martes, 23 de abril de 2019
lunes, 22 de abril de 2019
3 POEMAS de MÓNICA MANRIQUE DE LARA
Como un ascua elevada y mecida
hasta el fin del incendio,
aprendí de la madera quemada
el desalojo necesario del tronco,
el océano de azul desprendimiento,
retornaré al bosque tras el viaje
para ser árbol vivo
o una mínima sombra de su aliento,
la espesura continua de la savia
me hará legado en la tierra tenaz
y en las luces del día,
entrego al fin mi infancia en el fruto
estrellado en el suelo
para envolverlo en la ternura
de su tiempo,
envío signos de nostalgia
con el polen
en el rizo encendido de los pájaros
y en los picos alados del viento,
luego repliego mis ojos al comienzo.
*
Soy el sonido más alto de la luz,
soy la radiante distancia del miedo,
abro la suave intrepidez
de los insectos
y alzo el fruto en la hierba,
voy eligiendo del color, la mariposa,
soy el sol en el bosque, soy el fuego,
soy el viaje veloz de la tormenta
y el viento abigarrado que la aleja,
soy esa música incansable
tras el baile,
soy el ala en el sueño de la seda,
los animales rápidos vuelan
conmigo,
los más lentos custodian mi tronco, conocen mis raíces,
todos viven fugaces en mí
y en todos soy eterno,
desconozco mi nombre,
hay quien me llama amor,
sé que soy un tallo indemne del silencio.
soy la radiante distancia del miedo,
abro la suave intrepidez
de los insectos
y alzo el fruto en la hierba,
voy eligiendo del color, la mariposa,
soy el sol en el bosque, soy el fuego,
soy el viaje veloz de la tormenta
y el viento abigarrado que la aleja,
soy esa música incansable
tras el baile,
soy el ala en el sueño de la seda,
los animales rápidos vuelan
conmigo,
los más lentos custodian mi tronco, conocen mis raíces,
todos viven fugaces en mí
y en todos soy eterno,
desconozco mi nombre,
hay quien me llama amor,
sé que soy un tallo indemne del silencio.
*
Esta honda maleza del bosque
que a duras penas ha visto la luz,
recoge y pacifica en su regazo
el temblor de los animales huidos,
este amor que no teme a las sombras,
este fondo de abrazo en el frío
se sostiene en el más húmedo
silencio y la ceguera,
este fondo de madre en el bosque
lo ha dado todo en el nido de tus ojos,
dame del hambre la largura de sus tallos.
Mónica Manrique de Lara
domingo, 21 de abril de 2019
3 POEMAS de LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ
como quien respira tras contener la respiración un minuto
escribíamos versos donde se decía todo y no se decía nada
yo los leía y me dormía con ellos en la boca
y con Bukowski o Juarroz
o con Bolaño y Cortázar rodeando las esquinas de mi cama
los mezclabámos con alcohol y creíamos en ellos con la misma fe a la que se agarra el condenado esperando la llamada del alcaide de la prisión
los maullábamos en las noches de celo
los consumíamos con fiebre
a cucharadas
otras veces
escribíamos versos como quien recita los ríos de la cornisa cantábrica
titubeando
los pronunciábamos y los interrumpía continuamente
el ruido ajeno de una respiración
y escondidos en ellos
las palabras
aún envueltas en su caja
en celofán
¿qué haremos con ellos?
versos para el ebay
versos de segunda mano
versos para comerciar
versos en subasta
*
LA SONRISA DE DUCHENNE
es abril y en el sur
frío
aunque daría igual que fuese mayo o junio o
todos quieren brindar
dicen
brindemos con las jarras bien frías
en la ropa ya seca, cagadas de paloma
los trapos sucios se lavan en casa
ellos ríen y brindan y cantan
brindemos brindemos
hay trapos que no merece la pena lavar
con las manos te palpan la boca para que rías
brindemos
con las jarras bien frías
yo sigo pensando en la ropa limpia y sucia
a la vez
en el frío
en abril
en el sur
en las palomas que siguen posadas en los cables de la luz
el mundo es un sumidero de detritos
*
A TODO AQUEL QUE ESCUCHE UNA JAURÍA DE PERROS LADRAR EN EL ADSL POR CABLE
la suela de las horas descalzas
los dientes caninos que tiznan
mordiscos púrpuras
el rechinar
el rechinar
del eco calcinado con salitre
en la palabra y el rumor de nadie
el viento huele a níquel y a siempres
yo soy un mito entre agujas
yo soy boliche de plumas
el cosmos palpita y se desangra en sus garras
los tendidos eléctricos aúllan
feroces
me remastican
cierro los pies los ojos los cierro
los pájaros no tenemos pestañas
Loida Ruiz Rodríguez
https://www.facebook.com/loida.ruizrodriguez
aún envueltas en su caja
en celofán
¿qué haremos con ellos?
versos para el ebay
versos de segunda mano
versos para comerciar
versos en subasta
*
LA SONRISA DE DUCHENNE
es abril y en el sur
frío
aunque daría igual que fuese mayo o junio o
todos quieren brindar
dicen
brindemos con las jarras bien frías
en la ropa ya seca, cagadas de paloma
los trapos sucios se lavan en casa
ellos ríen y brindan y cantan
brindemos brindemos
hay trapos que no merece la pena lavar
con las manos te palpan la boca para que rías
brindemos
con las jarras bien frías
yo sigo pensando en la ropa limpia y sucia
a la vez
en el frío
en abril
en el sur
en las palomas que siguen posadas en los cables de la luz
el mundo es un sumidero de detritos
*
A TODO AQUEL QUE ESCUCHE UNA JAURÍA DE PERROS LADRAR EN EL ADSL POR CABLE
la suela de las horas descalzas
los dientes caninos que tiznan
mordiscos púrpuras
el rechinar
el rechinar
del eco calcinado con salitre
en la palabra y el rumor de nadie
el viento huele a níquel y a siempres
yo soy un mito entre agujas
yo soy boliche de plumas
el cosmos palpita y se desangra en sus garras
los tendidos eléctricos aúllan
feroces
me remastican
cierro los pies los ojos los cierro
los pájaros no tenemos pestañas
Loida Ruiz Rodríguez
https://www.facebook.com/loida.ruizrodriguez
CORREDORES SALVAJES
El libro de cuentos Corredores salvajes (2016) de Rubenski es un acercamiento a historias escritas a lo largo de veinte años. Ahora salen al público como entes reclusos que encuentran libertad al final del túnel. Son historias de ciudad, los personajes habitan los lugares más sórdidos y recónditos. Los manuscritos son una sobredosis de palabras corrosivas que al lector nunca podrán dejarlo inmune.
Sobre el autor:
Rubén Campos Arias “Rubenski” (México, D.F., 1977). Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM. Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Ha publicado: La obscuridad es la reina. México, Ed. Letras Vivas, 2003. Perduración de la palabra (Antología de jóvenes poetas), UNAM, 2008. Coffee Shop Amsterdam. México, Ed. Letras Vivas, 2011. Tocan a la puerta. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Colectivo Entrópico, 2012. Un claro en la ciudad. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Fridaura, 2013. Hostal Entrópico. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Fridaura, 2014. Sobre la brecha (Antología) Ed. Fridaura, 2015. Las voces de los faunos (Antología) Ediciones Fridaura, 2015. Se derrama la fuente. Antología de literatura mexicana moderna. Ed. Fridaura, 2016. Ha sido traducido al Bengalí. Además de participar en revistas de México, India y Argentina.
viernes, 19 de abril de 2019
jueves, 18 de abril de 2019
3 POEMAS de ANDREA CAMPOS
Caí sobre las nubes de enero
como lápida en mis ojos
como a pozo con escombros...
Caí sobre cemento pavimentado con sangre de otras locas,
como payaso sin aplausos
como si
nunca
hubiera
pasado
lo que
siempre
estuvo
aquí.
como lápida en mis ojos
como a pozo con escombros...
Caí sobre cemento pavimentado con sangre de otras locas,
como payaso sin aplausos
como si
nunca
hubiera
pasado
lo que
siempre
estuvo
aquí.
Porque asiduamente sangro
bajo las uñas
y lloro a los pasillos infinitos
mientras muerdo las cuchillas
que se han quedado sin afilar.
Porque solo pienso tumbada
sobre dunas de lava,
de rescoldos,
de llamas.
Porque exhalo hacia las tumbas
de los cuerdos
empañando sus pestañas
mientras subo las escaleras
hacia esa fosa
con mi nombre en la ventana,
ventana siempre cerrada.
Descanso.
Ya
no
extraño
mi
cama.
*
Hablo sola,
tiendo a la soledad de los espejos rotos
a los que me asomo con perpetuación
y caigo en su profundidad
y dibujo líneas,
líneas quebradas,
recorridos sin destino,
rayas
y estrías en reflejos sin mi piel.
Hablo sola,
vuelvo a la reiteración de incongruencias,
coherencia de mis sentidos
sobre ese mármol pálido y frío.
Tengo frío
Tengo mucho frío
Muero de frío
Hablo sola.
Hablo sola,
tiendo a la soledad de los espejos rotos
a los que me asomo con perpetuación
y caigo en su profundidad
y dibujo líneas,
líneas quebradas,
recorridos sin destino,
rayas
y estrías en reflejos sin mi piel.
Hablo sola,
vuelvo a la reiteración de incongruencias,
coherencia de mis sentidos
sobre ese mármol pálido y frío.
Tengo frío
Tengo mucho frío
Muero de frío
Hablo sola.
Andrea Campos
miércoles, 17 de abril de 2019
A RAÚL NÚÑEZ por RAMÓN GUERRERO
Que de polvo de oro hay hoy en la ciudad.
Bandadas de gatos y mendigos huelen
a los niños y a los ciegos de atar.
Los borrachos siguen en la plaza como patos de hígados hinchados y productivos.
Beben en los canales y en las macetas
de los mercados de flores donde muchachas
rubias con cazadoras negras preguntan
como se fuman las grandes pipas de hash.
Raúl muerde hasta los huesos. Tiene hambre de labios, de piernas, de bocas grandes y saliva y costillas
que suenan al viento.
Esta ciudad se desnuda.
Sale la luna aullando.
Va despacio entre los parques,
busca sus dátiles,
a las parejas atornilladas,
los bares donde siempre se ama demasiado
y hay ratas y sueños,
sueños incumplidos
que pasaron a mejor vida
y vuelven al calor del décimo gin-tonic.
Los ángeles no suelen
hablar nuestro idioma.
La muchachas se estremecen
en nuestra presencia.
Raúl, con la cara partida
en mil pedazos de amor sigue creyendo
al igual que yo
que, a veces, se envidia a la muerte.
Ramón Guerrero
lunes, 15 de abril de 2019
ANIMALICÉMONOS por DAVID G. LAGO
ANALICÉMONOS
Comencemos:
analicémonos.
Emergimos como primates
—eruditos e incultos,
desmañados y unidos—.
Y así, como los locos,
fuimos creciendo.
Y así como fuimos cayendo
nos fuimos levantando.
Nuestras manos crearon el planeta,
tallaron herramientas fraternales,
dieron luz al progreso
y dieron lumbre al arte.
Pero también crearon jaulas
y campos de exterminio.
Tallaron herramientas fratricidas.
Sometieron a sus hermanos.
Aquellas manos primitivas
olvidaron de dónde venían.
Se volvieron estúpidas,
codiciosas y crueles.
Al principio no fuimos así.
Levantémonos del subsuelo.
Emerjamos de nuevo.
Animalicémonos.
Icémonos como animales.
MIRADA DE HOMO SAPIENS
Mirémonos ante un espejo. Hemos
de traspasar la superficie. Hemos
de contemplar nuestra animalidad.
Hemos sido imprudentes.
Debemos entenderlo pronto: somos
menos libres que las hormigas. Hemos
soportado artefactos en el cuello,
yugos que dificultan la fricción,
lastre que nos impide que bailemos.
Y que comamos. Y cerrar los ojos.
Y ver la realidad sin filtros sucios.
Formamos una yunta planetaria.
Aramos el futuro
tan juntos que no somos
capaces de sentirnos.
Los espejos no mienten —o eso dicen—;
los ojos desfiguran su reflejo
(mirada: distorsión de lo tangible).
Mirada de homo sapiens,
amnésica de su animalidad.
BUKOWSKI LLEVABA RAZÓN
Bukowski llevaba razón.
No somos más que ratas,
un puñado de ratas malolientes,
efímeras y grises
—igual que nubarrones—.
No somos más que ratas inquietantes,
eternamente condenadas
a malvivir en avenidas subterráneas
o a divagar perdidas sobre el asfalto
—la condena es hacer filosofía
en la cima de algún estercolero—.
Soñamos desde el ostracismo.
Comemos de la mano del verdugo
—esa misma mano que nos alimenta
con una dieta de abundante veneno—.
¡Hagan caso a vallas publicitarias!
No somos más que ratas consumistas
que buscan libertad en lo podrido.
Bukowski nunca dijo estas palabras.
Y, sin decirlas,
llevaba toda la razón.
Comencemos:
analicémonos.
Emergimos como primates
—eruditos e incultos,
desmañados y unidos—.
Y así, como los locos,
fuimos creciendo.
Y así como fuimos cayendo
nos fuimos levantando.
Nuestras manos crearon el planeta,
tallaron herramientas fraternales,
dieron luz al progreso
y dieron lumbre al arte.
Pero también crearon jaulas
y campos de exterminio.
Tallaron herramientas fratricidas.
Sometieron a sus hermanos.
Aquellas manos primitivas
olvidaron de dónde venían.
Se volvieron estúpidas,
codiciosas y crueles.
Al principio no fuimos así.
Levantémonos del subsuelo.
Emerjamos de nuevo.
Animalicémonos.
Icémonos como animales.
MIRADA DE HOMO SAPIENS
Mirémonos ante un espejo. Hemos
de traspasar la superficie. Hemos
de contemplar nuestra animalidad.
Hemos sido imprudentes.
Debemos entenderlo pronto: somos
menos libres que las hormigas. Hemos
soportado artefactos en el cuello,
yugos que dificultan la fricción,
lastre que nos impide que bailemos.
Y que comamos. Y cerrar los ojos.
Y ver la realidad sin filtros sucios.
Formamos una yunta planetaria.
Aramos el futuro
tan juntos que no somos
capaces de sentirnos.
Los espejos no mienten —o eso dicen—;
los ojos desfiguran su reflejo
(mirada: distorsión de lo tangible).
Mirada de homo sapiens,
amnésica de su animalidad.
BUKOWSKI LLEVABA RAZÓN
Bukowski llevaba razón.
No somos más que ratas,
un puñado de ratas malolientes,
efímeras y grises
—igual que nubarrones—.
No somos más que ratas inquietantes,
eternamente condenadas
a malvivir en avenidas subterráneas
o a divagar perdidas sobre el asfalto
—la condena es hacer filosofía
en la cima de algún estercolero—.
Soñamos desde el ostracismo.
Comemos de la mano del verdugo
—esa misma mano que nos alimenta
con una dieta de abundante veneno—.
¡Hagan caso a vallas publicitarias!
No somos más que ratas consumistas
que buscan libertad en lo podrido.
Bukowski nunca dijo estas palabras.
Y, sin decirlas,
llevaba toda la razón.
David Lago, de Animalicémonos (Boria Ediciones, 2019)
viernes, 12 de abril de 2019
lunes, 8 de abril de 2019
EL LATIDO Y EL VASO por CRISTINA FLANTAINS
Se llena
se colma
rebosa
luego se
derrama
sobre las palmas de las manos
corriendo por los dedos
como si fuesen su casa
como si fuese la sangre
de esas manos o el latido del mismo
que desde el epicentro del pecho
se llena, se colma, rebosa y luego se
derrama
cayendo, al fin, en la hoja blanca
que, ya cáliz, espera.
Toma. Bebe.
Cristina Flantains, de La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror) (Eolas ediciones, 2019)
domingo, 7 de abril de 2019
domingo, 31 de marzo de 2019
sábado, 30 de marzo de 2019
TIEMPO por RAMÓN GUERRERO
Y qué?
Hasta los sonetos disfrutan
de las cosas bien hechas.
Sin respeto en el pensar
está el mejor vivir.
Lanzo un reto sin ningún derecho.
No cuento endecasílabos ni consonantes
Ni cuartetos ni tercetos.
Me burlo de lo hecho en oro y sin decoro.
Contemplo violento mis ojos
reflejados en calles de cemento.
La eternidad impregnada de lo fecundo
de lo sentido y de tus latidos
de lo contenido y de lo convulso
de la puta realidad.
Ramón Guerrero
jueves, 28 de marzo de 2019
martes, 26 de marzo de 2019
TONADAS DE RONDA Y CANTOS ROMEROS por CARLOS DE LA CRUZ
No conozco tu nombre
¿quieres ser mi enemigo?
hoy
Y nos fuimos
en marzo
con la boca en un puño
aprieta las cuchillas
El cielo
a gajos
las nubes tordas
las grullas
goma de borrar
el rotundo roto del poema antes de beber
y la retama alrededor de las blasfemias
después
Nos fuimos en marzo
Frente a la ventana de la cocina
entre el edificio de protección social y vivienda joven
de diez plantas
que estiran como tripa de chicle
sobre la avenida san diego
un viejo arce blanco
a la altura del tercero B
segunda escalera
un nido
antes-de-ayer llegaron las palomas
están a sus cosas
el pequeño Bakunin
(el gato rubio con la cola rota que llegó en junio infestado de garrapatas)
dedica parte de la mañana a observar los progresos de la familia
sentado sobre la lavadora
Marzo se muere
y los enemigos vuelan intactos
son grullas
sobre el lago de unos ojos
perpendiculares como el acero
de los nervios de Entrevías
extendidos sobre el lomo de una ciudad enferma
que insiste
dumb dumb dumb
en derribar el nido
devorar los pollos
que seamos siempre
enemigas.
Carlos de la Cruz
lunes, 25 de marzo de 2019
viernes, 22 de marzo de 2019
jueves, 21 de marzo de 2019
LA NEGRA LUZ DEL CÍRCULO OSCURO: José G. Cordonié.
La Negra Luz del Círculo Oscuro es una colección de relatos englobados en el subgénero “Weird fiction”, o ficción de lo extraño, en la que podemos encontrar historias que transcurren en un insólito cotidiano, dentro de una atmósfera donde es difícil de definir, en ocasiones, si nos hallamos frente a un hecho extraordinario o ante una creación inexplicable de nuestra mente.
Un hombre que descubre que su cara no es su cara en el espejo, un niño que contacta con el más allá a través de una caracola de mar, un vampiro que se enfrenta a la pérdida de memoria, o un hombre que se encuentra con su doble exacto en una difícil y confusa situación, son algunos de los temas que puedes encontrar en estos relatos, escritos con una alta dosis de creatividad y originalidad para transformar momentos de la vida de los personajes en situaciones que provocan asombro y extrañeza.
miércoles, 20 de marzo de 2019
OFERTAS por ANA PATRICIA MOYA
I
LATAS DE ATÚN (2x1)
Frente al estante de las conservas
no suelo tardar mucho en escoger
siempre lo más barato
sin embargo, en el amor,
ya no me vale cualquiera
para consumir esta soledad tan insípida.
II
FRUTA DE TEMPORADA
Compro un cuarto de manzanas verdes
-mis favoritas, tan ácidas-
las conservo en el cajón del viejo frigorífico
y me apuro en comérmelas pronto
que todo se enfría, hasta pudrirse,
como lo nuestro,
que nació y murió sin nombre.
III
PESCADO FRESCO
FRUTA DE TEMPORADA
Compro un cuarto de manzanas verdes
-mis favoritas, tan ácidas-
las conservo en el cajón del viejo frigorífico
y me apuro en comérmelas pronto
que todo se enfría, hasta pudrirse,
como lo nuestro,
que nació y murió sin nombre.
III
PESCADO FRESCO
A diario, me cuentan novedades
del panorama literario
pero más me entusiasma
la bajada de precios,
cada día que pasa menos me interesan
los fariseos de las letras y sus imperios
y sobre este plato hay un filete
/ de lenguado
-un lujo que me permito cada
/ tres semanas-
hay más poesía.
pero más me entusiasma
la bajada de precios,
cada día que pasa menos me interesan
los fariseos de las letras y sus imperios
y sobre este plato hay un filete
/ de lenguado
-un lujo que me permito cada
/ tres semanas-
hay más poesía.
Ana Patricia Moya, de La casa rota (Versátiles, 2019)
http://versatileseditorial.es/producto/la-casa-rota-ana-patricia-moya
http://versatileseditorial.es/producto/la-casa-rota-ana-patricia-moya
martes, 19 de marzo de 2019
EN LA JUNGLA SE OYE ALGO por ELOÍSA TROYA
algunos poetas salen
locos
buscando algo
de clemencia.
La palabra
muerta es masticada y
la piel se les esconde.
Temblorosos
piden pan,
alimento sólido,
promesas.
Gritan.
En la jungla
se oye algo.
Miran,
comen,
deletrean.
Eloísa Troya
lunes, 18 de marzo de 2019
PARALIPSIUM I por FRANCIS SANRU
querido hermano,
ella me dijo:
-Este no es tu sitio.
Este no es tu hogar.-
Llevo cuatro años
junto a los guerreros
y he aprendido
que podría regresar
y depositar mi martillo
de guerra
junto a la araña,
en lo más profundo del agua.
En agosto del 18,
un robot compuso un poema
y te nombró como Janes Barley.com
por diez veces.
Era verano
y celebrábamos la libertad.
Joy bailaba “Western Shores”
en un pequeño escenario.
Luego recitaba poemas
sobre extraños regalos
dejados a los muertos
en el cementerio
de Godbye Spring Circle.
El jardín era una fiesta
lleno de estrellas.
Un universo de nieve
en el calor global
hasta que llegó,
como un regalo en vacaciones,
la fría guerra.
Un plaga.
Oraciones.
La Iglesia, hermano,
repletas de banderas
de memoria,
de información.
De revelación.
Microlocura
de un nuevo mundo.
Ovejas solitarias
en charcos de sangre,
observando árboles arder.
El dragón Alisa,
con cabeza de libélula,
regaba el país
con demonios Dédalos
que cantaban tristes Blues.
¿Qué nos salvó?
ella me dijo:
-Este no es tu sitio.
Este no es tu hogar.-
Llevo cuatro años
junto a los guerreros
y he aprendido
que podría regresar
y depositar mi martillo
de guerra
junto a la araña,
en lo más profundo del agua.
En agosto del 18,
un robot compuso un poema
y te nombró como Janes Barley.com
por diez veces.
Era verano
y celebrábamos la libertad.
Joy bailaba “Western Shores”
en un pequeño escenario.
Luego recitaba poemas
sobre extraños regalos
dejados a los muertos
en el cementerio
de Godbye Spring Circle.
El jardín era una fiesta
lleno de estrellas.
Un universo de nieve
en el calor global
hasta que llegó,
como un regalo en vacaciones,
la fría guerra.
Un plaga.
Oraciones.
La Iglesia, hermano,
repletas de banderas
de memoria,
de información.
De revelación.
Microlocura
de un nuevo mundo.
Ovejas solitarias
en charcos de sangre,
observando árboles arder.
El dragón Alisa,
con cabeza de libélula,
regaba el país
con demonios Dédalos
que cantaban tristes Blues.
¿Qué nos salvó?
Francis SanRu
viernes, 15 de marzo de 2019
jueves, 14 de marzo de 2019
EL GRAN IMPACIENTE: Suicidio Literario y filosófico.
1942, ciudad brasileña de Petrópolis: un célebre escritor austriaco redacta su nota de despedida unos minutos antes de ingerir una dosis mortal de narcóticos: «Yo, demasiado impaciente, me marcho antes». Palabras que sentencian el espíritu común que aúna a los más de trescientos cincuenta autores que convoca el poeta, ensayista, crítico literario y novelista Toni Montesinos, desde el siglo VI antes de Cristo hasta el XXI. Por medio de todos ellos, asistiremos a un desfile protagonizado en paralelo por la muerte voluntaria y el arte literario y filosófico llevado, en muchas ocasiones, hasta el paroxismo; conoceremos un amplio repertorio de métodos, lugares y excusas para salir de la vida; viajaremos en el tiempo para descubrir detalles de derecho, religión o psiquiatría que explican la actitud histórica frente al suicidio; descubriremos un gran número de novelas, poemas, obras teatrales y ensayos que han abordado este mortuorio asunto... Pero, por encima de todas estas perspectivas, se impondrá el pálpito de cada historia personal o artística, la asombrosa abundancia del suicidio entre las creaciones y existencias de los escritores —todo un aluvión en la pasada centuria—, y, en definitiva, la presencia subliminal, constante e inevitable, en torno al modo de afrontar nuestra propia mortalidad.
Sobre la obra:
"Toni Montesinos ha creado en poesía, ensayo y novela un contexto singular. Por ejemplo, su obra El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, pieza inclasificable en cualquier bibliografía sociológica, psicológica o literaria mundial y, por lo tanto, doblemente rara en lengua española. Su brevedad esconde el fascinante fulgor del dolor, el consuelo, la libertad y el horror. Y así inicia un apasionante recorrido por la historia y ciertos perfiles del suicidio, que se complementa con una exasperante cronología al respecto y con el modus moriendi y las clasificaciones del suicida. ¿Entonces hemos estado ante un ensayo literario, un vademécum, un libro que es necesario tirar o convertirlo en objeto de cabecera? No importa la respuesta: su resplandor nos seguirá siempre."
José Balza, «Inflexiones: Toni Montesinos», en Ensayos simultáneos, Universidad Autónoma de Querétaro, Santiago de Querétaro, 2017.
miércoles, 13 de marzo de 2019
ABEL SANTOS: Huelga decir.
CUENTAS LA SUERTE A PULSO
Madrid de 2009
es una ciudad de medio millón de parados
según las últimas estadísticas.
A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
yo me revuelvo y me incorporo
y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
porque 190 pulsaciones
no son bastantes para las 200 que requería
el puesto de grabador de datos.
Desde que tenía 16
he tendido los ojos para siempre
a este hermano imbécil o santo del poema,
que dijo Raúl Núñez.
Así que descargo mobiliario escolar
en colegios tipo El club de los poetas muertos
con trofeos y jardines y mucha luz...
Y le pido cuentas, a mis 33 años, a la poesía
que me ha llevado a estar ganándome así el pan
junto con estudiantes veinteañeros.
200 pupitres a músculo en 150 minutos.
La situación —me dicen—está peor
de lo que habíamos imaginado
para que alguien de tu edad trabaje con nosotros.
Ellos fuman y hablan con optimismo
de las fiestas universitarias en Salamanca
con jóvenes y copas hasta arriba, de drogas
que probarían y de besarse
con buenas chicas en lugares
sin demasiado peligro de vida o de cansancio.
400 sillas de futuros economistas a la espalda.
Y entonces comprendo
que me pesan más los errores y la espera
de reconocimiento y jardines y mucha luz...
Hay miles de premios, por suerte,
para seguir escribiendo.
Yo pienso en ti,
en cómo tus abrazos me arman de paciencia
en las tibias e insolventes tardes otoñales,
y en cómo mi corazón es ahora un guerrero distinto
que se está ganando a pulso la eternidad contigo
en este contrato basura con el tiempo.
Donde el amor siempre cuenta.
*
EL ENCARGADO
Bueno, de acuerdo, mira,
esto es lo máximo a lo que pueden aspirar
los tipos como nosotros:
no hay más.
CHARLES BUKOWSKI
Fue mi jefe en aquel almacén
de La Moraleja, aquella mañana de derrota,
quien me hizo la pregunta inesperada
cuando confesé que no me gustaba el fútbol
y que mi pasión era la escritura:
—¿Eres un hombre sensible?
de lo que habíamos imaginado
para que alguien de tu edad trabaje con nosotros.
Ellos fuman y hablan con optimismo
de las fiestas universitarias en Salamanca
con jóvenes y copas hasta arriba, de drogas
que probarían y de besarse
con buenas chicas en lugares
sin demasiado peligro de vida o de cansancio.
400 sillas de futuros economistas a la espalda.
Y entonces comprendo
que me pesan más los errores y la espera
de reconocimiento y jardines y mucha luz...
Hay miles de premios, por suerte,
para seguir escribiendo.
Yo pienso en ti,
en cómo tus abrazos me arman de paciencia
en las tibias e insolventes tardes otoñales,
y en cómo mi corazón es ahora un guerrero distinto
que se está ganando a pulso la eternidad contigo
en este contrato basura con el tiempo.
Donde el amor siempre cuenta.
*
EL ENCARGADO
Bueno, de acuerdo, mira,
esto es lo máximo a lo que pueden aspirar
los tipos como nosotros:
no hay más.
CHARLES BUKOWSKI
Fue mi jefe en aquel almacén
de La Moraleja, aquella mañana de derrota,
quien me hizo la pregunta inesperada
cuando confesé que no me gustaba el fútbol
y que mi pasión era la escritura:
—¿Eres un hombre sensible?
—Tan sensible como cualquiera que lo sea,
pero con un detalle:
soy receptivo al mensaje oculto de la vida,
por ello me encargo de transmitir
lo que otros no pueden
a través de la función de las palabras.
Aunque no siempre funciona.
Pareció comprenderlo.
Algo brillaba en la superficie triste de sus ojos.
Uno se da cuenta,
tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
(junto con tus emociones más profundas),
que el cliente no apreciará en el pedido
nada más que el lenguaje
de una estúpida y perfecta maquinaria.
Hay que seguir trabajando.
https://boriaed.com/producto/huelga-decir/
pero con un detalle:
soy receptivo al mensaje oculto de la vida,
por ello me encargo de transmitir
lo que otros no pueden
a través de la función de las palabras.
Aunque no siempre funciona.
Pareció comprenderlo.
Algo brillaba en la superficie triste de sus ojos.
Uno se da cuenta,
tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
(junto con tus emociones más profundas),
que el cliente no apreciará en el pedido
nada más que el lenguaje
de una estúpida y perfecta maquinaria.
Hay que seguir trabajando.
Abel Santos, de Huelga decir (Boria Ediciones, 2019)
*
En este nuevo libro de poesía de Abel Santos, escrito entre los años 2008 y 2018, se trata la crisis económica, social y espiritual que azota el mundo, aunque centrada principalmente en España, tras el crack bursátil de la bolsa en 2009, para hablar de desahucios, manifestaciones, contratos basura, religión, desempleo, política, adicciones, revolución sexual y poesía empleando distintos tonos de voz que representan a una ciudadanía a la que ya sólo le queda llamar a Dios con un grito humano, en legítima defensa, en un último gesto desesperado ante el abismo.
martes, 12 de marzo de 2019
LA CASA ROTA: Ana Patricia Moya.
En La casa rota, Moya recurre al ambiente cercano, sagrado e íntimo del hogar; un contexto históricamente abundante en la poesía de mujeres que se han visto, quieran o no, relegadas por la crítica y el establishment literario al ámbito de lo cercano y lo menor. Este contexto aparentemente poco pretencioso se convierte en este poemario en algo metafórica y existencialmente incluyente a través de la fuerza de las palabras. “Algunas mujeres se casan con casas”, decía la gran poeta Anne Sexton, consciente, como Ana Patricia, de que ese lavar incansable que recrea en sus poemas es metáfora de algo más: una identificación con la suciedad que se acumula en esas paredes-piel, paredes-útero, que es necesario limpiar como un acto de redención.
(Prólogo de Marisol Sánchez Gómez).
Estos poemas hablan de esa soledad de las latas de atún en el estante. Expresan una espera desde la nada y hacia la nada, un anhelo de que algo cambie de una vez en la jerarquía de la despensa. Mientras, se hacen otras cosas. Se echa en falta la tarrina de arroz perdida - un minuto en el microondas, perforar previamente, abrir con delicadeza porque quema -, que no va a volver, pero por si acaso. Se escudriñan los rincones del no-pasa-nada, la obsesión te abofetea - con delicadeza, porque quema -, la pulcritud que ofrece la soledad también permite envenenarse. Sí, estos poemas son soledad - no va a volver, pero por si acaso -, espera, melancolía y un impulso de convicción: las cosas que no están aquí, en el estante, tampoco saben las respuestas.
(Epílogo de Chá Lucena).
lunes, 11 de marzo de 2019
ELLA NUNCA SE LLAMÓ MUERTE por PEPE PEREZA
José Luis saca la camilla del quirófano y la empuja hasta el ascensor más cercano. El ochenta por ciento de su trabajo consiste en eso: llevar pacientes de sus habitaciones a los quirófanos y, una vez intervenidos, traerlos de vuelta a la habitación. Los quirófanos están en el ala oeste del edificio, es decir, justo en el otro extremo de donde se encuentran las habitaciones. Los arquitectos que diseñaron el hospital se lucieron a la hora de ubicar las instalaciones. Por su incompetencia él y los demás celadores se ven obligados a empujar las camillas por una serie de intrincados pasillos que no terminan nunca. La media de kilómetros en una jornada normal es de quince. Está agotado de tanto paseo. Pronto será mediodía y podrá irse a casa a descansar. Una vez dentro del ascensor, pulsa el botón de la planta baja. En cuanto se cierran las puertas, se inclina sobre el paciente anestesiado para extraerle una espinilla que tiene en la frente. Presiona con los dedos hasta que empiezan a salir las impurezas. Es como un orgasmo de grasa y pus. Le encanta esa sensación. Ya desde niño sentía una atracción irresistible por cualquier tipo de erupción cutánea. Su etapa de acné, al contrario que los demás adolescentes, fue un regalo para él. Cuando pasó y dejó de tener granos propios empezó a pedirles a sus familiares y amigos que le dejasen reventar los suyos. En ese momento las puertas del ascensor se abren. Él se coloca detrás de la camilla y la empuja a lo largo del pasillo.
José Luis llega a casa empapado. Está lloviendo a mares y se le ha olvidado el paraguas en el trabajo. Se seca por encima con una toalla, luego se quita la ropa mojada para ponerse un albornoz. Está cansado y debería acostarse, pero ha bebido demasiado café a lo largo de la jornada y ahora no tiene sueño. Ya dormirá más tarde. Conecta el ordenador y va directamente a la página de YouTube. Escribe: Extracción de quistes sebáceos. Aparecen una gran variedad de vídeos. Los hay para todos los gustos. Granos con pus lechoso y sangriento, con textura de nata batida, (esos son sus preferidos), también hay imágenes de puntos negros que al extraerlos del interior de la piel parecen tiras de papel arrugado… A José Luis le reconforta ver el número de visitas de la mayoría de los vídeos. En algunos se cuentan por millones. Eso quiere decir que su extravagancia es más común de lo que pensaba. Selecciona un vídeo que no había visto antes. Se trata de la extracción de un quiste en la mejilla de una mujer. Lo novedoso es que la perforación la hacen con rayos láser. El carrillo abarca la pantalla en un primerísimo plano. Unas manos enguantadas con látex dibujan un pequeño círculo con un rotulador negro, delimitando la zona a tratar. Seguidamente apoyan una guía metálica y proyectan el rayo en el centro del círculo dibujado. Se ve perfectamente cómo el haz de luz penetra en la carne. Seguidamente presionan con ambos pulgares hasta que la grasa es expulsada. Una vez que han retirado las impurezas, con unas pinzas proceden a extraer la membrana interior que envolvía la grasa, y la cortan de raíz con unas tijeras. Justo en ese instante le llega un mensaje por Whatsapp. Es Mónica.
*¿Qué haces?
*Poca cosa.
*Lo digo por si quieres pasarte por casa. Mi marido acaba de salir para ir al aeropuerto y voy a estar sola todo el día.
Aunque está cansado, un polvo con Mónica siempre merece la pena. Por otro lado, llueve y hace frío. No le apetece volver a salir de casa estando el día así. Se lo hace saber.
*¿Has visto la que está cayendo? Es el puto diluvio universal.
Como contestación, Mónica envía un selfie de sus tetas.
*Si quieres catarlas vas a tener que mover tu culo hasta aquí.
No las muestra desnudas, pero sí enseña suficiente carne para despertar su interés. Aunque lo que realmente llama su atención no son los pechos, sino una zona de puntos negros que está en medio. Son espinillas. Ese *detalle inclina la balanza.
Vale, pero antes tengo que ducharme.
*No olvides afeitarte.
Mónica le tiene prohibido cualquier asomo de barba. No quiere sarpullidos ni irritaciones en su piel que puedan alertar a su marido.
Al salir del portal lo primero que ve es un paraguas rodando por la acera y a su dueña persiguiéndolo. Y es que, para empeorar la cosa, a la borrasca hay que sumarle fuertes rachas de viento. Los ingredientes perfectos para un día de perros. La parada de autobús está a un par de manzanas. José Luis corre en esa dirección procurando pasar por debajo de los soportales y las marquesinas que encuentra por el camino. Llega a la parada y espera. El autobús tarda en llegar. Con ese tiempo el tráfico es un caos. Se oye el silbido de un Whatsapp. Todos los que están en la parada miran sus Smartphone. El aviso es para él.
*¿Dónde coño estás?
Está empapado y temblando de frío, esperando un autobús que no termina de llegar. Lo que menos le apetece es que le metan prisa. Por un momento se plantea volver a casa y dejarla plantada. Pero se acuerda de la zona de puntos negros y cambia de opinión.
*Estoy llegando.
*Ok, date prisa.
Por fin, aparece el autobús. Va lleno y hay que sacar los codos para hacerse hueco entre los pasajeros. De entre la mezcolanza de rostros hay uno que le resulta familiar. Es una mujer delgada, de piel pálida que está sentada junto a una de las ventanillas. No sabe de qué la conoce, pero hay algo en ella que le inquieta. Como en un puzle intenta encajar a esa persona en su vida. Ahora cae. Ambos estudiaron juntos en tercero y cuarto de EGB. Ella se llama Natividad. Recuerda que era una niña de piel blanca y ojeras pronunciadas, excesivamente tímida que se sentaba delante de su pupitre. Sin duda, el remordimiento que siente se debe a que por aquel entonces él no paraba de tomarle el pelo. Un día, tuvo la ocurrencia de darle la vuelta a su nombre, en vez de Natividad decidió llamarla Muerte. El hecho de tener un aspecto enfermizo posibilitó que el mote cuajará y que todos los alumnos terminaran llamándola así: Muerte. Ella nunca se lo perdonó. Se abre paso entre los pasajeros y se acerca a su asiento.
-Hola ¿Te acuerdas de mí?...
Se puede ver en su cara que sí. Él se fija en un pequeño granito que ella tiene junto a la comisura de la boca. Calcula que le faltan tres o cuatro días para que sea una espinilla lista para reventar.
-Ha pasado mucho tiempo, pero quiero que sepas que lamento mucho todas las trastadas que te hice en el colegio –le dice.
-¿Trastadas?
-Bueno, ya sabes.
-Lo que tú llamas trastadas para mí fueron crueles humillaciones.
-No crees que exageras. Yo solo le di la vuelta a tu nombre.
-Veo que no tienes ni idea del daño que me hiciste con eso. Un día, una niña se acercó a mí y me escupió en la cara porque dijo que su abuela había muerto. Lo malo es que lo hizo porque creía que yo era la culpable, pensaba que la decisión había sido mía.
-...
-Tengo una hija. El próximo año empezará a ir al colegio. Mi gran temor es que la sienten cerca de un canalla como tú.
Dicho esto, recoge sus cosas, se dirige a la parte trasera y aguarda a que el autobús se detenga. Cuando lo hace, se apea y se aleja calle abajo lidiando con la lluvia y el viento. Las puertas se cierran para seguir con el trayecto. José Luis ocupa el asiento que Natividad ha dejado libre. Aún conserva su calor corporal. En ese momento, le llega un Whatsapp.
*Han suspendido el vuelo de mi marido por el temporal. Lo siento, tendremos que vernos en otra ocasión.
El mensaje acaba con una serie de emoticonos con caras tristes: ******
Pelotas amarillentas, quistes sebáceos listos para reventar.
Pepe Pereza, de A pesar del frío (Canalla ediciones, 2019).
viernes, 8 de marzo de 2019
EL TIEMPO DE LOS ASESINOS: Ya a la venta.
Cada cierto tiempo asciende del infierno al purgatorio algún profeta, un visionario que embriaga con palabras, que escupe fuego y se desnuda y abrasa al mundo en sus pasiones, un ángel caído que recorre las calles con su pluma y hace de la tragedia humana una canción, un himno de vida y sentimiento que sublima en poesía nuestro absurdo.
Este ensayo es un rendido homenaje a estos pioneros, alquimistas del lenguaje que hicieron arte de sus vidas, rompiendo tabúes y abriendo nuevas vías de expresión, para demostrar que la literatura no es solo un ejercicio de estilo y de retórica, un juego de señoritas, sino también, y básicamente, un arma de lucha y subversión.
Vicente Muñoz Álvarez
*
Semblanzas de: J.K.HUYSMANS, OSCAR WILDE, G.I. GURDJIEFF, ARTHUR MACHEN, H.P. LOVECRAFT, LOUIS FERDINAND CÉLINE, HENRY MILLER, MALCOLM LOWRY, DYLAN THOMAS, WILLIAM S. BURROUGHS, JACK KEROUAC, CHARLES BUKOWSKI y RAÚL NÚÑEZ.
Edición en papel:
Booktrailer:
jueves, 7 de marzo de 2019
PORMINACER por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ
Pertenecer a algo,
permanecer en alguien,
el eterno objetivo,
el eje rotativo
sobre el que siempre giran
los profundos anhelos
de la raza humana,
oscilatoriamente,
así,
como un péndulo:
Pertenecer
Permanecer
Pertenecer
Permancer
Debería existir un híbrido
entre ambos,
podríamos llamarlo, no sé,
"porminacer",
¿a que suena bonito?
Porminacer...
la ingeniería mecánica
de la autoestima,
la rotación completa,
la gran revolución,
alumbrarnos de nuevo
después de la caída,
lamernos las postillas,
rodar como peonza
panza arriba
besando el remolino
del ombligo
y aprender a querernos
de una maldita vez
sin sentirnos culpables.
Gema Fernández Martínez
miércoles, 6 de marzo de 2019
HUELGA DECIR: Prólogo.
Vivimos tiempos extraños. O, tal vez, la vida en sí es extraña. Y eso la acerca al misterio y, por lo tanto, a la belleza.
Ana Frank escribió en su diario: «No veo la miseria que hay sino la belleza que aún queda».
De ahí, de esa belleza clandestina y oculta, se alimentan todos y cada uno de los poemas de este libro. Tan solo con eso ya sería suficiente para devorar página tras página hasta quedarnos sin aliento. Pero hay más; mucho más.
Día a día. Hora a hora. Minuto a minuto comprobamos en nuestra propia piel cómo el mundo, este mundo roto desde el principio, se desmorona y nos empequeñece. A veces, todas las veces, es necesario apartarse a un rincón y respirar, simplemente. Y es ahí, en ese rincón solitario, donde la poesía de Abel Santos se reconoce y emerge a la superficie.
Abel es un poeta sincero: no acepta otra forma de ser poeta y persona. Es su verdad limpia, transparente, sin tapujos ni sombras. Sus poemas no son un refugio: más bien son un territorio que roza lo sagrado y lo próximo. Abel Santos enciende un cigarro y se da un paseo por la realidad, recorre sus estrechos callejones, impregna de luz y emoción cada desencuentro y cada obstáculo. La poesía como medicina, como oxígeno, como bálsamo, como la más excelsa de las libertades.
Novalis lo dice: «La poesía cura las heridas infligidas por la razón».
Escribir y vivir, que para Abel Santos es lo mismo, significa mantenerse en pie, encajar los golpes, esquivar la muerte de alguna manera. Él, el poeta, atravesó el infierno, lo cruzó desnudo de emociones para adentro y salió de allí con un par de rasguños y el alma intacta y purificada, sonriendo. Algunos lo llamarán suerte. Yo lo llamo valentía, heroicidad, resistencia. La vida consiste en fracasar y volver a intentarlo. No tirar la toalla. Recuperar la fe en un mundo sin fe ni esperanza y casi sin amor.
Pero en este libro el amor está por todas partes. Para Abel Santos, eterno superviviente, el amor es el combustible que pone en marcha, y en orden, este universo; que le da sentido a la oscuridad de ciertos días y que nos protege del vértigo de tantas noches, enfermas y huecas. Él ama y escribe. Acaricia y sueña. El cuerpo de la persona amada se convierte constantemente en poema; sin duda, en el único poema posible.
Agarrarse al amor. Atrincherarse entre sus brazos todo el tiempo que sea preciso. Dejar de huir. Construir cielos donde antes hubieron cicatrices. Escribir un poema, para Abel Santos, es eso: dar el corazón a otros, cuantas veces haga falta, sin levantar la voz, sin exigir nada.
Paul Eluard lo tenía claro: «La única misión del poeta es no negar el dolor».
Ten cuidado, pues, lector con el libro que tienes entre tus manos; ya nada ni nadie será igual cuando salgas de aquí. Eso es lo que tiene la buena poesía, como lo es ésta: nos remueve por dentro, hace que se tambaleen nuestros inamovibles ideales, nos convierte en personas diferentes, en definitiva y en esencia.
Un antiguo dicho alemán nos advierte: «Todo lo que te hace mejor es verdad».
Huelga decir que los poemas de Abel Santos son verdad.
Y que a nosotros, seres afortunados por estar con él, nos hacen mejores y libres, más humanos y menos desdichados.
Javier Cano
*
En este nuevo libro de poesía de Abel Santos, escrito entre los años 2008 y 2018, se trata la crisis económica, social y espiritual que azota el mundo, aunque centrada principalmente en España, tras el crack bursátil de la bolsa en 2009, para hablar de desahucios, manifestaciones, contratos basura, religión, desempleo, política, adicciones, revolución sexual y poesía empleando distintos tonos de voz que representan a una ciudadanía a la que ya sólo le queda llamar a Dios con un grito humano, en legítima defensa, en un último gesto desesperado ante el abismo.
martes, 5 de marzo de 2019
SÓLO TIENE QUE FIRMAR por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN
No ha sido una pesadilla al uso, pero creedme cuando os digo que nunca he tenido un sueño tan angustioso ni he pasado tanto miedo.
Como en una suerte de distopía, a las puertas de una ciudad amurallada —mi ciudad— dos individuos recogían firmas para su causa: «¡Firme nuestro documento denunciando el daño que hacen los inmigrantes! ¡No tenga miedo ni vergüenza, nosotros le creemos! ¡Ha llegado el momento de que alguien haga algo!».
Aunque me ardía la sangre de la ira no me atrevía a encararme con ellos y decirles lo que pensaba: TENÍA MIEDO.
Entraba en la ciudad mirando al suelo, al frente, haciendo como que no les veía —señor, eh, señor, no le robaremos mucho tiempo, sólo tiene que firmar— y, a partir de ese momento, sentía la presión de las miradas sobre mis hombros: «ese es el que no ha querido firmar».
Asustado y sintiéndome perseguido entraba en un bar en el que, según la lógica onírica del guion, siempre me habían tratado bien, pero todos callaban y el camarero no me hacía el menor caso hasta que, desolado, agachaba la cabeza y me iba por donde había venido teniendo claro que acababa de quedarme sin amigos.
Al volver a casa encontraba unos niños jugando en mi cocina. Intentaba echarlos sin éxito; apenas levantaban tres palmos del suelo y no era capaz de mostrar ninguna autoridad ante ellos, hasta que uno, ya cansado de escuchar mis quejas, me decía sin parpadear y muy seguro de sí mismo, como aquellos infantes en El pueblo de los malditos: «si me tocas un pelo le digo a mi papá que eres amigo de los moros».
Como si el Diablo hubiera apoyado su mano en mi espalda, salía huyendo sin pensarlo de mi propio hogar. Iba a casa de mi pareja (en el sueño no vivía con ella) y le decía que tenía que irme. Nos abrazábamos llorando, no sé por qué razón no podía acompañarme. Ella lo es todo para mí, cuando abandoné su casa ya no tenía nada, era una sombra sin hogar ni alma ni esperanza.
A duras penas recuerdo las últimas pinceladas del aquelarre: acababa llorando en una pensión de mala muerte a la que no sé cómo llegaba, pensando que tenía que darme prisa en sacar todo mi dinero del banco antes de ser incluido en alguna lista. Sabía que, como fuera, tenía que salir del país. Con lo puesto. Con el estómago vacío. Sudaba y temblaba, no era capaz de emprender ninguna acción más allá de dar vueltas a la estancia. Recordaba todo lo que había leído sobre la guerra civil, pero Francia ya no me parecía un destino seguro, como no me lo parecía ningún rincón de Europa.
Y desperté.
Afortunadamente los sueños, sueños son, y el ser humano aprende de la historia para no repetir los mismos errores.
¿Verdad?
Luis Sánchez Martín
lunes, 4 de marzo de 2019
HOMENAJE PÓSTUMO Y OTROS RELATOS: Lamar Henry.
Una pareja en busca de la tumba de una muchacha muerta muchos años atrás; una anciana que recuerda el linchamiento de un negro en el pueblo de su infancia; un grupo de amigos que deciden conservar una reliquia de un ser querido; un viaje al oeste a través de la ventisca… Las interestatales, los moteles de carretera, las granjas, las gasolineras, las pequeñas ciudades de la América profunda, son el escenario sobre el que este puñado de personajes tratan de encontrar sentido a sus vidas con la vista vuelta hacia un ayer que ya no existe.
*
“Los lectores disfrutarán de estos cuentos por la brillantez de su estilo y por la emoción con que afrontan el desafío de construir una vida que merezca ser vivida.” Ron Charles, The Washington Post.
“Lamar Herrin siempre ha escrito maravillosamente, de un modo que recuerda a J. M. Coetzee.” Lorrie Moore
“Relatos delicadamente construidos, de una dimensión casi mística.” William Kennedy
“Un libro escrito con gran imaginación y esmero, sin el lastre de las convenciones al uso.” James Salter
*
Lamar Herrin: Nació en Atlanta, Georgia (EE. UU) en 1940. Es autor de las novelas: The Rio Loja Ringmaster (1977), American Baroque (1981), The Unwritten Chronicles of Robert E. Lee (1990), The Lies boys Tell (1992), que conoció una adaptación televisiva protagonizada por Kirk Douglas, House of the Deaf (2005), publicada en España como La casa de los sordos (Chamán Ediciones, 2017), Fractures (2013), Father Figure (2016). En este 2019 aparecerá Fishing the Jump, su última novela. Los relatos de Lamar han aparecido en publicaciones como The New Yorker, Harper’s, The Paris Review y Epoch. Es profesor emérito de escritura creativa en la Universidad de Cornell, estado de Nueva York. Su libro de memorias, Romancing Spain, (2006), recoge en parte su lucha con la iglesia católica y el gobierno de Franco para lograr casarse con una muchacha española en 1970.
viernes, 1 de marzo de 2019
jueves, 28 de febrero de 2019
MUNCH Y LAS PESADILLAS por PABLO CEREZAL
Anoche tuve una terrible pesadilla. Mi sien se licuaba en rizos de almohada que sólo almohadillaba mi febril subconsciente, y soñé que me habías arrebatado el sexo. Mi sexo, ese arma de flama sintética y músculo sin caverna, te pertenecía ya, sólo, a ti, y yo no podría nunca jugar a organizar el Lego de su mecánica incorrecta. Me palpaba la entrepierna, una y otra vez, en sueños, y mis dedos horrorizados conocían cráteres de vacío... porque mi sexo ya no estaba en el lugar que le corresponde. Ni en ningún otro. Tú te lo habías robado, para espanto de mi lubricidad y sorpresa de mi pantalón pijama.
Ha sido una noche horrible... imagínenlo por un instante.
Luego, tarde, la mañana ha llegado desvencijando persianas y aullando automóviles. He salido de la cama a duras penas. Y contra duras penas duro pene que no existe, camino del cuarto de baño, carente de la erección matutina, esa alquimia de líquidos retenidos y subconscientes erectos no, no existía. Me he asomado al espejo por descubrir querellas de afeitado y noches jugando escondite en mis ojeras, por descubrir que sigo siendo el mismo que anoche, soñando, se acostó a tu lado.
La realidad, atronadora, me ha descubierto que lo de anoche no fue pesadilla. Me has arrebatado el sexo, amor, y ya no sé qué hacer hoy ni si merece la pena correr tras los taxis que nunca podré pagar para no llegar tarde al trabajo. ¿Para qué trabajar? ¿Qué trabajo?
Hoy he descubierto que lo que siempre soñé no es más que urdidumbre de espanto que troca pesadilla cuando lo real me viene. Y es que hoy, amor, he descubierto que es tuyo, mi sexo. Y lo imagino latiendo mi ausencia de latido, cual juguete infeliz jugando a nada en la hendidura feliz de tu vientre, programando nataciones tristes en la bajamar de corre que te pillo de tu exceso.
Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo, y lo imagino perdido en el estómago de tu bolso, entregado a orgías de papel moneda, moneda de cara larga, cara de carné de identidad y besos en el esmalte grueso de tu pintalabios, al que inventa felaciones de ayer y sonrisas de antaño.
Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo y se retuerce por acariciar tus noches de tomillo y miel usada, perdido en el fragor de tus axilas para desodorizarte placeres que no tienes ni deseas pero que yo, ya carente de mí, te anhelo.
Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo, amor, y lo comprendo tumbado en un diván, inventando frente a ti psicologías que expliquen la caricia de pétalo de tus dedos sabios en su dureza de mármol inverso y rosado.
La tarde descubre a Munch gritándome desde el espejo y ahora, en la nueva noche, perderé las manos entre mis piernas, en ese abismo que has dejado desde que te me has llevado el sexo, y te pensaré gozando, tan sola, tan con lo mío tan sin mí tan sin nosotros.
Pablo Cerezal, del blog Vislumbres del Dorado.
martes, 26 de febrero de 2019
AQUELLOS por ROLANDO MERAYO
humillados en su silencio, reciban estos versos
porque gloria no tendrán. Sacerdotes
de un paraíso indiferente, luces hurtadas,
exiliados de la carne, ustedes que han saciado su sed
bebiendo su propio llanto, disculpen a la vida
y derriben, derriben el mundo con la más hermosa ternura.
Ustedes, los únicos capaces de tanta bondad.
Rolando Merayo
lunes, 25 de febrero de 2019
HORMIGA por EVA VAZ
Ya sé, querida, entre tus cápsulas
podríamos nadar a mariposa.
Yo sabría merodear sin escándalo:
me las he escondido tantas veces
sabiendo dónde están.
Esos suicidios de juguete
qué paz amor, qué paz.
Tu vida va dando vueltas
pero tú debes dormir y olvidar,
cenicienta de dos casas,
la única niña que no se remangaba la falda
en el colegio,
la niña buena, la hija perfecta.
Ahora escuchas ruidos de noche
y la pastilla es la mejor hostia,
la que calienta tu lengua
y te quema la garganta.
Pero traga, querida, verás qué bien.
Yo te peinaré mientras te mueres
esta noche.
Mientras la estufa te habla
o te mira con ojos de rata,
mientras los libros del abuelo
se vuelven y te miran estrábicos.
Cariño, duerme, ya pasó,
mañana te pondré una cocacola
en el desayuno
mientras le grito a tus piernas
que detengan su convulsión.
Querida, ya duermes
y todas las persianas te persiguen
con ojitos pequeños
mientras el pasado te atraca:
“fui más joven y más hermosa.
Fui perfecta: ¿quién soy ahora?”
Has ingresado en el mundo
de los ruidos de venenos…
Bienvenida, pequeñita mía,
ahora duerme.
Y sueña que mañana ya serás
Eva Vaz.
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