martes, 12 de febrero de 2008

BLUES DE LUCIFER, por Alfonso Xen Rabanal.


Ya todos estáis muertos... Por ello puedo contar la historia como me plazca...

Y la historia es lo de siempre... Nunca os habéis dado cuenta de que siempre es lo mismo lo que vivís... Cuando se os preguntó elegisteis castrar el recuerdo pues os aburría su eterna reposición... Aunque también sabíais cómo poder cambiarlo y lo obviasteis: era el camino difícil... Ahora sólo sois un puñetero círculo que se repite incesantemente... Os creéis que respetando las normas o contra normas del exoterismo materialista o religioso que impera alternativamente... podréis alcanzar la recompensa me da igual si en el parnaso que os venden aquí o allá... Me aburrís, de verdad... Al final todos me reclamáis y no os quiero, no me interesa el decorado, lo que sois... La Verdad está en otra parte... Sólo los que buscan romper ese círculo de máscaras y normas llaman mi atención...

Tú que me escuchas, también estás muerto... Y yo... Desde que soy el complemento, desde que tú me has hecho Sombra, el resultado de mi actuación suele ser la muerte... aspiro a ella pero no tengo razón de ser en ella... soy vida y viví de vuestra vida... pero ya todos estáis muertos... Sólo ese, el poseedor del Duende en su mirada, el que intenta romper para avanzar, aunque esté muerto, sin saber porqué, aunque tampoco recuerde nada, pero una y otra vez lo intenta, por los siglos de vuestro tiempo, en vuestra mentira virtual... Ése posee la Verdad, la que tanto buscáis apartándoos de ella, ajena al Dogma, bien sencilla, ése, al que sin tregua, siempre que aparece, sin saber tampoco por qué, nunca os ha interesado, os lanzáis contra él como perros rabiosos y lo quemáis, lapidáis, extermináis... O lo intentáis comprar...

Pero si alguien, desde el silencio, busca... Y calla... Y sigue estudiando y penetrando en los vericuetos de las minas de sí y se aísla... A ese que no podéis comprar... ¿Qué hacéis?

Todo tiene un registro común... Todo parte de una misma palabra oída, olvidada y traicionada que cada cual se ha creído con derecho a decorar y encriptar en su olvido...
Siempre habéis dado muerte al portador de la palabra... Estigmatizando y expulsando a sus exegetas... Nunca habéis entendido eso que llamáis vuestros Sagrados Libros... Aún menos hoy, que ya no sois capaces de leer ni de interpretar ni tan siquiera literalmente... Y os creéis engañados cuando vosotros mismos os habéis extirpado los atributos...

Alfonso Xen Rabanal, de sus Crónicas para decorar un vacío.

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