DEL AMOR


Tengo el gusto de invitarlos a leer de manera gratuita online (con la opción de bajarla en formato PDF) la edición-e de Historietas del amor, cuentos de Rolando Revagliatti ilustrados por Andrés Casciani. La misma cuenta con más de 40 ilustraciones inéditas de mi autoría, interpretando las narraciones del autor para este libro digital. El diseño y concepción integral de la edición es de Melisa G. Benacot.

Para bajar la versión pdf a su computadora, clickee aquí:


Este proyecto independiente agradece su difusión y esperamos lo disfruten!

NARRANDO CONTRACORRIENTE

Próximamente en las Librerías
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Nacho ABAD - Escandar ALGEET - Lola B. GALLARDO - José Ángel BARRUECO - BATANIA - Antonio BORDÓN - Sergio C.FANJUL - Fernando CLEMOT - Mario CRESPO - Iñaki ECHARTE - Manu ESPADA - Oscar ESQUIVIAS - Sonia FIDES - Carlos FRüHBECK - Hipólito G.NAVARRO - David GONZÁLEZ - Esteban GUTIÉRREZ - Patxi IRURZUN - Talía LUIS - Marcelo LUJÁN - Inma LUNA - Domingo LÓPEZ - Ángel M.RODRÍGUEZ - Miguel Ángel MARTÍN - Reyes MONJE - Luís MORALES - Vicente MUÑOZ ÁLVAREZ - José NAVEIRAS - Susana OBRERO - Daniel ORTIZ - Daniel ORVIZ - Olaia PAZOS - Ana PÉREZ CAÑAMARES - Pepe PEREZA - Andrés PORTILLO - Alfonso Xen RABANAL - Luis Miguel RABANAL - David REFOYO - Markus RENSTRöM - Esther RODRÍGUEZ - Carlos SALEM - Marta SANZ - Javier SERRANO - Lorenzo SILVA - Mª Jesús SILVA - Mayte SÁNCHEZ SEMPERE - Estelle TALAVERA - Déborah VUKUšIć - Marian WOMACK.
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PERVERSIONES en Barcelona.

El próximo viernes, 25 de marzo, presentamos "Perversiones. Breve catálogo de parafilias ilustradas" en Barcelona. Será en la Central del Raval, Elisabets, 6, a las 19:30. El acto estará presentado por Sergi Vellver, acompañado por José Ángel Cilleruelo y Ginés Cutillas.
Os esperamos
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RATAS DEPRIMIDAS by Damego.


Todo comenzó con las ratas.
Al principio parecía una simple plaga. Luego se convirtió en un monumental problema de salud pública que afectaba por igual a pueblos y ciudades de todos los continentes. Finalmente se convertiría en premonición para los pocos que somos capaces de recordarlo. Los demás están muertos.
No se sabía con certeza de dónde provenían y hubiera sido imposible imaginar una población tan extensa oculta en el subsuelo o en la sombra.
Aparecieron al amanecer de un caluroso día de agosto y deambularon durante varias semanas día y noche, expuestas a la luz, por toda la ciudad, lo mismo se las podía ver en las callejuelas de los barrios más apartados que en el centro y los grandes bulevares que lo atravesaban.
Se crearon patrullas especiales de exterminio y limpieza, formadas por el ejército y los servicios de protección civil, pero sólo ante la sorprendente cantidad de roedores circulantes, no porque representaran un peligro real, pues muy al contrario no ofrecían hostilidad alguna y se dejaban atrapar sin la menor resistencia. Simplemente vagaban sin rumbo y silenciosas, olvidando a su paso los contenedores de basura, nadie las vio comer un sólo bocado.
Algunas aparecían despanzurradas en las aceras, en un chancro de sangre y pellejo, seguramente caídas desde las azoteas de los edificios, y otras aplastadas en el pavimento, atropelladas por los automóviles en su errático tránsito.
Fumigaron con aviones los vertederos de basura en las afueras y recorrieron toda la red de alcantarillado pero lo único que encontraron en ella fue una multitud de nidos abandonados por sus madres.
Y un día desaparecieron. Ni rastro de ratas. El mundo agradecido.
Se realizaron estudios en los laboratorios mientras quedaban ejemplares vivos, pero incluso aquí fueron muriendo, dejaban de comer o aparecían desnucados contra los barrotes de las jaulas, muy pronto sólo pudieron investigar cadáveres. Y no encontraron nada.
Comenzamos a hablar del suicidio programado de una especie. Se hubieran podido llenar durante algún tiempo páginas de periódicos y espacios televisivos con el tema, si no hubiera surgido unos días después un problema más acuciante y del que la gente no iba a sentirse nada agradecida. Muy al contrario, habrían de derramarse muchas lágrimas, aunque sólo serían las primeras.
Si mal no recuerdo fue al tercer o cuarto día de la proclamada por muchos "liberación de las repugnantes ratas", cuando los perros y los gatos dejaron de comer y comenzaron el sigiloso e imparable abandono de sus amos.
Arañaban con insistencia las puertas de sus casas y cuando salían desaparecían para siempre. A la mínima oportunidad. Algunas personas, más cautelosas cuando se propagó la noticia, intentaban encerrar a sus mascotas e impedirles la huida, pero sólo conseguían demorar lo inevitable: más pronto que tarde aparecían electrocutados tras meter la lengua en algún enchufe, ahogados en la piscina o destripados en las aceras tras saltar desde terrazas y ventanas.
Otros muchos fueron atropellados por los coches en una última carrera sin sentido.
Vagaron durante un par de semanas por calles y montes, ajenos a la caricia del hombre, y desaparecieron también sin dejar más rastro que sus cadáveres yacentes.
Nada pudieron hacer científicos ni veterinarios para evitar el éxodo y la inminente escalada suicida de esas y otras especies que contaban milenios conviviendo con el ser humano.
Muy pronto se sumarían los caballos, las vacas, las ovejas, los cerdos…
Durante varios días se recomendó a la gente abastecerse y no salir de casa ni viajar porque las aves comenzaron a tirarse en picado y estrellarse contra tejados y pavimentos.
Cerraron los aeropuertos y sólo el metro continuó trasladando a los escasos pasajeros que se atrevían a desplazarse por alguna razón inexcusable. La economía y los servicios ciudadanos quedaron paralizados, sólo continuaron trabajando, con tareas mínimas, las instalaciones que no podían pararse sin graves daños para la producción. Y los servicios de emergencia.
En menos de una semana el cielo quedó limpio. Habían desaparecido hasta las moscas.
Las brigadas de limpieza no daban a basto. Tardaron otra semana en recoger los cadáveres y la basura que la gente había amontonado en sus casas.
Mientras tanto los laboratorios y zoológicos del planeta vieron morir a todos sus inquilinos cautivos, excepto los primates.
No tardarían los animales salvajes en abandonarse libremente a la muerte, como en procesión leones y gacelas, elefantes y hormigas camino de algún cementerio imaginario hasta quedar sin fuerzas, desfondados, plácidamente echados junto a los cadáveres de los que habían llegado antes.
Sobre las aguas flotaban hipopótamos y peces, tiburones y ballenas panza arriba.
Las factorías congeladoras afloraron por doquier y se decretó la caza y pesca masiva de cualquier ser vivo, así como el sacrificio de todos los animales domésticos que presentaran los síntomas, con el ánimo de crear una reserva de víveres y resistir a la crisis. También se criogenizaron todas las especies que pudimos, ante la evidencia del primer cataclismo biológico registrado, en espera de una futura resolución. Una especie de arca de noé en nitrógeno líquido.
Pero el punto más álgido del problema lo suscitaron los monos genéticamente más cercanos al hombre. Unos dos meses después de las ratas, tras la temporada de recolección de fruta más ínfima de la historia conocida. Los mercados desabastecidos, los precios por las nubes. Los árboles comenzaron de aquella, mediado el otoño, a retorcerse o caer, raíces arriba, sin ningún motivo aparente.
Los primates habían sido hasta entonces los únicos que parecían conservar el deseo de vivir. Se había descartado la posibilidad de un virus o cualquier tipo de radiación cósmica. Análisis y mediciones exhaustivas lo habían confirmado. Se mantuvo la hipótesis del suicidio colectivo de las especies, aunque sin un origen fundado, capaz de ser racionalizado.
Se pensó que sólo se estaban librando las especies más altas en la cadena evolutiva, las únicas quizá con una capacidad de análisis vital para continuar escuchando la llamada instintiva de la supervivencia.
Comenzamos a estudiar seriamente a chimpancés, gorilas y orangutanes, y nos sorprendimos mirándoles a los ojos de otra forma, casi como iguales, casi como hermanos.
Cualquier esperanza se desmoronó cuando les llegó el turno. La única diferencia con el resto de las especies es que no habría ningún tipo de éxodo ni acciones suicidas colectivas.
Simplemente dejaban de comer y esperaban la muerte. Por primera vez se utilizó una palabra que muy pronto sembraría el pavor entre todos los habitantes de la tierra: depresión.
Se crearon hospitales especiales, con módulos prefabricados que se instalaron con facilidad en parques y solares vacíos o en medio de sabanas y bosques, allí donde se pudiera hacer algo por ellos.
Gorilas, orangutanes y chimpancés fueron ingresados y alimentados por vía intravenosa sin oposición alguna. Se les inyectó en sangre diferentes cócteles farmacológicos, pero lo único que lograban los investigadores era acelerar su muerte. Era como si su organismo transformara en veneno cualquier sustancia ajena a su propia química, a su deseo metabolizado de morir. De manera que pronto desistieron.
Fue hacia el tercer mes, desde lo de las ratas, comenzaba el invierno, cuando se disparó la alarma de verdad y el espanto comenzó a ensombrecer nuestra mirada, hasta entonces absorta y alucinada con el desastre que se cernía sobre el reino animal, sin explicaciones víricas, sin meteorito, sin radiaciones solares ni calentamiento global.
Entretenidos con el gran espectáculo de la muerte, no habíamos observado los índices de bajas laborales y ausencias escolares. Su incremento se presentaba ya como imparable. Todas con un mismo diagnóstico médico: depresión.
Los niños no querían levantarse para ir al colegio. Fueron los primeros en caer. Los pediatras eran incapaces de atender tantos pacientes. Se les desvió a los médicos de cabecera y se crearon secciones hospitalarias especiales cuando dejaron de comer.
Los hospitales se saturaron en dos o tres semanas. Cuando llegaron los hermanos mayores y los padres, ya no quedaban camas ni metros de tubería para alimentar por vena a tanta gente. Los primates fueron criogenizados unos y sacrificados otros para utilizar sus hospitales de campaña.
Poco después empezaron a faltar enfermeros, médicos y hasta recepcionistas. Al final del invierno ya no quedaban ni científicos que continuaran estudiando el problema. No quedaban personas suficientes ni para enterrar a los muertos.
Esto es un mensaje radiosatélite de lo que ha pasado, está pasando. Dirigido a quienes hayan sobrevivido. No estáis solos.
Acércate o envía una señal en esta frecuencia y te recogeremos en cualquier parte del globo.
A estas alturas ya sabrás quiénes somos porque tú eres uno de los nuestros. Somos los inmunes. Somos los deprimidos de antes de las ratas.
Estamos reuniendo un buen equipo y tomando las riendas de la investigación. De momento nuestro objetivo primordial es salvar el mundo vegetal. Casi no quedan árboles. Imprescindible una nueva cosecha tras la ardua primavera que se nos avecina.
Necesitamos a todos los supervivientes: científicos, profesionales, campesinos, a todo aquel capaz de sembrar nuevas semillas…
No tardéis. El trabajo es descomunal y cada día estamos más y más agobiados. Algunos de nosotros empezamos a notar el cansancio, la desgana, el vacío, a pesar de continuar con el tratamiento original.

PERICO FERNÁNDEZ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS


Aprovechando que esta semana ya estará en las librerías Perico Fernández que estás en los cielos (Libros del(a) Imperdible), de Juan Luis Saldaña Medina & Octavio Gómez Milián, hacemos nuestra primera presentación en Vinos Chueca el próximo jueves 24 de Marzo, aprovechando la inauguración de la exposición de cuadros de Perico Fernández.

Hemos abierto un blog:




Presentación en Zaragoza capital el próximo 6 de Abril, en el Teatro Principal

Intervendrán los autores, el editor David Giménez y el escritor y crítico Enrique Cebrián.

TENGO MIEDO por Andrés Pérez Blanco.


Tengo miedo.
Mucho miedo.
A las esquivas miradas.
A los besos con veneno.
A los forzados abrazos.
Tengo miedo.
Mucho miedo.
A las amistades vacías.
A los heridos orgullosos.

Tengo miedo.
Mucho miedo.
A quien humo vende.
A quien entierra sueños.
A quien prostituye el verso.


Andrés Ramón Pérez Blanco, El Kebran, de Los rincones más oscuros. Antología del miedo (Groenlandia, 2010).

POESÍA by Abel Aparicio.


Poesía,

poesía es llorar a solas
mientras la voz del Kutxi
te ensucia de barro la camisa.

Ver jugar en el patio del colegio
las palabras hilvanadas por Mestre.

Tomar una cerveza con Gsus Bonilla
mientras te enseña a esquivar
los palos que nos regala la vida.

Entrar a un bar y encontrarte de frente
con los puños que esconde
el sombrero de Escandar.

Que la Peque y Cañamares
te hagan despegar del suelo
y luego te pregunten
a ver quién dijo que lo hicieras.

Estar un atardecer con la ARMH
y ver cómo sus manos iluminan las huellas
que el miedo obligó a cubrir.

Llegar a casa de mis padres
y ver un plato encima de la mesa.

Escuchar como Alicia me dice
Felicidad somos tú y yo.

Sentarme con mis amigos
y dejar que fluya la magia
que nos transmiten las palabras
mientras el paisaje se llena de sonrisas.

Los regalos que Batania
nos deja en cada pared.

Pasear por un sendero en otoño
y ver a lomos de un caballo
los versos de Manolo Chinato.

Es Xosé Ambás mirando a los ojos
a una señora de 80 años
y que esta sonriendo se ponga a cantar.

Ver a David González, a Vic,
a Barrueco y al Kebran
recitando verdades
a los sillones del jurado.

Poesía es Miguel Hernández
durmiendo en un banco de Madrid,
es Machado en el adiós del exilio,
es Víctor Jara en una mina,
son Beneditti y Neruda
dibujando letras en miles de hojas,
son las manos de un agricultor
a la mañana siguiente
de cada día.

Poesía
es
todo lo que tenemos que decir.


Abel Aparicio González

viernes, 18 de marzo de 2011

BERLÍN por José Ángel Barrueco.


Estoy en Berlín cuando veo las primeras noticias sobre el terremoto de Japón. Al terremoto le seguirá, en breve, el tsunami que ha dejado miles de muertos y heridos y un nivel extremo de catástrofe: inundaciones, pueblos devastados, edificios destruidos, corte de las comunicaciones y del transporte de víveres, familias exterminadas… Es en el hotel berlinés donde me llegan las primeras informaciones. En la televisión hay menos de veinte canales y en ninguno de ellos encuentro películas ni videoclips. Nos conformamos, en los ratos de descanso, con los canales de información de la CNN y de la BBC y, a veces, los informativos de Televisión Española. Desde que empezó la sucesión de desgracias japonesas, es decir, poco después de aterrizar en la ciudad alemana, en la CNN y en la BBC sólo informan del terremoto y sus consecuencias. Más de veinte horas al día consagradas a repetir imágenes y a ofrecer filmaciones de aficionados, testimonios de supervivientes y chats con turistas occidentales que están de paso o viven en Japón. Parece una pesadilla multiplicada.

En este punto de mi vida, pienso, confluyen varios puntos históricos: el terremoto sacudió Japón en el aniversario de los atentados del once de marzo en Madrid y, entre unas y otras noticias vistas en la tele, salimos a ver Berlín y a empaparnos de su vida y de su pasado. Nos alojamos en el Checkpoint Charlie, y cada paso que uno da por aquí es Historia con mayúsculas: la división entre Oriente y Occidente, el muro y los intentos de fuga de uno a otro lado y las revueltas populares y la caída de esa frontera de hormigón, las agitaciones políticas tras la Segunda Guerra Mundial, el recuerdo de las atrocidades cometidas por los nazis y por el régimen soviético… Mientras recuperamos la Historia, ya sea recorriendo la ciudad (Berlín y sus cicatrices) o evocando el pasado reciente (el 11-M en Madrid), también vivimos la Historia viendo la televisión (la CNN y su retahíla repetitiva de escenas y testimonios sobre lo ocurrido en Japón). Estoy cargado de Historia. Y se hace extraño ver esas imágenes de olas gigantes, coches flotando sobre el agua, barcos estrujados por la corriente, escapes nucleares, ríos negros que lo trituran todo, hombres y mujeres asustados que corren a refugiarse bajo las mesas de las oficinas donde trabajan, se hace extraño ver la aniquilación de un país lejano en una tele de un país que no es el tuyo y en el que estás de paso. Llegamos cansados de nuestras visitas por la zona de Alexanderplatz o el barrio turco y ponemos la tele y lo que aparece en pantalla contiene un ingrediente irreal, como si fuese el germen de las pesadillas, anuncios de una película de terror en la que han hecho un gran trabajo los encargados de los efectos especiales. Pero no es una película. Ojalá lo fuera. Vistas esas imágenes, se comprende perfectamente la razón por la que los asiáticos han hecho tanto cine de terror, de Godzilla, de maremotos, de mutaciones y tragedias varias.

Caminamos por Berlín y pienso en si conoceré a alguien que esté estos días en Japón. Alguien de España, quiero decir. Alguien de Madrid. O alguien de Zamora, mi ciudad. No hace muchos meses que uno de mis primos estuvo de visita por Japón. Yo sueño con ir a ese país. No se puede tener miedo de hacerlo: si una tragedia tiene que cazarte, lo hará estés donde estés; probablemente ya esté escrito. JFK dijo, tras su visita a Berlín, aquello de: “Soy un berlinés”. Era su manera de empatizar con sus habitantes. Yo no soy ni me considero berlinés ni aun alemán y menos japonés, pero estos días me sacude el dolor del pasado de Berlín y del presente de Japón.

José Ángel Barrueco, del blog Escrito en el Viento.

1 POEMA de Ángel Muñoz Rodríguez.


solicitar
mediante un informe
la opción
de tener a su marido
aquí en españa

sólo servirá
para que él
esté más cerca
físicamente

pues la que quiebra
la espalda
en posturas difíciles
se quedará
allí
en tánger

mientras ella
a lo único
que puede aspirar
es a plancharle
el cuello de las camisas


Ángel Muñoz Rodríguez, poema inédito.

ENCONTRÁNDOTE por Iñaki Echarte.


Cuando te miro, no te veo.
Cuando te miro, veo a James Dean.
Cuando me miras, me miras [sin más].
Cuando me miras, me siento Sal Mineo.
En mi corazón.

En mi corazón anida una absurda esperanza.
Construida con el idilio, siempre perfecto, de mis progenitores,
con las historias siempre perfectas, escritas, filmadas, transformadas,
con la intoxicada y estúpida idea [mía] del amor perfecto.

Tus dedos han subido por mi espalda.
Tus palabras han escalado hasta mis oídos,
han penetrado a través de mi organismo
y mis deseos, mis esperanzas las han transformado,
te han transformado,
en un dios de celuloide.

Tus labios forman palabras que no escucho,
palabras que transformo en lo que quiero oír
[en lo que ya oí en falsas bocas].
Tus gestos son retazos que encadeno
con aquello que jamas harás,
con aquello que siempre soñé
[con lo falso escribo mi propio guión].

Hoy eres James Dean
en la pantalla de mis ojos
Mañana serás Warren Beaty,
o quizás Montgomery Clift.

Hoy eres tan maravilloso que mi felicidad
se alimenta de tu reflejo en un cosmopolitan.
Mañana puedes ser tan decepcionante
[una historia sin happy end]
que mi desdicha
puede ahogarse en el reflejo de tu reflejo de otro cosmopolitan.
[hasta que sea interminable].


Iñaki Echarte Vidarte, de Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco (Ed. Vitruvio, 2011).

miércoles, 16 de marzo de 2011

AUTOSUFICIENTES by Pepe Pereza.


Lo primero que vio al entrar en el salón fue a su compañero masturbándose. En un primer momento se sintió incomoda, pero viendo que a él no le importaba su presencia decidió sentarse a su lado. Él la había sonreído a modo de saludo continuando después con lo suyo como si nada. Aunque había confianza, a ella la situación no dejaba de parecerle extraña. Ahí estaba su hombre dándose placer de la forma más natural del mundo, tan tranquilo, como si estuviese pelando unas patatas. Se dio cuenta de que empezaba a estar excitada.

- Si quieres sigo yo.
- Prefiero hacerlo solo.

Su respuesta la dejó confundida. Se sintió dolida, como si ya no la desease. Él se dio cuenta y enseguida la tranquilizó.

- Me excita que tú estés a mi lado mientras yo me la meneo.

Cogió una silla y se sentó frente a él. Se alzó la falda y se bajó los pantys y las bragas. Allí estaban los dos, frotándose sus partes íntimas, observándose, gimiendo, autosuficientes. Lo saborearon con el ímpetu de la primera vez y sintieron que con aquello quedaban más unidos. Su relación como pareja seguía consolidándose. Tenían suerte, mucha suerte.

- Me voy a correr.
- Yo también.

Y así lo hicieron.


Pepe Pereza, del blog Asperezas.