martes, 6 de octubre de 2009

LA CAMPA TORRES by David González.


Expondré los hechos
tal y como sucedieron,
cronológica y objetivamente.
Luego, las preguntas.
Ahora los hechos:

La noche del jueves al viernes,
a las tres y media de la mañana,
un coche de incógnito de la policía
que circulaba en sentido contrario
por la calle muelle de oriente s/n,
frenó de golpe, en seco, derrapando,
entre la pizzería Vesubio y el bar la Sal,
y de su interior, del interior del coche camuflado,
pistola en mano,
un policía de paisano saltó a la calzada
y apuntándome con su arma reglamentaria:

¡Quédate quieto ahí donde estás, hijo de la gran puta!

Me quedé quieto. Ni un alma por la calle.
Y cuando el secreta llegó a mi altura,
en voz baja, apacible, voz de jesuita, le pregunté:

¿Sucede algo señor agente?
¿Quiere que le enseñe mi documentación?

Escucha, maricón de mierda,
como no te calles la boca ahora mismo
te subo al coche
y te tiro por la Campa Torres abajo.

La Campa Torres es un acantilado
que domina el mar Cantábrico.
Se trata de un castro primitivo
en el que vivían los cilúrnigos.

A continuación,
el estupa me empujó violentamente
contra la persiana metálica de la Sal
y procedió a cachearme
demostrando su incompetencia en la materia
ya que no dio con el pedrolo de hachís
que llevaba en uno de los bolsillos de mis vaqueros.

Luego me ordenó sacar
todo lo que llevase en los bolsillos
y en mi bolso de la marca george gina & lucy
y dejarlo sobre un suelo borracho y orinado,
momento que aproveché para decirle
-porque ya me había funcionado en otras ocasiones-
en voz baja, apacible, voz de jesuita:

Escuche, verá, yo soy poeta e iba para

¡Que te calles la puta boca de una jodida vez,
poeta de mierda,
o te subo al coche
y te tiro por la Campa Torres abajo.


Abajo están las rocas, la hostia padre, la muerte.

Estos son los hechos.
Ahora las preguntas que me sugieren
y que le voy a formular a este sapo, a este pestañí:

Cuando llegas a tu casa,
¿echas abajo la puerta de una patada
y apuntas con tu arma reglamentaria
a tu mujer e hijos y les gritas:

¡Quedaos quietos ahí donde estáis, hijos de la gran puta!

¿Les amenazas también con tirarlos por la Campa Torres abajo?

¿Les empujas violentamente contra la pared
y les cacheas para ver si encuentras restos de la leche
de otro hombre, uno de verdad, entre las piernas de tu esposa
o unos putos porros en las mochilas escolares de tus hijos?

¿Les amenazas también con tirarlos por la Campa Torres abajo?

No. Espera. No me respondas todavía, ¿vale?
Hazlo después de la publicidad
después de que tu cómplice
haya comprobado mi documentación, te la devuelva y te diga:

Está limpio.

Ah, pasmuti, y si lees esto, vete olvidándote
de subirme al coche
y tirarme por la Campa Torres abajo,
pues con la incompetencia que te caracteriza
casi fijo que ni te habrás dado cuenta

que este poema es mi mejor seguro de vida.


David González, perteneciente a su poemario inédito:

DELIBERATE SELF HARM
(Autolesión)


Como soy un buscador de esencias y hace ya mucho tiempo que partí en pos de los momentos mágicos, sé que éstos no se dan siempre en un escenario al uso... Hay que estar al quite, siempre atento... pues surgir, surgen... Es evidente que en compañía de cierta gente, como con la que tuve el placer de compartir mesa y chupitos el otro día, esa magia es más evidente... lo sientes... en cualquier momento salta la chispa y ante ti, en la terraza de un café, David González abre su libreta y lee este poema... Y ya no quedan más cojones, te dices mientras bebes el orujo y escuchas, que rendirte ante la magia... Pocas veces he visto y oído recitar tan bien algo propio... saliendo de dentro, fluyendo como la fuente primigenia de la poesía, sin los bastardos aditamentos, hecha para ser cantada, transmitida oralmente... gritada...

Porque la magia, en estos días que corren hacia atrás, necesita de un grito... de la voz de un poeta, la de
David González.

Alfonso Xen Rabanal, del blog Crónicas para decorar un vacío.

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