martes, 17 de diciembre de 2024

POSTRIMERÍAS: Luis Miguel Rabanal.




Un hombre que dice adiós 

A nadie le convence su rostro estropeado
por las brumas agoreras del último invierno. 
Nadie conversa con él de las muchachas desvestidas
y de los libros sin un porqué discernible. 
Es el apestado que sobrevive a su propia 
y profunda repulsión. 

No hay otro procedimiento que verle llorar 
cuando se esconde
al paso del amigo, después frota sus ojos 
y sobrevendrá la noche. 
Si quisiésemos podríamos golpearlo sin dolor,
con solo hacer burla de sus piernas que no existen 
tampoco o con susurrarle al oído un nombre de niño 
sofocado, y ya estaría en nuestro poder su vida. 
Es el enfermo que sonríe pues algo macera su corazón
y lo extenúa, lo mismo que una contienda exagerada 
con el desangelado dragón de la memoria. 
Si pudiese ofrecernos su explicación nos hablaría 
de países que limitan al norte 
con su sangre, de la Tejera 
y Ceide, de los muertos que se le han adelantado 
en ese tranvía casi fantasma que toman los adivinos
para mejor destruirlo todo cuando vienen.

No grita su pesar, únicamente dice adiós 
a quien merodea su desidia, 
se levanta entre pausas y murmura 
un nombre: M. bañado en lágrimas. 
Sin embargo no desea nada, ni el abandono 
que es justo y acertado buscar al final de un viaje, 
ni los labios más rojos que el amor ha dibujado 
una tarde para él, sin vergüenza y sin el inmundo 
oficio de los cuerpos. 

Es el personaje que tose desde su silla 
ensangrentada y tiene mucho, mucho, mucho frío. 
Nos ha mirado con pena y nos señala 
por casualidad las flores.


Aléjate del fuego 

Sin ninguna piedad, como se desviste 
al enfermo y es amarga la sed y tiene color 
su boca de inminente y trágico peligro, 
así rememorarías aquellos años de jugar tú solo 
al borde del fangal, al borde de una imagen 
con hogueras y humo azul para las lágrimas. 
Debiste proteger mejor tu cuerpo entonces. 
Hoy ya es tarde para deambular a ciegas
los lugares que dispuso la rutina ante tus ojos. 
Mírate si no, esta edad no puede ser la tuya,
ni el amigo que ayer asesinaron, tan poca cosa, 
y que nunca más verás no siendo en tu corazón, 
cuando lo sueñes, y sea una batalla 
sin sangre tu corazón de niño turbio. 
Como si todo hubiera terminado, 
ahora que comienzas a recordar su nombre 
y no hay razón para haberlo escrito en los tabiques. 
De aquel tiempo te queda una tormenta 
que pasó y pasó y borró las nubes


Gritos 

Hasta la hora apropiada que sea él quien reiteradamente dicte el poema con su cándido susurro y su vorágine. A medida que transcurre se apacigua el jadeo, se aleja de cada prenda como en el juego de la infancia: allí están atravesados sus pechos, la cumbre de su vida que crece sin detenerse jamás. No toques la brújula, vierte dentro de ella la sal que la corrompe. Escupe, mi amor, soy ciega desde que tú me has elegido. Lodo y ansiedad y chicles de clorofila y un sinfín de ternura. Así de deprisa cabalga sobre él o le ha roto alguna certeza, estoy seguro, huye sin mí, no me abandones. Légamo y más y más palabras. Se proponen frases grasientas que no han de ser censuradas, es culpa del que no ha venido, no es culpa suya el no haber acudido hoy a la cita. A partir de este momento se paralizan sus percepciones, no habrá más caricias. La lengua es la del otro que besa e intercede por ti. No son tontadas. Baja la voz.


Un hombre que dice (otra vez) adiós 

I

Nunca la indiferencia para quien nos ha conducido 
de su mano fiel al final de la vida. 
Nos ha argumentado que solo en esta barbarie 
seremos felices, nos enjuga el sudor 
de la fiebre y arroja nuestros ojos 
lejos, muy lejos de aquí. 

El verdadero lugar 
donde rompen su espuma las olas.

 II

Es el que no ha soñado tanto como para decir 
apártate de mi lado pues huele fatal mi cuerpo, 
me sabe mal la boca, a lumbre y a subterfugios 
de la noche como quemazón y violencia 
y sucios dientes clavados 
en el manto deshilachado de la vida. 

Es el hombre que no esperábamos ver jamás, 
rendido en su jergón lo mismo que un guiñapo, 
desnudo entre su vómito 
y su nube blanca repleta de amargura. 
De esta madrugada no pasará, nos garantiza ella. 
O es que, por el contrario, equivoca su risa 
desencajada en un montón de ropa vieja de hospital 
donde nadie oye. 
Es muy vil su rostro, presenta temblores y afuera luce 
un sol hermoso que tampoco es el suyo. 
Qué nos importa este hombre que ensordece 
con su grito, y nos invaden sentimientos 
de despecho hacia cuanto lo nombra en su inanición. 
Apenas si expresa algo más 
que un pasado espantoso, 
no merecemos volver a mirarlo, no merecemos volver. 

Y sin embargo parece mentira 
este cuerpo que nos hace guiños oscuros.


Luis Miguel Rabanal, de Postrimerías (Eolas Ediciones, 2024)


viernes, 13 de diciembre de 2024

UN ABRAZO FUERTE. HOMENAJE AL POETA DAVID GONZÁLEZ.



No queríamos que este fuera un libro póstumo. Surgió como un homenaje al poeta David González cuando todavía tenía los guantes puestos, con la intención de ayudarle, de enviarle ánimos y fuerzas para continuar el combate con la enfermedad, aferrándonos a la idea de que tampoco este sería su último asalto. David siempre había estado ahí, partiéndose la cara, siempre había sido un referente (en su sentido más amplio, es decir, en cuanto a lo estrictamente literario, sus libros, pero también en cuanto a su actitud, la honestidad y la radicalidad con la que se entregó a la poesía). 

Buena parte de las autoras y autores que participan en este libro de homenaje y reconocimiento fueron en algún momento compañeros de camino de David, compartieron con él páginas, recitales, intercambios epistolares, antologías, afinidades electivas, lecturas, barras de bar…; formaron, en fin, con mayor o menor fortuna o fulgor, parte del mismo espectro generacional; otros muchos son escritores para quienes el descubrimiento de la obra de David fue un hito, una influencia indisimulada; todos, lectores, seguidores fieles de su obra y reivindicadores de la misma.

Este libro es, en suma, una despedida de quienes fueron sus amigos y valedores:

Adolfo Marchena, Albert Sihod, Alberto García-Teresa, Alejandro Mallada, Ana Pérez Cañamares, Ana Vega, Andrés Izu, Andrés Ramón Pérez Blanco (El Kebran), Ángel González González, Ángel Petisme, Antonio Díez, Antonio Orihuela, Belo, Brenda Ascoz, Carlos Salcedo Odklas, Carmen Beltrán, David Mardaras, Doris Escarlata, Enrique Cabezón, Enrique Falcón, Enrique Villagrasa, Enrique Villarreal «El Drogas», Escandar Algeet, Esteban Gutiérrez Gómez «Baco», Eva Vaz, Fee Reega, Fermín Herrero, Fernando Beltrán, Fernando García Magdalena, Francisco Rojas Monfra, Gabi Oca, Gsús Bonilla, Inma Luna, Javier Pascual «Pascu», Javier Payeras, Javier Vayá Albert, Joaquín Piqueras, Jorge M. Molinero, Jorge Riechmann, José Ángel Barrueco, José Ferreras, José Luis Pérez Pastor, José Malvís, José Pastor González, José Yebra, Josu Arteaga, Juan Leyva, Julia Navas Moreno, Julia Roig, Karmelo C. Iribarren, Kike Babas, Kutxi Romero, Lucas Rodríguez, Luisa Echeverría, María Nieto, Mario Crespo, Miriam Reyes, Montero Glez, Nacho Tajahuerce, Nacho Vegas, Pablo Cerezal, Patxi Irurzun, Pedro Teruel, Pepe Pereza, Pilar Gorricho, Safrika, Sagrario Manrique, Sara Prida Vega, Silvia D. Chica, Sofía Castañón, Sonia San Román, Uberto Stabile, Verso Fuster, Vicente Muñoz Álvarez


miércoles, 11 de diciembre de 2024

CUARTELES DE INVIERNO por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ



he vivido tanto tiempo perdido
y a la intemperie
que he aprendido
a esconderme
y
a reconocer
que los refugios
las caricias
y el fuego
son necesarios
para sobrevivir
a todos los inviernos
y a todos los infiernos
y que como alimaña que soy
me gustan las madrigueras
y que mi cabeza entre tus piernas
sea uno de mis mejores cobijos
hasta que llegue la primavera

José Pastor González


martes, 10 de diciembre de 2024

SIN ACRITUD por RAFAEL LÓPEZ VILAS



Mi madre tenía un boquete
estampado en la frente
El boquete se lo hizo la pata de hierro
de un futbolín portátil
El futbolín
era mío
La mano
que blandía la pata era
la de mi padre
Recuerdo aquella noche
El cuerpo mortecino de mi madre
alfombrando el suelo
con su sangre
La pestilencia del alcohol
dibujando su mortaja en el aire
Tendría 8
Quizá nueve tacos
Aquella fue la mala leche
que amantó aquellos días

La recordaré siempre

Sus labios hinchados
La desesperación
de sus gritos ahogados

Oh, sí, mequetrefe
Odiar
es sólo un verbo
No es fácil buscar un adjetivo
y la muerte es
un sustantivo fácil
Tuviste suerte, basura
Hoy
te arrancaría la cabeza
con el pozo de amargura
que mis manos
heredaron

Rafael López Vilas


domingo, 8 de diciembre de 2024

DE GOLPEAR, LE CRECIERON MUNDOS A MIS PASOS por MAREVA MAYO



Golpeaba al principio, una pared, una piedad, una mano caliente, contra el frío, contra el golpe helado que mi cuerpo paría a la vida, a sí mismo, como lo que erigió su materia, su forma de ser amasijo, viscosidad, puerta y sepultura.. para otros cuerpos, para otros golpes.

De golpear, le crecieron mundos a mis pasos, le crecieron machetes a la ternura que te decía que sí, que te acariciaba lo homicida con nubes anaranjadas, con mieles de sombra que bebe el nácar de ésta suicida que mata... que nació de ti y contra ti... pero que se decidió cuando nada quedaba, y empezó mucho antes que tú fueras. Pero no fue a la muerte, no, no fue a la muerte, tierno amor de la oda de la bala y el excremento, no fue a la oscuridad que preparaste, no fue a la maldad que dejaste entre nosotros... ella decidió contra la actriz, contra la obra, contra el espíritu, para que el espíritu la poseyera, y esa asfixiante contra-entrega de los papeles y el destino... hechos inevitablemente a sangre y deseo y sombra, a imagen y semejanza de la tierra que devora y sacia cuando el cuerpo es el sacrificio, cuando es la lluvia que prepara ese brote... y es la huella pisoteada por los dioses ausentes borrada a colmillo, a maldición que conspira claridad en la podredumbre que empieza tras los papeles y el destino hechos por ti, por lo más profundo de lo que yo era, contra lo que yo era sin ella, sin tu hollín, sin lo que tú eras o no eras, a la rasante del abismo de los ojos que nos vieron... invertidos, en ese vaho que mezclaba el esqueleto del pez y la tinta, al juego de la aguja y del hambre, en el que el amor conoció a esa bestia que lo soñó por vez primera en nosotros... pero antes de nosotros, decidió atacar. Era yo sólo esa pequeña rendija, esa cavidad hechicera de las fiebres de lo habido, de las venganzas de lo invisible... por la que pasó tu maldición, yo la elegí, tú mismo sin saberlo la buscabas, así como yo tierna cerilla, dulce llaga, buscaba en tu sombra, el puñal que pudiera llegar a escribir con mis manos, en ti y para éstas líneas.

Mareva Mayo


sábado, 7 de diciembre de 2024

HAIKUS OTOÑALES por JOAQUÍN PIQUERAS



llega septiembre

exhibiendo su ajado

traje de hastío

*

luz que despunta

entre susurros de aire,

un nuevo día

*

atrasar la hora

aun sabiendo que el tiempo

sigue su ritmo

*

en nuestro afán

por vivir nos matamos

muy lentamente

*

el agua fluye

entre caricias de árboles,

el río piensa

*

 cae la tarde,

un pisar de hojas secas

forja un recuerdo


Joaquín Piqueras

https://www.facebook.com/joaquin.piqueras


jueves, 5 de diciembre de 2024

DEL FONDO: NUEVA EDICIÓN ILUSTRADA


En nada ya, cuestión de días, saldrá de imprenta, de la mano de Underdog Ventures, una nueva edición de DEL FONDO, un poemario fantástico que publiqué en 2018, maravillosa y terroríficamente ilustrado por Andrés Casciani, con prólogo de Jesús Palacios y epílogo de Pablo Malmierca, homenaje a algunos de mis maestros antiguos: H.P. Lovecraft, Aleister Crowley y David Cronenberg. Un viaje alucinante al fin de la cordura y la noche, que los editores de Underdog Ventures han querido rescatar del infierno, con nueva portada y formato.

De momento, os dejo aquí el magnífico booktrailer de Richard Quevedo para esta nueva edición.

Vicente Muñoz Álvarez


lunes, 2 de diciembre de 2024

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL: Epílogo por Óscar Alonso Pardo.



Si tienes entre tus manos este libro, eres de los míos, de los que nos gusta pasar miedo frente a una pantalla. Hay mucha literatura sobre el mundo del cine, pero si algo me llama la atención de Vicente Muñoz Álvarez, es la capacidad que tiene para encontrar esas joyas ocultas que pueden alegrarte una oscura noche de tormenta. Tras sus dos trabajos sobre la materia, los excelentes Cult movies. Películas para llevarse al infierno y Cult movies. Películas para la penumbra, ahora, para completar la trilogía, nos regala una nueva selección de títulos que erizarán la piel al mismo diablo.

Si bien, como él mismo apunta en el prólogo, abundan las películas pertenecientes a los años 60 y 70, el espectro que maneja el autor arranca desde el cine mudo, con La caída de la Casa Usher, de Jean Epstein, allá por el año 1928; hasta la reciente No estarás sola, de Goran Stolevski, ya en el año 2022. Un recorrido en el que no faltan grandes directores del género como Fisher, Bava, Corman, Romero o Cronenberg, ni tampoco maestros del cine clásico como Wyler, Hitchcock, Tourneur o Aldrich que, sin ser habituales en el cine de terror, también han sabido dejar su impronta dentro. Estoy convencido de que habrás descubierto nombres de los que no sabías su existencia, rarezas que dan sentido a este libro y que agradecerás de por vida. Mención aparte merece, y me gustaría resaltarlo, las numerosas películas del cine español que aparecen en esta sugerente antología. Jesús Franco, Eloy de la Iglesia, Francisco Regueiro, Jorge Grau o Eugenio Martín, entre otros muchos nombres, son claros ejemplos de amor por el cine. Con la guillotina de la censura acechando, denostados por la crítica y con presupuestos casi siempre muy precarios, realizadores que supieron dejar su sello personal y a los que tanto les debe el séptimo arte.

Se ve que Vicente sabe de lo que habla, se agradece esa forma clara y concisa de introducirnos en cada uno de los filmes que recomienda. Cine inquietante, turbador, subversivo, dispuesto a sacar del letargo a nuestras conciencias adormecidas.

Este tipo de listas siempre generan controversia, pues es imposible coincidir plenamente con la persona que las confecciona. En la discrepancia está el aprendizaje, en la variedad de gustos y conceptos. Ahí está también la gracia de esta obra, que estoy seguro que no te habrá dejado indiferente.

Uno, que tiene tendencia a la nostalgia, recuerda con cariño las dobles sesiones que programaban en los cines de su niñez. Acercarse a la cartelera suponía una aventura que se vivía con gran emoción. Algo así he sentido al recorrer estas páginas. Esa ilusión de no saber qué te vas a encontrar a la vuelta de cada hoja. Esos tesoros ocultos que sabes que no puedes dejar de ver.

Es de noche, afuera llueve y hace frío, vete preparando un hueco en el sofá, elige una de estas pelis y dale al play. Hazme caso, no te arrepentirás; por un rato vivirás en el infierno, mecido en el calor de la felicidad.

Óscar Alonso Pardo,
epílogo a Películas que erizan la piel
(Underdog Ventures, 2024)



domingo, 1 de diciembre de 2024

ENVUELTO EN PAPEL DORADO por GORDON HASKEL



Recréate como aquel niño que eras,
con el olor a tierra mojada
que empapa la lluvia en las tardes de otoño,
con las mariposas que alteran
las tripas de adolescente
al ver pasar a la persona
que desmonta tu mundo.

Recréate, aunque solo sea por un instante,
con esa sensación de libertad
que emana de los amaneceres
cuando la juventud viaja
en un tren sin destino ni equipaje.

Olvida por un momento la prisa urgente,
y colorea de luces el árbol de las ilusiones,
como aquel año que no esperabas
encontrarte a sus pies, envuelto en papel dorado,
el juguete que tanto deseabas.

Vuelve a pasear entre las nubes de tus sueños,
imaginando ser un ave que vuela sin cadenas.
 
Recréate en las noches descontroladas
sin relojes ni horarios,
en los atajos que tomabas
para burlar la soledad,
en el carmín que empaña su copa,
en ese tango que siempre quisiste bailar.

Despega con las luces de neón
para alumbrar el horizonte.
Que no te engañen los espejismos del desierto,
ni te envuelva la desazón
que rubrica la desesperanza.
Y recréate con la magia de las estrellas,
con la música que compone el aire.

Embriágate del sabor
de las caricias que sus manos
dejan en tu piel,
de los abrazos sinceros,
de las sonrisas transparentes.

Recréate al fin, con los cuentos de hadas,
aunque digan que no existen
y el final de este poema
solo sea el principio
de los días que vendrán.
 
Porque siempre es agradable regresar
a la estación donde siempre esperan,
los que nunca se olvidaron de ti.


Gordon Haskel, del libro inédito Sobrevolando los tejados.

Fotografía del autor: MarÇal Mateus


sábado, 30 de noviembre de 2024

AMARME por MARÍA GUIVERNAU



Me desnudo de todo
poco a poco.
Voy desprendiéndome
de las capas que conforman
la cotidianidad de mi existencia
para ser sólo piel
frente a la hoja en blanco,
frente al lienzo virgen,
frente al espejo al que interrogar
quién es esa mujer.
Después, encontrar las palabras,
saber definir el sonido que emite
cada uno de mis poros,
buscar el significado
de los surcos que han empezado
a dibujarse en mi rostro.
Rescatarme del olvido,
reconocerme,
aceptarme,
amarme.

María Guivernau


viernes, 29 de noviembre de 2024

EL LENGUAJE CORPORAL por SERGIO MAYOR



Viene y me habla del lenguaje corporal. Mi lingüística manera de fumar. Mi gramática manera de cruzar las piernas. Bueno. La quiromancia ha fracasado, y la frenología, pero llega el lenguaje corporal. ¿Y el Verbo? El Verbo es verborrea. El Verbo se ha jodido. Pienso en un lenguaje corporal bilingüe, hermético, swahili. Lombroso, no existe una cara de asesino. María Eulalia no tiene cara de forense. Ni siquiera piensa en la muerte. Hace bien. La muerte no es un cadáver. Ya quisiera el cadáver. La morgue no hace un rostro Lugosi.

Uno sabe la fisonomía fácil: el borracho, el yonki, el idiota, poco más; una lengua elemental de signos: el corte de mangas, la mano de un hombre que se ahoga; el dialecto de la vestimenta: un cabello azul cobalto, una visera invertida, el chándal de un señor gordo, declaraciones callejeras de principios. La identidad es el vestido, pero el vestido es un horóscopo. Usted es noble, y valeroso, y una marca de zapatos.

Philip k Dick: "Te paseas con la ropa de un obispo y la gente se arrodillará y tratará de besar tu mano, si no tu culo, y muy pronto eres un obispo. ¿Qué es la identidad?"

El tatuaje. La máscara. La capucha. El Marqués de Esquilache prohíbe la capucha, no se emboce el criminal. Llevamos gafas de sol, tiesos los músculos faciales, no seamos desnudos. Alabado sea el niño que se desfigura, “hace caras”, no se toma en serio. Nosotros nos escondemos, ensayamos un rostro, caminamos con la gracia animal de un caballo de ajedrez, hablamos lo justo, Clint Eastwood, profesor de lenguas.

Querríamos ser misteriosos, pero somos vulgares. Querríamos ser un individuo, pero somos muchedumbre. Querríamos una personalidad, pero somos un quark, una partícula fugaz, imprevisible. Querríamos sustancia y atributos.

Tiene gracia. Eso me parece. El lenguaje corporal de un quark. El signo zodiacal de un electrón.

Sergio Mayor


jueves, 28 de noviembre de 2024

NOVELA: Javier Mateo Hidalgo.



1.

Todo comienza
donde la memoria
nos permite. 

Dibuja la tiza 
sobre un negro universo 
y su polvo se desvanece. 

¿Los recuerdos son nuestros 
o están hechos 
de otros materiales? 

El inicio tiene una forma 
y escribirla 
será una forma de fijarla. 

Decir: «Esto existió, yo existí». 

La huella de una mano 
manchando de sangre 
la pared de una cueva.

5. 

Las primeras enseñanzas 
las aprendió fuera de las aulas. 
Era la crueldad ante lo diferente, 
creador de monstruos 
desde la infancia. 

El niño ya no cree en los amigos 
cuando solo tiene la negrura. 
En silencio en la cama 
no caben presencias posibles 
y el miedo no tiene cara. 

Solo las imágenes del cine, 
aquellas que más le reconfortan. 
Con ellas sueña, vive 
otras vidas mejores 
y olvida lo que le inquieta. 
Ha crecido, 
del blanco y negro al color 
en su calor de celuloide.

12. 

Llega un día 
en que hay que despedir a la infancia. 
Siempre con una sonrisa, 
agradeciendo lo que nos ha dado, 
parte de lo que somos está en ella 
y se irá con nosotros. 

Siempre de la mano, hasta que nos soltamos 
enfrentando unos problemas que van 
más allá de los exámenes de matemáticas. 

Éramos todo futuro 
y ahora el pasado empieza a hacer cuentas. 
De la ilusión se pasa a la nostalgia, 
los cambios del cuerpo 
se acompasan con los del alma. 

Las casas de los abuelos 
se desdibujan, aunque intentemos 
representar sus planos. 
Es el día, cuando caemos 
en que hay que despedir a la infancia. 

15. 

El peso de la responsabilidad, 
de la disciplina. Demasiado 
sobre sus hombros, cargándolo 
toda esta vida. 

El orden, la meticulosidad 
y descanso del trabajo 
bien hecho que nunca llega. 

¿Por qué perfeccionar 
lo que nunca será 
del todo satisfecho? 

Él, su propio esclavo. 
Él, su peor enemigo.

21. 

La vida cobra importancia. 
Son los años en que se accede 
a cuestiones trascendentes 
con la carne todavía por madurar. 

La inquietud se multiplica 
y no se alcanza a tanto camino abierto. 
Todo parece disponible
y, a la vez, todo parece incierto.

25. 

Ante sus ojos 
la gran encrucijada. 
Que la vida es elegir 
aunque a veces ella 
sea quien te elija, 
se sabe desde el nacer. 

Lo llaman destino, 
algo que también se busca. 

Pero siempre 
con cada elección, parece 
la vez primera. 
Como le pasa al intérprete 
cuando sube a escena. 
Los nervios son los mismos 
y también las dudas.


Javier Mateo Hidaldo, de Novela (La Tortuga Búlgara, 2024)


miércoles, 27 de noviembre de 2024

DE NADIE EL AGUA DEL RÍO por PABLO OTERO



No tú
no yo
no él

de nadie el agua del río
ni la plata, ni la bellota, de nadie
el susurro, ni el azahar.

Ni luz ni sombra tienen pertenencia.

Ni siquiera
los roces de nuestros cuerpos,
ni la ribera donde amanecernos,
ni siquiera.

Ni de ti los lagos, ni de mí
la piedras
que hacer hogar, ni el hogar siquiera
me es propio,
no lo quisiera.

Ni de él las ruinas de jinetes pálidos,
ni las conquistas, ni las maneras,
tal vez la sangre,
la derramada sí,
sí le perteneciera.

Ni el horizonte, ni las nieves,
ni los gusanos siquiera
que se esparcen entre los juncos
o entre los mármoles como cipreses
propiedad tienen,
no lo quisiera.

Ya amanece lento
y el volcán su lava derrama ladera abajo,

todo lo cubre de azabache,
azabache y oro.


Pablo Otero


martes, 26 de noviembre de 2024

TOCAYU: David Mardaras.




¿UNABOMBER?

El simple arte de escribir.
RAYMOND CHALDLER

Leo tu poesía y veo que está
viva de cojones.
Las palabras, lo que cuentas:
simplemente,
tiene todo una presencia
que parece arte de magia.

Por arte de magia, es verdad.

Y, como es verdad, es magia.

Sé por qué acomodados críticos
y supuestos sibaritas dicen no.

Es porque,
sencillamente,
temen que les estalle en la cara.


NO FICCIÓN

A la gente no hay que hacerle
caso literal a todo lo que dice.
Yo pensaba que esto era evidente.
La gente utiliza rodeos para hablar,
utiliza incluso equivocaciones,
utiliza metonimias y otras figuras.
La gente se comunica con lo que dice y no dice
y con lo que dicen y no dicen los demás
en el pasado, el presente, el hipotético futuro,
incluyendo lo que se hace.
Todo lo que se dice depende de una situación cambiante, relativa.
Hay que entender esa situación
o como mínimo ser consciente de que existe
para entender o aproximarse a entender
lo que quiere decir alguien.
¿Cuál es entonces el problema?


MANERAS DE VIVIR

Ya sé dónde leí o escuché
                                    que
          las estrellas de rock
nos fascinaban porque vivían
                                   una vida
inviable para nosotros.

Y nosotros
a través
de ellas.

Lo mismo se ha dicho del cine.

Qué es real. Qué es virtual.

Representamos algo.

Por qué elegimos representar una cosa y no otra

es algo que se me escapa, David.

Pero tiene que ver con nuestros modelos,

lo que admiramos y lo que no,

la manera en la que entendimos el arte,

la manera en la que entendimos la vida,

o lo que pudo quedar de ellas.


David Mardaras, de Tocayu (Cuadranta Editorial, 2024)


domingo, 24 de noviembre de 2024

VOSOTROS por NATACHA G. MENDOZA



Escribo "Hombre" y ya lo estáis poniendo a trabajar, quizá en la tierra o en el ladrillo. De la corbata mejor olvidarse, no es de los que corren porque el metro en hora punta y bla, bla, bla. Escribo "Ella" y ya la estáis desnudando, danza sobre sus puntas, da vueltas mientras nace su cabello que no se enreda porque no queréis imperfección. Tal vez la sentéis en el borde de esa ventana que aún no nombro pero que ya veis, y el sol la incendia porque los atardeceres son así; crujen, configuran sombras y todo es música. Escribo "Amor" y buscáis al que no tenía corbata, lo sacáis del campo, le ponéis crema en las manos. Rompéis el tiempo, las estaciones, cualquier pliegue que le pudiera hacer tropezar hasta aquella ventana, donde el incendio sigue siendo escandaloso porque ella, sin vestir, debe encontrar la mirada. Escribo "Fin" y protestáis porque no hay escaleras ni ascensor, la ventana es muy alta, y el sol que vosotros habéis inventado está cegando cualquier posibilidad a la penúltima palabra.

Natacha G. Mendoza


sábado, 23 de noviembre de 2024

NOVELA: Javier Mateo Hidalgo.

 


Para Javier Mateo, amigo 

LA luz de la verdad, 
                         lo sanador, la vida 
que se ofrece desde el origen 
de esta mirada limpia dándose 
con el aire prendido entre los labios; 
se afana, brilla, 
                  vibra, aquí, 
en la eficacia de unos versos 
que llegan desde la arquitectura del sueño 
o su imagen sonora siempre alerta, 
siempre entregada en cadencia y palabra, 
porque en ellos aparece lo humano, 
su memoria esencial, 
sin cicatrices. 


jueves, 21 de noviembre de 2024

LA LABOR DEL TERMINATOR: Tomás Soler Borja.




Tríptico al óleo del alma humana

Cuánto de lascivia, de onanismo
público, indisimulado, cruel
y tantas veces goloso

en los poetas y sus cantos 
―desencantados― 
al aire, al verbo que todo lo avienta 

mas registraos el pecho 
vosotros, todos vosotros que leéis 
que incapaces de apartar la mirada 
en realidad os relaméis de gusto 
de oscuro placer, inconfesable placer 
mojando la ropa interior del corazón 

No sois, no somos 
ni mejor ni peor que ellos 
que ninguno de ellos 
                    que nadie


La caída de los gigantes 

Trepas por el tronco de la edad 
rama tras rama 
con la ayuda de pies y manos 
lo mejor que puedes 
siempre hacia arriba, evitándote 
mirar abajo 
y cuando llega el momento en el que resbalas 
o se quiebra el punto de apoyo 
y pierdes paso, sostén, equilibrio 
y te pierdes 
y caes 

mientras flotas, escasamente 
unos segundos 
en el aire, en ese limbo hecho de angustia y miedo 
entre tantas cosas te da tiempo 
a pensar, a preguntarte 

¿y papá? ¿y mamá? ¿y Dios? 
¿y esos brazos que me cojan al vuelo 
estarán, seguirán ahí 
dónde se han metido? 

pero la realidad es otra bien distinta 
más prosaica, más cruel 
tan real 

su nombre es suelo 
                                      y duele


La certeza de lo inasible

Sal para echarse por encima 
              de los hombros 
calderilla para el pozo de los deseos 
y cantos de grillos 

de los bolsillos vueltos 
de un poeta 
caen las rentas y tanto afán 

Junto al vuelo de mirlos blancos 
por el cielo azul 
la certeza de lo inasible 
más viento al viento


La verdad del tacto 

Ni trago ni escupo 
cómo pasar esta bola de hiel 
sin hacer sangre ni asfixia 

en mi garganta la razón última 
de ser mundo 

no ha de ser el asco ni sus gusanos ciegos 
el sentir propio del poema 
sino la impotencia ante tanta postura 
impostada 

escuchas, ves 
y a pesar de litros de perfume 
intuyes la única verdad que hay detrás 

al tacto han de quedar bien a las claras 
las razones para la duda 

aun con lazos, flores y oropeles 
la mierda, nunca deja de ser mierda


El sueño de los justos 

"Mi mejor libro es siempre el último
que he escrito "

 Charles Bukowski 

Acaba aquí un nuevo libro de poemas 
otro más 

y aun no escribiéndolo, o sí 
como final 
sólo se me ocurre este verso 

amarillento lugar este, donde dejarse la vida


Tomás Soler Borja, de La labor del Terminator (Balduque, 2024)


martes, 19 de noviembre de 2024

PAULINE. MEMORIAS DE LA MADAME DE CLAY STREET: Pauline Tabor.



«En mi trabajo me he topado con unos cuantos mafiosos importantes y, sin excepción, son escoria humana. Pero, por malos que sean, no son tan bajos como los funcionarios públicos que están en sus nóminas. El llamado sindicato no podría existir ni una semana si no fuera por los funcionarios corruptos —incluidos policías, jueces, legisladores y abogados— que les sirven».

Pauline Tabor nació a principios del siglo pasado en un entorno rural (Bowling Green, Kentucky) y dedicó la mayor parte de su vida a ejercer como madame. Una vez jubilada, escribió estas memorias desde su apacible granja.

Si, como mujer, «emprender» un negocio hace un siglo era una tarea difícil, todavía lo era más en un gremio como ese; pero se trataba de sobrevivir. Tuvo que enfrentarse a una sociedad que de cara a la galería era una cosa, y en realidad era otra. Lidió con gangsters y con borrachos violentos, también con la policía, con políticos o con comunidades religiosas. Bregó con todo tipo de gente chunga, que además era su clientela.

«Supongo que habrá quien diga que escribo mis memorias para disculparme por la vida que he llevado, o que busco dar glamour a un negocio turbio e ilícito. Esa no ha sido mi intención. Soy muchas cosas, pero no soy una hipócrita. He tenido mis alegrías y mis penas, mis altibajos, mis sorpresas y mis decepciones. Pero nunca he perdido la fe en mí misma».

El título Pauline. Memorias de la madame de Clay Street ni puede ser más descriptivo ni la historia que contiene puede ser más real. No son unas memorias de esas que (¡oh sorpresa!) aparecen en un cajón y se tienen que dar por verídicas; Pauline Tabor existió.

En Bowling Green se han llegado a hacer rutas turísticas relacionadas con Pauline y su casa situada en el 627 de Clay Street. Gran parte de su legado se conserva en el museo de la biblioteca de Western Kentucky University, quienes nos han cedido esta foto de Pauline.

Falleció en 1992, el mismo año que Iceberg Slim, fijate tú. Pero si se hubiesen encontrado (uno en Chicago y otra en Kentucky), no habrían terminado muy bien.

«En mi opinión, un proxeneta es una basura, un ser humano totalmente despreciable que vive como un parásito a costa de las mujeres a las que consigue enganchar a la prostitución».

Curiosa sentencia viniendo de una madame, ¿eh? Pauline es una caja de sorpresas.

*

Pauline (Martin) Tabor Webster (1905-1992) regentó durante casi cuatro décadas la casa de Bowling Green (Kentucky), un prostíbulo —célebre entonces— situado en el número 627 de Clay Street. Poco después de dejar el negocio, decidió contar su historia y vivencias como madame, y en 1971 apareció Pauline’s. Se tradujo hace medio siglo al español por Grijalbo (México) y es difícil encontrar ejemplares de segunda mano. Si los buscáis hacedlo con la palabra «madama», aparece así (un abrazo a la RAE).

Para esta edición, contamos con una nueva traducción escrita por Miguel Ángel Medina, también conocido como Med Vega, quien le devuelve el poderío a la voz de Pauline. Recordad: no sabemos de moda ni de eufemismos. Y por eso, incluso en el remoto caso de que ya hayas leído esta novela, no te la puedes perder con esta actualización, ¡maldita sea!

Y con Pauline estrenamos el diseño que ha creado María de la Mostaza y que seguirán los libros de esta colección. La ilustración de portada, la imponente lechera, también es obra suya. Si queréis saber qué tiene que ver una lechera con un burdel (no seáis simples, por favor), pedidnos que os guardemos un ejemplar.


sábado, 16 de noviembre de 2024

ES MEDIANOCHE EN CASI TODO EL CUERPO: Gema Fernández Martínez.



Un poemario también puede ser un mapa, un acertijo, una tirita, una linterna que arroje algo de luz a cada semioscuro. En este libro, la autora traza un paseo psicogeográfico a través del cual explora su propio territorio emocional para tratar de descifrar las distintas partes de ese todo confuso que conforma su existencia. Así, avanza verso a verso, articulando su aventura en tres partes donde la literatura es el bastión que sostiene sus interrogantes y la poesía la brújula que guía sus cuestionamientos hacia una posible comprensión de sí misma y del mundo que habita.

«Ya es media noche
en casi todo el cuerpo.
En CASI todo el cuerpo.
CASI...
El corazón lo ignora».


sábado, 9 de noviembre de 2024

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL: Prólogo de Jorge González del Pozo.



Especialmente apto para todos los públicos:
El contrapunto y la pasión por el cine
de Vicente Muñoz Álvarez

El pulso de Vicente Muñoz Álvarez se hace notar desde las primeras líneas en esta colección única —tan especial como singular— de lecturas e interpretaciones fílmicas. Sus letras poseen frescura y cercanía, anteceden a la gravedad que requiere el momento de acercarse a los más célebres fotogramas de filmes consagrados, menos conocidos, obras de culto, rarezas y piezas diversas, todas dignas de recuerdo y, por supuesto, de visionado y reivindicación.

Reconozco con placer que comparto con el autor —entre otras muchas opiniones y posiciones—, su ternura y atracción por El baile de los vampiros (1967), de Roman Polanski, por mencionar una de las más señeras; no había oído ni leído de una forma tan bien articulada una oda a esta joya poco ponderada de la filmografía del atribulado polaco. Muñoz Álvarez navega por la obra de directores como Romero, Cronenberg, Ibáñez-Serrador, Waters, Luna, Herzog, Zulueta, Kubrick, Jarmusch, Ripstein, Saura, Haneke o Aronofsky, entre otros. Pero no olvida títulos y creadores mucho menos conocidos por el gran público, ensalzando su calidad, el impacto, o el diferente punto de vista, estético o de montaje, que despliegan buena parte de estas películas.

Aunque tras un primer vistazo pudiera parecer que el corpus es aleatorio y extremadamente personal, una mirada atenta contradice esta opinión. Vicente Muñoz Álvarez ofrece, en esencia y con excepciones, una forma de contemplar la producción cinematográfica basada en tres pilares que se esbozan ya en la introducción, cuando el propio autor menciona la siguiente triada como obras esenciales para entender el panorama fílmico histórico y global: Réquiem por un sueño (2000), la confirmación de Darren Aronofsky como baluarte de la escena alternativa estadounidense; Aguirre, la cólera de Dios (1972), de Werner Herzog, una de sus obras más reconocidas y reconocibles, y Elisa, vida mía (1977), del gran Carlos Saura, donde despliega toda su simbología y saber técnico-estético. La triangulación que muestra Muñoz Álvarez comienza tocando Hollywood y al gigante estadounidense desde su cara B, planteando y replanteando la dicotomía entre el cine comercial y el cine de autor. También desde las estéticas más personales, la segunda referencia, con estilo marcado por el Nuevo Cine Alemán, recoge de alguna forma los movimientos cinematográficos europeos del siglo XX. Por último, el tercer apoyo del trípode es una obra nacional, alejada de la norma en la filmografía de Saura y reflexionando desde la mirada sensible y particular sobre cuestiones fácilmente extrapolables a realidades más amplias. Estas tres esferas en la perspectiva de este libro son pertinentes y abarcan buena parte de la producción relevante para el espectador, desde luego el nacional, y sin duda cualquiera que tenga una curiosidad genuina por el cine.

El otro elemento que hace que este texto destaque por encima de muchos otros paseos a través del cine es la forma de mirar, de analizar y de plasmar el impacto de la imagen en la gran pantalla y de la edición y el montaje como forma de comunicar en las narrativas audiovisuales. El autor desarrolla su retrato de cada película apoyándose en un estudio pseudo-barthesiano que contrasta la imagen general con el detalle. Roland Barthes aclaró en su breve pero clarividente manual para el análisis de la fotografía La cámara lúcida la diferencia entre el studium y el punctum; siendo el primero el comentario, descripción y aclaración amplia de una imagen, y el segundo, la forma en la que el analista se centra en un detalle de la imagen que resalta sobre el conjunto y que ofrece, no sólo el contrapunto que dota de verdadera vida al retrato, sino también el elemento discordante que abre la puerta a una interpretación mucho más profunda y certera de lo que se observa. La gran mayoría de piezas que componen este texto se debaten entre ambos factores, saltando de uno a otro para enfatizar cómo opera el cine, esforzándose en ensalzar para el lector los elementos más claros, pero también los más especiales y que hacen que recordemos estas cintas.

De manera específica, Muñoz Álvarez detalla con curiosidad ilusionante y con ojo sabio películas de culto y aplica un “criterio de fondo [basado en] lo crítico, lo atípico, lo raro, lo grotesco, lo perverso, lo incómodo, lo hiriente, lo hipnótico, lo arrebatador…”. Para este espectador avezado no hay barreras, ni “tópicos, ni hipócritas principios: de la exploitation al Arte y Ensayo, del mudo al technicolor, del Hollywood mágico de otrora a la coproducción europea, del trash al indie, del cine de autor a la Serie B...”. Realmente se muestra como un visionario que ya habla de la difuminación de los géneros planteándose: “¿Dónde está la línea de separación entre unos y otros géneros —terror, suspense, drama psicológico, thriller, ciencia ficción, etc.—, y cuál se atiene o no a unas y otras etiquetas?”. Rompe con todas esas manidas etiquetas que ya conocemos y que actualmente comprobamos se mantienen de forma muy artificial y forzada. Temas como el erotismo, el satanismo, los vampiros, zombies y demás monstruos más o menos góticos o fantásticos, la violencia aparentemente gratuita de obras como Perros de Paja (1971) de Sam Pekinpah, o la disección de la mente de asesinos en serie, entre otras muchas facetas consideradas marginales y descastadas, tienen cabida en este libro, en palabras del propio autor, no apto para todos los públicos. Tampoco hay barreras nacionales: ¿cómo podría haberlas en una disciplina como el cine, universal desde sus orígenes? Muñoz Álvarez lo demuestra frase a frase tocando lo español, aunque se haya desterrado del canon público del terror y su reconocimiento en muchas ocasiones; también se aproxima al cine mexicano, brasileño y latinoamericano en general; menciona, cómo no, la impronta y el peso de la productora Hammer, los clásicos de Alfred Hitchcock, como Vértigo (1958) y Psicosis (1960), añade curiosidades y anécdotas que hacen las delicias del cinéfilo, del iniciado y del meramente interesado. Asimismo, traza líneas de fuga que reconocen la originalidad de cintas como Déjame entrar (2008), de Tomas Alfredson, de las que no tanta gente se acuerda y que lograron reactivar el género o subgénero englobado dentro de la temática de los vampiros, aunque sean difíciles de clasificar, como el mismo autor reconoce: “sería mejor no encasillarla en ningún género, o crear para ella uno específico, ya que no se parece a ningún otro filme anterior”. La cinta, de factura excepcional, se enfoca en los espectros sedientos de sangre de una forma sumamente novedosa.

La capacidad de Muñoz Álvarez de saltar de lo específico a lo trascendental en un espacio mínimo es asombrosa, pasa de los “ecos de Nietzsche y de Poe, de Huysmans y Sade, de Buñuel y la Hammer, y una atmósfera de total pesadilla y blasfemia [haciendo] de [una] película una pieza clave del cine de horror” con una naturalidad con la que el lector claramente conecta, permitiéndole contemplar y reflexionar sobre una película a múltiples niveles, sin la pátina de la jerga académica, ensayística y engolada, presentando unos textos dinámicos y extremadamente atractivos. A raíz de A medianoche me llevaré tu alma (1963) de José Mojica Marins, Muñoz Álvarez reverbera los versos del brasileño, que recuerdan a otro gran maestro contemporáneo del cine de terror, Guillermo del Toro: ¿Qué es la vida? / Es el comienzo de la muerte / ¿Y qué es la muerte? / Es el final de la vida / ¿Qué es la existencia? / Es la continuidad de la sangre / ¿Y qué es la sangre? / Es la razón de la existencia. Los planteamientos góticos como premisa, la conexión entre el terror y lo sobrenatural, evocan a los créditos que abren El espinazo del diablo, en la que el mexicano se planteaba lo que era un fantasma, como un trauma que regresa para atormentarnos mientras no se cierre la herida. Tanto los versos de Mojica Marins como las premisas de Del Toro emplazan al espectador a conectar con la película no sólo de forma pasiva y desde el objetivo de entretener, sino desde el ánimo de sembrar una semilla e ir más allá de la imagen, dejando un poso memorable, tal y como hace el propio Muñoz Álvarez. El autor no se olvida del terror doméstico, casi siempre en un segundo plano para la producción global y para la crítica, hablando de los freaks hispanos, como comenta sobre El extraño viaje (1964), de Fernando Fernán Gómez, obra única en la filmografía nacional, o cuando menciona la obra de Jorge Grau No profanar el sueño de los muertos (1974), aclarando que: “contiene todos los ingredientes esenciales del género [...] y muy importante, una crítica social encubierta contra el sistema capitalista, en este caso con tintes ecologistas añadidos”; sin dejar de mencionar la joya entre las joyas del cine rural nacional que supone Furtivos (1975), de José Luis Borau, con la irrepetible Lola Gaos. También abraza rarezas dentro de las rarezas, como El topo (1970) del incalificable Alejandro Jodorowsky, sobre la que acertadamente dice ser pieza diferencial, ya que no muchas películas “han logrado recrear un far west tan inmundo y pesadillesco, degenerado y lleno de freaks (al más puro estilo de Browning), malvados y místicos, rameras, borrachos e iluminados, y pocas, también, han conseguido descontextualizar con tanto acierto el género”. Además, abraza anomalías cinematográficas formidables como El faro (2019), de Robert Eggers o Las mariposas disecadas (1978), del mexicano Sergio Véjar, y pone al mismo nivel numerosas cintas contemporáneas, como El pájaro pintado (2019), de Václav Marhoul, The Dark and the Wicked (2020), de Bryan Bertino, Mad God (2021), de Phil Tippett, o la inclasificable Titane (2021), de Julia Ducournau, que no sólo contemplan el legado de los géneros fantástico y de terror, sino que también lo actualizan.

El compendio de referencias y cinefilias nos lleva a adaptaciones de Edgar Allan Poe, como La tumba de Ligeia (1964), de Roger Corman, a un referente en el cine patrio como es Eloy de la Iglesia, o a un clasiquísimo de culto que el gran Quentin Tarantino rescatara, como es Lady Snowblood (1973), de Toshiya Fujita. En su relato muestra una querencia cariñosa hacia el cine italiano, sin mencionar el giallo como tal ni su influencia en el fantaterror español, y alaba al pensador de la imagen-mundo que fue Pier Paolo Pasolini. La mirada crítica de Muñoz Álvarez no sabe de fronteras. El autor habla de The Yellow Sea (2010) de Na Hong-jin, y de la relevancia del cine coreano antes de que se hiciera famoso, sin abandonar su criterio y sabiendo ensalzarla en su justa medida: “Aunque por momentos pueda resultar excesiva y abrumadora, la película de Na Hong-jin mantiene clavado frente a la pantalla al espectador y ofrece algunas de las más vertiginosas secuencias de acción de los últimos tiempos”. Con la excusa de obras tan esenciales como Posesión infernal (2013), de Fede Álvarez, este analista se adentra en el mundo de los remakes y diferentes versiones, así como en el concerniente a los efectos especiales, demostrando de nuevo que no tiene límites en su forma de entender el cine: “Posesiones escalofriantes, impresionantes efectos especiales y litros de hemoglobina, así como numerosos guiños a la saga ochentera, hacen de este remake un impactante filme con sello propio, que no dejará indiferente (para bien o para mal: tiene también detractores) a nadie”. Habla de los personajes secundarios y de su valor en el cine con verbo agudo y una honestidad que manifiesta, al ser capaz de separar al artista de la persona, algo sumamente difícil en estos tiempos que corren, como se puede apreciar en el caso de la forma en la que se sopesa a Lars Von Trier acerca de Anticristo (2009).

Vicente Muñoz Álvarez, en su brevedad, más necesaria hoy que nunca, condensa ese punch-line constante que ofrece sin necesidad de vivir en las redes sociales. Aglutina en este texto —recorrido esencial por muchas de las caras menos conocidas de la cinematografía mundial— la visión personal con el análisis más profundo, a veces cáustico, de una serie de piezas dignas de revisión, de alabanza, de enfatización y de recuperación para el imaginario popular.

En ocasiones no he podido evitar en mi lectura centrarme, por deformación personal, en el cine español, ya que profeso un interés y pasión especial por el mismo, sin dejar de asombrarme constantemente cómo los ojos de Muñoz Álvarez navegan y divagan por estas cintas. Cada persona puede centrarse en lo que le gusta, caminar por la mente del autor y tender desde sus ideas puentes visuales hacia mundos tan íntimos y personales, como colectivos, sociales y trascendentales.

No quiero terminar este prólogo sin manifestar que esta obra singular sirve para salvar del olvido muchas de estas películas. Hay que alabar esta operación de rescate en obras como Morbo (1972), de Gonzalo Suárez, o la satánica Escalofrío (1978), de Carlos Puerto, presentada por el ya mítico Dr. Jiménez del Oso, casi borradas de la memoria fílmica popular. Por poner un par de ejemplos significativos entre una larga lista de las que aquí aparecen. Buena parte del cine de terror y gótico (así como otros subgéneros aquí también recogidos) que se estrenan hoy en día beben de las películas comentadas, igual que estos filmes bebieron de otros mitos literarios, folclóricos u orales, y así sucesivamente, pero en la transición a nuevas formas de producción y de distribución en las plataformas que hoy dominan la pantalla, el cambio de siglo ha instaurado un paradigma que borra buena parte de lo creado antes del siglo XX, por lo que esta obra se erige más necesaria que nunca. Ya que las páginas que vas a comenzar a disfrutar son especialmente aptas para todos los públicos, en este libro, querido lector, podrás salirte del mainstream (aunque si lees con detenimiento también lo entenderás mejor) y disfrutar del cine, de nuevo o por primera vez, con la ilusión de la luz apagada, la tensión de un grito, un suspiro o un silencio que, en efecto, nos dejará erizados.

Jorge González del Pozo,
prólogo a Películas que erizan la piel
(Underdog Ventures, 2024)



miércoles, 6 de noviembre de 2024

EL UNIVERSO ES SUGESTIVO Y BIZARRO por PE TER



Yo me escondo
De las sombras
En las sombras
Y finjo
Ser un vampiro
Un pequeño Golem
Nace de pierna
Y me indica divertido
Que es hora
De seguir provocando
Orada lo sagrado
Para que descascare
Y caiga
Es bueno
Erigir nuevos dioses
Sobre el barro diluido
De los mismos.

*

Su madre es la IA
Lo repararon para ella
Guardan señales
Ultraterrestres
Es el vínculo
De la barbarie del sol
Y la antimateria
Nodos y fisuras cuánticas
Los alimentan.

*

La iluminación total
Te llevará
A odiar a los autores
Y amar sus obras
Todo vestigio de humanidad
Es el cadalzo
Las fiebres que vienen consigo
Te contaminan
Sólo lo no humano prevalecerá
Lo humano es un estigma
Y no existe
Existe la barbarie, la mentira
Y el egoísmo
Así que quédate solo
Y advierte que la alta magia
Acabará contigo.

*

En los medanos
De la vejez
Se encerró
A esperar la muerte
La niña patibular
Que nunca envejece
Creó un circulo
Ciego y oscuro
Y su contracara
La luz obnubilante
Que dicen
Que tiene el final.

*

El universo
Es sugestivo y bizarro
En las profundidas
De Dios
Subyace
Nuestra sangre
En una gemelidad
Cuántica
Por eso nuestros
Arrobados
Sentimientos
De superioridad
Frente a los otros
La finitud
De las especies
Es el limite impuesto
A éste poder inescrutable.


Pe Ter


viernes, 1 de noviembre de 2024

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL en LA NUEVA CRÓNICA



El autor de ‘Películas que erizan la piel’, Vicente Muñoz. | MARLUS LEÓN

Vicente Muñoz: "El terror es un género que no tiene fecha de caducidad"

El escritor acaba de publicar una versión extendida de ‘Películas que erizan la piel’, que recopila más de 250 títulos

Camino Díez Llamazares 01/11/2024 La Nueva Crónica

Cinéfilo confeso, escritor y gestor cultural leonés, Vicente Muñoz Álvarez regresa a las librerías de la mano de una cuidada edición extendida. ‘Películas que erizan la piel’, publicada por primera vez en 2019, recopila ahora los «comentarios apasionados» del autor sobre más de 250 filmes.

– Esta es la tercera entrega de una trilogía de libros sobre cine a los que preceden ‘Películas para llevarse al infierno’ y ‘Películas para la penumbra’. ¿Cómo se relacionan la literatura y el cine y, en su caso cuál de las dos artes pesa más?

– Sí, efectivamente, esta es la tercera entrega de la Trilogía Cult Movies, que he dedicado al cine de culto, tras Películas para llevarse al infierno y Películas para la penumbra. El cine y la literatura son, para mí, las dos caras de la misma moneda, imagen y letra, letra e imagen, dos formas paralelas de expresión, interrelacionadas e inseparables. De hecho, el cine parte de un guion y la literatura de una imagen (mental), y en mi caso en concreto tienen el mismo peso. Escribo pensando en imágenes, como si estuviera viendo películas, y veo películas pensando en libros, como si estuviera leyendo novelas. Creo que ambas formas de expresión se retroalimentan.

– La primera edición salía a la luz en 2019. ¿A qué se debe esta versión extendida y cómo ha sido el proceso detrás de su alumbramiento?

– La primera edición la publicó en 2019 Canalla Ediciones, una editorial madrileña que desapareció, como tantas otras, poco tiempo después, con la pandemia, y por lo tanto el libro tuvo, por desgracia, breve recorrido. Hace unos meses Javier Campelo, el editor de la Editorial Páramo, que también es el distribuidor de La Sombra de Caín (y por lo tanto de varios libros míos), me llamó proponiéndome reeditar este libro, que en su día le había parecido muy interesante y, de hecho, un libro de fondo, sin fecha de caducidad. Quería abrir una nueva editorial, Underdog Ventures, me dijo, dedicada a la cultura pop y alternativa, ensayo, cine, cómic, etc, y le gustaría inaugurarla con ‘Películas que erizan la piel’. Así que aproveché para revisar y ampliar el libro con un montón de nuevas reseñas, que pensaba incluir en otra entrega de la saga, para ofrecer algo nuevo al lector y hacer más completa y atractiva la selección. Por otro lado, esta edición lleva como novedad en sus páginas centrales cuarenta carteles originales en color de las películas reseñadas, lo que la hace mucho más atractiva.

– El libro recoge títulos clasificados en el género del terror. En su entrevista con Joaquín Revuelta para este medio con motivo de la primera edición de ‘Películas que erizan la piel’, confesaba su debilidad por el género tanto en la literatura como en el cine. ¿Cómo percibe la evolución del terror en las diferentes ramas artísticas?

– Aunque parezca imposible, el género se sigue renovando constantemente, tanto en el cine como en la literatura, a medida que evoluciona la sociedad. Buena prueba de ello son películas como Titane, Mad God o Saint Maud, las últimas que reseño en el libro, que poco tienen que ver con los clásicos de toda la vida, tanto desde el punto de vista estético como argumental. Yo creo que el terror en un género sin fecha de caducidad, una emoción primigenia y atávica del ser humano, que seguirá existiendo y adaptándose a los nuevos tiempos mientras el hombre siga en la Tierra.

– A sus espaldas lleva la publicación de poemarios, relatos, novelas y ensayos. ¿Cómo cree que han podido influir en su obra literaria su carácter cinéfilo y todas esas películas que le han cautivado?

– Pues evidentemente, de forma muy acusada. Underdog Ventures, la editorial que ha publicado Películas que erizan la piel, va a reeditar antes de fin de año otro libro mío de terror, Del fondo, ilustrado por Andrés Casciani, que es un homenaje al cine de David Cronenberg y a la literatura de H.P. Lovecraft y Aleister Crowley. Mi novela El merodeador está inspirada en la película del mismo título de Joseph Losey. Para la portada de Mi vida en la penumbra, una antología de mis relatos más conocidos, elegí una fotografía de Tod Browning con los protagonistas de Freaks. Regresiones, mi novela dedicada al León de los años 80, está llena de referencias cinéfilas, etc. Me crié viendo cine y leyendo, y para mí ambas disciplinas están estrechamente interrelacionadas, como decía al principio.

– De entre los más de 250 títulos, enmarcados entre los años 1928 y 2022, reseñados –o «comentados apasionadamente», como indica en su prólogo–, ¿podría quedarse con solo uno?

– Es una pregunta que a menudo me hacen en las entrevistas, y siempre respondo lo mismo: no, me resultaría imposible quedarme con una sola película. Podría, en todo caso, elegir unas cuantas (El asesino de muñecas, El molino de las mujeres de piedra, El carnaval de las almas, El cuerpo y el látigo, El rojo en los labios, La llamada, Plan siniestro, etc), pero una sola no. De hecho, ya en el prólogo al libro explico que este no es un listado de las que yo considero las mejores películas de terror de la historia del cine, sobre las que ya hay mucho escrito, sino sobre otras mucho menos conocidas que es también necesario y justo reivindicar. Mi intención al escribir este libro ha sido descubrir al cinéfilo otro tipo de cine, de culto o de serie B, que no es el que normalmente proyectan en los cines y en la televisión, poco conocido por la gran mayoría, y que sin embargo está a la altura de los grandes clásicos del género. He escrito, en suma, el libro que a mí me hubiera gustado leer hace cuarenta años para descubrir películas que me ha llevado muchísimo tiempo encontrar. Aunque no menos importante, también, ha sido el punto de vista y enfoque literario con que las reseñas han sido ideadas, las conexiones de todas estas películas con libros y escritores que admiro, igualmente básicos y determinantes para mi formación. Más que una guía cinéfila al uso, pues, este manual está concebido como un diario personal donde me he despachado a gusto con muchas películas que yo opino que nadie debería dejar de ver.

– ¿Hubiese sido en otra vida director de cine?

– Me hubiera encantado, sí. Y no descarto todavía serlo en esta.