viernes, 28 de agosto de 2020

USAIN BOLT A SU HIJO por VÍCTOR PÉREZ



No se trata de ser poeta ni de ser poema sino de salir a emborracharte por ahí para poder mirar el mundo con inocencia y si acaso intentar romperle el corazón a algún camarero viejo y despistado con esas viejas profecías tuyas de toda la vida mezcladas con tu historial amatorio y acabar la noche deshuesado en la cama de una pensión con los güevos volados a tiros y una amapola en la boca. Efectivamente. Se trata de que algo o alguien decida convertir tu cuerpo en un hermoso gajo de amor solitario y odio épico y elemental que todos terminarán olvidando, un hermoso gajo precipitado hacia lo que hubo antes de la poesía y lo que vendrá después de la poesía y que no puedas hablar ni escribir jamás de ello. Sí se puede.

Víctor Pérez


miércoles, 26 de agosto de 2020

TÚMULO ABANDONADO




Sin más horizonte que otros ojos
frente a frente
- Luis Cernuda

Veo piedras en tus ojos, ¿tú las ves en los míos?,
tras ellas hay un bosque donde ramas y raíces
se confunden
y de un árbol a otro, los animales
buscan huecos despoblados
para ver la luz del sol y calentarse,
aún más lejos, un exceso de espacio,
el desierto bajo un cielo nublado,
horizonte como grieta entre dos mundos
que se tocan sin poder abrazarse,
escarbas, sé que escarbas,
vas buscando rastro y cauce de un riachuelo,
más allá de la piedra, más allá de las raíces enredadas,
más allá del desierto,
hasta el eterno manantial de aquella infancia,

allá tan lejos, donde habita tu llanto,
horadarán tus lágrimas la roca
para llevar el corazón a quien te aguarda.


Mónica Manrique de Lara, de Devoción de las olas (Isla Negra Editores, 2020).

http://revistacratera.com/index/atlantida/

domingo, 23 de agosto de 2020

AL OTRO LADO DE LA PUERTA por SUSANA BARRAGUÉS




Yo vengo de una casa de pueblo que ardió.
Mirar el fuego a través de los cerrojos fue mi lección,
quedarme al otro lado de la puerta
para no arder con las vacas, los conejos y las tejas.
Al otro lado de la puerta se quedaron también las cascadas,
los diminutos ratones, los sacos de patatas y las latas de azúcar.
Los azules cánticos mientras se iba el verano.
El géiser del pilón y las sentencias de embargo.
Desde entonces duermo sobre un saco de ceniza
en el que queda mi rostro marcado de perfil.
La almohada es de ceniza,
las sábanas son de ceniza, el colchón es ceniza.
Dentro de mis sueños soy valiente
y camino por la casa en llamas, bajo las vigas viejas
junto a aquellas chimeneas que siempre ventilaron mal.
Y no ardo, y no me quemo, y no desaparece mi memoria
tras los cerrojos tiznados de negro.

Susana Barragués, de Cabeza de cisne sobre almohada floral. Próximamente en Eolas Ediciones.

viernes, 21 de agosto de 2020

UN ATAJO HACIA MIS ÍDOLOS por IVÁN ROJO




Una biblioteca con todos los poemas atrapados para siempre en la memoria de los ordenadores perdidos. Los ordenadores que se hunden con un ferry en el pacífico o en el índico, despacio, despacio y como si fuera inevitable, frente a las costas de Filipinas o Sri Lanka, por la noche. Los ordenadores que quedan sepultados entre el cemento y los hierros y alguna que otra extremidad y cuberterías de plata y tazas de váter y canarios y plantas naturales y artificiales cuando se viene abajo por sorpresa el World Trade Center o un edificio de cuatro alturas en el casco antiguo de Bermeo. Los ordenadores que arden fuerte, larga y cinematográficamente en los casoplones arrasados por los incendios californianos o los que se iluminan efímeros con el gas azul inflamado de la bombona de butano de un piso del distrito de Bellevue, Marsella. Los ordenadores que se hacen pedazos sobre el asfalto de la avenida tras atravesar el parabrisas del monovolumen un domingo de camino a comprar dos mcmenús o un par de pollos asados, los que después de dar cinco vueltas de campana en el maletero de un Ford Focus quedan abiertos de par en par más allá de la cuneta, como espejos rotos del cielo, en un trigal de Burgos o en un cebadal rumano. Los ordenadores que en un ataque de locura por ira o frustración o aburrimiento o porque sí son arrojados por la ventana a la calle 45 o al negrísimo patio de luces de un bloque de Fez. Los ordenadores que se mueren poco a poco de inanición en la mesa camilla de miles de pisos a lo largo y ancho del mundo, solos, rematadamente solos, junto al cuerpo tieso del que fuera su dueño. Todos esos ordenadores. Todos los poemas almacenados en esos ordenadores en archivos titulados Mis poemas. Todos esos poemas que ya nadie leerá, todos esos poemas que nadie habría leído aunque siguieran vivos. Todos esos poemas escritos por azafatas de congresos, entrenadores de fútbol sala, pensionistas, pescaderos, psiquiatras, peluqueros, agentes de bolsa, ganaderos, feriantes, poetas que jamás pensaron ser poetas, que simplemente escribieron unas cuantas palabras en el resplandor de la pantalla de su ordenador movidos por un impulso inexplicable. Todos esos poemas, solo para mis ojos.

Iván Rojo


jueves, 20 de agosto de 2020

VEGA: Ramón Guerrero.



Si pudiera me tomaría una docena de pintas para disimular la angustia que me crea presentaros en papel mi primer poemario publicado de continuo, nada menos, sin prácticamente ninguna errata y con los mecanismos de autodefensa a cero. Saldrá a primeros de septiembre (sabemos que en agosto hace demasiado calor para todo, hasta para perder la sonrisa ante todo este hundimiento de la cultura). Nosotros somos la “Resistencia”, la empatía entre manos que escriben y ojos que leen. Que vamos a hacer, se convirtió en pasión y en una búsqueda y en un encuentro que nos hace estallar de vez en cuando sin atender a las consecuencias.

Lo cierto es que aquí os dejo la portada y contraportada del poemario que ya dejó de ser mío. 

La poesía no necesita desciframiento, más bien un solidario recibimiento para continuar con la transmisión de ciertos argumentos vitales.

Ramón Guerrero


miércoles, 19 de agosto de 2020

BLUEBIRD: Jorge M. Molinero.



Jorge M. Molinero habla de la enfermedad y la muerte avisando con demasiado tiempo. Molinero explica para poder entender. Se convierte en árbol que desea ser cajita de música, aunque para ello tenga que ceder su savia y su madera al pájaro cantor que le habite el pecho. “Alejarme de la ciudad, abrazar el árbol: ser árbol”

Pero Bluebird no es un libro de enfermedad —no sólo— sino que añade el remedio y la superación del dolor, invocando el apoyo de los suyos en una breve antología del daño que nos iguala. No podremos con Ella, pero al menos que nos conforte este planteamiento.

*
Jorge M. Molinero (y las aportaciones de Begoña Abad, Pedro andreu, Gsús Bonilla, Alba Ceres, María García Zambrano, Huini Juárez, Jacob Iglesias, Antoine Lamarck, Ana Pérez Cañamares y Felipe Zapico Alonso)


martes, 18 de agosto de 2020

TE AMO, DESTRÚYEME por ANA GRANDAL




El hombre cebolla

Aquel hombre enigmático le fascinaba. Mujer valiente, decidió desentrañar su incógnita más profunda. Procedió con tiento, destapando, una a una, las capas con las que él se había protegido, descortezando el espeso blindaje, ahondando cada vez más.

Pero en su corazón no halló nada. En todo ese tiempo, la única verdad que ella encontró fueron sus propias lágrimas derramadas.


Un buen partido

Él cocina, va a hacer la compra, friega los platos, barre el suelo y quita el polvo, se ocupa de las facturas, los impuestos municipales y la cuota de la comunidad, pone la lavadora, tiende la ropa, la plancha y la guarda en los armarios, hace la cama antes de ir al trabajo, riega las macetas, compra preservativos cuando se gastan, organiza los viajes, adquiere con antelación las entradas del cine, tiene el coche a punto y actúa de chófer cuando hace falta, está atento a los cumpleaños y aniversarios de familia y amigos…

Ella, absolutamente exenta de responsabilidades, se queda todo el día en casa jugando a las muñecas.


Una relación sólida

Confiaban plenamente el uno en el otro. Como reflejo de la firmeza de su amor decidieron construir su hogar ellos mismos, con sus propias manos. Ella tomó el primer ladrillo y él, en un arrebato romántico, le pidió que lo conservaran como recuerdo. Ella, con una sonrisa, lo guardó cuidadosamente en una caja de embalaje.

Levantaron un edificio robusto, de cimientos seguros, una vivienda que aguantaría cualquier inclemencia, la morada que les cobijase en su indestructible alianza.

Pasaron los años. Rebuscando en un armario, ella encontró la vieja caja arrinconada sobre un anaquel. Sacó el ladrillo, lo sostuvo a la altura del pecho y lo dejó caer. El objeto de arcilla se estrelló en mil pedazos. Ella lloró su rabia: en el interior de su aparente solidez, un ladrillo solo alberga vacío.


Ana Grandal, 
de Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015).

*

¿Amor? ¿O debemos ponerle otro nombre? Nombres que no se nombran: dependencia, miedo, egoísmo, abandono, mentira, decepción… Te invito a penetrar en los microrrelatos que componen este libro: quizá, tras cruzar el umbral, no puedas evitar una sonrisa maliciosa, o suspires aliviad@ por no habitar estas estancias… o te indignes por reconocerte entre las sombras. Cuánto me gustaría saberlo. Entra y háblame.

Ana Grandal

Contratapa: El amor constituye la pulsión que más determina nuestra vida. Sin embargo, en absoluto se trata siempre de una tensión beneficiosa. Consciente de su proximidad con el odio, con la autodestrucción, Ana Grandal construye a partir de él un rico mosaico de historias donde las relaciones de pareja suponen el centro de los cuentos, pero que derivan, dentro de una equilibrada variedad de tonos y registros, en múltiples caminos, sorpresas y desconciertos. Se trata, pues, de un conjunto de microrrelatos impulsados por la pasión, el rencor, la crueldad, la frustración, el sexo, el humor negro… Y también, cómo no, el amor.


lunes, 17 de agosto de 2020

CALENDARIO por JAVIER VAYÁ ALBERT



Por no enfermar de domingo con luces griegas en la imparable marabunta
del siglo de los martes los jueves huérfanos de carretera indolentes en una habitación cerrada quién ha de conocer el alba la primavera el devenir de los poemas los ojos ciegos que siempre callan la sordidez de los tranvías que no traen noticias falsas escuderos siempre de la excrecencia
como una segregación del alma
ímpetu de cucaracha el primer
error fue nacer
continuar con vida
la inercia del reincidente
niños de sombra en barcas umbrías sus cabezas negras antorchas oscureciendo la
noche negra y cierto afecto
desmedido por el esperpento
un par de disparos púrpura
al vacío el musgo de las horas
y regresar importuno como
cadáveres mal enterrados
a la ansiedad de los parques
la salida funeraria de los niños
de la escuela los lunes de pan
y comisaría como el bufido
sagrado de un bisonte tan
anciano como las bisagras
del primer aullido humano

Javier Vayá Albert

https://www.facebook.com/javier.vayaalbert

domingo, 16 de agosto de 2020

FELICIDADES, HANK



Este domingo Bukowski cumpliría 100 años. En esta antología dedicada a él que coordinamos hace años Vicente Muñoz Alvarez y yo los que participábamos éramos "jóvenes emergentes".Algunos emergieron más que otros, y tan jóvenes tampoco éramos. Nos lo pasamos muy bien. La publicó Constantino Bértolo en Caballo de Troya. 



sábado, 15 de agosto de 2020

GUERRA Y PAZ por MAYA MUKTI



De esa sangre derramada tan inútil,
del sudor que nunca hizo,
de las ganas congeladas
y los puentes que jamás fueron cruzados
es que quiero hablarte hoy.
Con el mismo resultado -nada espero-
que lo que ya te he contado.
No es probable que mañana me despierte
y arda el aire y corra el tiempo
persiguiendo el nuevo brío de mi especie.
Antes bien puedo esperar que las miradas
languidezcan un día más.
Pero es preciso soñarlo.
Me es tan vital como el agua
imaginar mientras pinto
con mis letras este cuadro improvisado
la energía dirigida hacia el futuro de las manos,
el despertar de las mentes,
la voluntad clara y limpia de emprender.
Porque si no, para qué.
Para qué todo este tiempo embotellado
que me queda por beber.
Si es que no he de compartirlo
en mutuo esfuerzo por la vida,
de qué servirán mis manos
tan cansadas de arar siempre en solitario.
Mira bien, que el vasto campo
que ahora intento mantener
lleno de flores y abundancia es tu futuro.
Mira bien, que si los últimos guerreros
de la vida un día mueren y tú aún
no has aprendido a batallar,
pobre de ti.

Maya Mukti

viernes, 14 de agosto de 2020

YO ESCRIBO LA NOCHE: Pilar Blanco Díaz.



Pilar Blanco ha necesitado agudizar el significado de las palabras, cincelarlas para lograr que encajen en ese muro de contención que debe soportar el peso del discurso ontológico.

Carlos Alcorta


jueves, 13 de agosto de 2020

MERCENARIOS por ALEXANDER DRAKE



Llevo tiempo intentando averiguar cómo funciona la industria literaria. Simplemente no me explico cómo la gente puede comprar y leer tantos libros que en realidad no hablan de nada. Luego pienso en los autores de esos mismos libros y llego a la conclusión de que ellos tienen que ser conscientes de que lo que escriben es una auténtica basura (no pueden ser tan tontos), pero el dinero que reciben por ello compensa sus atrocidades. Son simples mercenarios. Gente sin escrúpulos. No les importa perpetrar un crimen tras otro mientras les sigan pagando bien. Luego están los editores. Hombres ciegos y estancados en la mediocridad. Prácticamente ni se toman la molestia de leer nada. ¿Para qué? Prefieren limitarse a publicar traducciones de algún estúpido best-seller que haya cosechado grandes beneficios en cualquier otro país y aprovechar el tirón mediático que lo respalda. Saben que el gran público acabará comprando cualquier cosa que le pongan delante de la cara el número suficiente de veces. En realidad, para la industria, no existe ningún producto malo; tan sólo una promoción mal dirigida.

Alexander Drake,
de Ignominia (Libros Indie, 2020)


lunes, 10 de agosto de 2020

LAS VENTANAS por CHARLES BAUDELAIRE



Quien mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, misterioso, fecundo, tenebroso, y radiante que una ventana iluminada por una vela. Lo que puede verse al sol siempre es menos interesante que lo que pasa detrás de un vidrio. En ese agujero negro o luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida. 

Por sobre la marea de techos veo a una mujer madura, ya arrugada, pobre, siempre inclinada sobre alguna cosa, y que no sale nunca. Con el rostro, el vestido, el gesto, con casi nada, rehice la historia de esta mujer, o más bien su leyenda, y ciertas veces me la cuento a mí mismo y lloro. 

Si se hubiera tratado de un pobre anciano, la hubiera reconstruido con la misma facilidad. 

Me acuesto, orgulloso de haber vivido y sufrido otras vidas que no son la mía. 

Podrán decirme "¿Estás seguro de que es la verdadera historia?" ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad fuera de mí, si me ha ayudado a vivir y a sentir qué soy y cómo soy?

Charles Baudelaire,
de El Spleen de París

domingo, 9 de agosto de 2020

sábado, 8 de agosto de 2020

PORQUE NO ME ENGAÑO por ARI ZATZU


Hace dosmil555 días que estoy sola. Sola por convicción. Sola porque me da la gana estar sola. Es decir: --no estoy sola porque me falte alguien o me sobre algo--
Estoy sola porque mis convicciones sobre estar acompañada siempre me llevan al infierno de los otros.
A los ojos cerrados.
A la asfixia.
A perecer en una cama junto a un ser extraño hasta morir de aburrimiento.
Ahora mis sueños solos huelen a lavanda, a libre te quiero como el tomillo, a soy mía por y para siempre,
a te juro que no te abandono,
a te quieros de espejo y te valoro,
porque ya no quiero que me decidan en mentiras.
Porque no me engaño.
Porque quiero decir lo que quiero y lo digo.
Porque quiero hacer lo que hago y lo hago.
Porque quiero sentir como siento y lo siento.
Porque no me haces falta.
Porque un orgasmo en tu ausencia
es mucho más largo.

Ari Zatzu

https://www.facebook.com/ari.zataraiin

domingo, 2 de agosto de 2020

sábado, 1 de agosto de 2020

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA




El verano aplasta y entumece.
Quieres dormir. Dormir por las tardes. Dormir a todas horas .Los ojos se te cierran cuando caminas por la avenida al atardecer. Casi no puedes contemplar las palomas muertas del paseo de los plátanos: han caído fulminadas al suelo por efecto de este extraño fuego amarillo que el sol desprende.
Paloma muerta sobre el césped; a esta en concreto vinieron a visitarla los grajos y parece que se llevaban bien, ya se conocían, eran viejos amigos de vuelo. Seguro compartieron alguna nube y estrellas, muchas estrellas mutiladas.
Comprendí el viejo lenguaje de las aves. Los grajos vinieron a comprobar si la paloma aún movía el pico. La besaron en los ojos, esperaron unos instantes, parecían cantar una oración llena de velos blancos, como telas de araña, que salían de sus picos negrísimos. Después se fueron hacia la fuente a refrescar el susto.
Tú no pudiste verlo. Caminabas aletargado en la tarde, cansado y sudoroso. Dormido de pie.
Yo pude percibir este instante, dichoso como ninguno, porque la vida me mantiene alerta y los que amo están muy lejos: allá en el silencio de los trigos o entre la rabia cansada del mar.

*

Blanco y roto, como el papel de los cuadernos que dejé en blanco.
Así el fundamento de lo no contado, de lo que se esconde en el misterioso azar de la noche más bochornosa de un Julio indeficiente.
El ataque del tiempo, en la calima nocturna, realiza el milagro de sostener partículas de polvo nublando el horizonte.
No veo. No ves. No vemos.
Todo se borra en los barrios pobres repletos de vigas y fachadas huecas.
Escenarios urbanos como teatros vacíos.
Maletas y mujeres, desmayadas en las aceras, huyendo de los bares sin abonar la consumición.
Corro. Corres. Corremos.
En la tremenda avenida, las casas sin cristales se mezclan con el sonido de las motos que pasan y forman un extraño tandem veraniego de vegetación incolora: blanco roto.
Pienso. Piensas. Pensamos.
Entonces ellos comienzan a bailar desparramando el cuerpo sin nostalgia de lo andado.


*

El tiempo en que vivimos se hermana con este misterioso languidecer de calles y aceras desconchadas y adustas.
Parecemos personajes de una cinta pasada de moda o quizá no, quizá sea una cinta futurista que no llegó a estrenarse en las salas de cine, hoy tan desiertas y casi desaparecidas. Recorremos la ciudad a salto de confusión, desnortados y anacrónicos en nuestro diario deambular.
Tiempo detenido. Stop obligatorio si no fuera por esta maravillosa moda de haber recuperado el cine al aire libre. Sin duda nos retrotrae a los tiempos gloriosos de los titiriteros y artistas ambulantes que plantaban la sábana blanca en las plazas de los pueblos para regocijo de todos. A veces se tomaban la molestia de encalar la pared de la escuela o el frontón, e incluso la corteza de un árbol para proyectar la película.(Yo nunca tuve pueblo pero me lo contaron)
Nunca fuimos de sentarnos en la hierba de los parques y ahora estamos aprovechando el tiempo en que no supimos crecer entre las margaritas y el trébol.
Recuerdo que en los años ochenta sí nos tirábamos en el césped sin ser conscientes de la verdadera libertad que esto supone.
Poco a poco, al ir creciendo, abandonamos las praderas urbanas:perdimos la belleza del agua que habita bajo la semilla, dimos por sentado que la espontaneidad del gesto era delito y el césped pasó a ser paisaje nada más. Paisaje libre de pisotones y posaderas. Paisaje en desaprovechado desuso, en el que sólo los perros rascaban sus lomos al amor del hormiguero, y la hierba recién regada por los aspersores.
Al fin hemos recuperado algo valioso. Días de estreno para que la memoria reconponga, pieza a pieza, su cunita dorada. Su estandarte.


Nuria Viuda, 
Crónica de los días que pasan