viernes, 15 de enero de 2016

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Epílogo.



PELIS PA LA PENUMBRA: 
INSTRUCIONES DE USO (Y ABUSO)


Hace siete años dirigí una extraña película titulada Gritos en el Pasillo. Era lo que hoy en día habríamos bautizado como “cine lowcost”, o incluso como “below-cost”. Sacar ese engendro adelante me ocasionó bastante sufrimiento, pero la criatura resultante trajo consigo no pocas bendiciones.

Permitan que me centre en una de dichas bendiciones: Gracias a Gritos en el Pasillo conocí a Vicente Muñoz Álvarez, quien desde entonces se ha convertido no sólo en gran amigo, sino también en figura clave de la literatura maldita, en epicentro de mi mapa del underground español.

Cuando algunas personas perdían su tiempo discutiendo sobre si nuestra película debía o no considerarse “de animación”, Vicente le asignó un calificativo aún más discutible – el de obra de culto – al incluirla en su libro Cult Movies: Películas para llevarse al Infierno.

Aquí me tienen, tres años más tarde, con los dedos titubeando entre las teclas, sintiéndose indignos de este honor que se me ha concedido: Cult Movies acaba de tener un hermanito y Muñoz Álvarez me ha pedido que le añada este epílogo.

He empezado mencionando un suceso que ocurrió hace siete años y otro que sucedió hace tres. El siete y el tres, dos números cruciales en la magia cabalística y en los ritos de todo contador de historias que se precie. Me gusta que ambos números aparezcan en este epílogo, porque tengo la sensación de que algo esotérico gravita sobre Películas para la Penumbra.

Este libro que tienen entre sus manos – o ante sus ojos, si es que lo están leyendo a través de una pantalla – tiene un doble mérito. 

Mérito número uno: El contenido del menú. Para diseñar un catálogo de los horrores como éste hay que cavar muy hondo en las catacumbas del alma humana, hay que masticar mucha basura hasta que los dientes tropiecen con cada diamante. Este libro confirma lo que Cult Movies ya auguraba: Que Vicente Muñoz Álvarez es un explorador de lo incómodo, un arqueólogo de lo bizarro. Junto a títulos imprescindibles de maestros como Fulci, Bava, Huston, Aldrich, Clayton, Polanski, Tony Scott, Corbucci, Mercero, Fernán Gómez... aparecen otras obras y otros autores de los que no había oído hablar en mi puñetera vida.

Mérito número dos: La manera en que Vicente describe las películas seleccionadas. Además del cariño y el conocimiento de causa, encontramos un tercer denominador común en casi todos los capítulos. Muñoz Álvarez describe el visionado de esas cintas con términos que aluden a una experiencia psicotrópica, lisérgica, opiácea, alucinógena. Esta clase de adjetivos salpican las reseñas de estas películas como fragmentos de un ADN común.

Cuando Alejandro Jodorowsky (otro de los autores mencionados en el libro) intentó sacar adelante su versión de Dune albergaba una intención confesa: Que la película provocase en el espectador las mismas sensaciones y vivencias que un viaje de LSD.

Las películas que selecciona Vicente y el ángulo desde el que las enfoca apuntan en esa misma dirección: El cine como droga, como vehículo hacia otros estados de percepción mental. La experiencia audiovisual como mecanismo para alterar la conciencia, para catapultarnos hacia otras dimensiones. Ésa es la piedra filosofal que perseguimos la mayoría de los narradores, y quizá con más motivo los que, como es el caso del cineasta, trabajan con estímulos tan primitivos como la imagen en movimiento y el sonido.

En ese sentido, estas Películas para la Penumbra podrían considerarse un relevo del siglo XXI de Los Paraísos Artificiales de Baudelaire.

Dicho esto, sólo falta añadir como conclusión inevitable que a partir de ahora, Vicente Muñoz Álvarez va a convertirse en mi camello particular. Cuando la ocasión lo requiera acudiré a este libro en busca de mercancía de la buena, recorreré sus páginas hasta encontrar la dosis de droga psicotrópica que mejor se adapte a cada circunstancia. Acto seguido, buscaré dicha droga y me sentaré a disfrutarla en mi pantalla. Si se fijan, en algunos de los capítulos el camello Muñoz Álvarez sugiere cuáles son las circunstancias ideales para videar cada película. 

Invito al lector a guardar este libro en el rincón alucinógeno de su estantería, entre la O de opio y la S de setas. Le invito a elegir las obras reseñadas en él para viajar en días especiales. Días especiales para pelis especiales: Si entras en ellas, ellas entran en ti, te transforman, desencajan algunas piezas en tu interior y, merced a alguna misteriosa alquimia, sus efectos trascienden la duración de su metraje.


Juanjo Ramírez Mascaró, epílogo para Cult Movies: Películas para la Penumbra (Excodra, 2015). 




miércoles, 13 de enero de 2016

1 POEMA de PURI SÁNCHEZ




Pensé que nunca llegaría el momento
en que mirar al pasado no me pareciera cosa de viejos,
pero llegó ese instante.

Ahora me pregunto ¿será que yo, en realidad,
he envejecido más de la cuenta
o es que tengo la certeza, como el añoso,
de que el tiempo que nos queda
se convertirá en recuerdo el día de mañana?.

O será que ya me siento sin fuerzas
para emprender caminos nuevos
y prefiero mirar atrás y andar de nuevo los senderos del ayer
que, por pasados, ya no son permutables
ni potencialmente peligrosos;
tienen un mañana certero,
sin dudas ni incertidumbres.

¿Será que no necesito mayores sorpresas
que las habidas
o será que ya el futuro no creo me depare ninguna
y prefiero no vivir lo que a la vuelta de la esquina me espera?

No sé la razón, pero cada vez
me invade por más tiempo la nostalgia.


Puri Sánchez


Photo by Elisa M


martes, 12 de enero de 2016

CARRETERA, PASTA, PODER por MIGUEL BAQUERO.



De pequeño, mi padre me llevó al Canodromo. Quedé impresionado por la ferocidad brutal y ciega de los galgos en persecución de la liebre mecánica. Me pareció una pulsión oscura e indescifrable, una fiereza ancestral que, de alguna manera, se expresaba a través esta clase de perros, pero que también sacudía a los apostantes e impregnaba incluso las cercanas casas, prácticamente chabolas, de la Vía Carpetana, donde se llevaba una vida primigenia y tosca. De más mayor no volvi por allí y me repugna ese trato a los animales, pero se me ha quedado grabado el ruido y la imagen de los perros saliendo a destrozar cuando abren el portón. En todo esto está inspirada la portada de mi próximo libro, CARRETERA, PASTA, PODER, que parte de una imagen como esta.

Miguel Baquero


jueves, 7 de enero de 2016

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Entrevista en Diario de León.



Vicente Muñoz reúne en un libro los títulos más desasosegantes de la historia del cine.

E. GANCEDO | Diario de León, 4/01/2016


Son películas que dejan clavado al espectador en la butaca, completamente inmóvil hasta que empiezan a desfilar por la pantalla los títulos de crédito. Y no se trata necesariamente de filmes adscribibles al género de terror sino más bien de cintas impactantes, perturbadoras en la más amplia extensión del término, esas que anidan en la mente de quien las visualiza y se quedan allí dando vueltas durante mucho tiempo.

Así le pasó a Vicente Muñoz Álvarez con las 132 producciones que ahora ha reunido y glosado cinéfila y literariamente en la segunda parte de sus Cult Movies, Películas para la penumbra (ed. Excodra), que se suman a las 100 incluidas en aquel primer tomo de idóneo bautizo, Películas para llevarse al infierno, editado por Eutelequia en 2011. Un buen puñado de historias magníficas y desazonantes —del todo alejadas de la gran industria y los gustos de masas— en el que no pocas son españolas, raras joyas del cine más audaz.

«Se trata de un listado de las películas que de una u otra manera más me han impactado y que considero que todo cinéfilo debería ver. No de las que para mí son las mejores películas de la historia del cine, que requerirían otro listado aparte y sobre las que ya han corrido ríos de tinta —detalla Muñoz—. Eso por un lado, y por otro, y como criterio determinante en la selección, tratarse, salvo muy pocas excepciones, de películas desconocidas para el gran público, sobre las que apenas hay bibliografía ni información».

Y así, el objetivo básico de este libro, aparte del puramente literario, que también lo hay —«las conexiones de todas estas películas con libros y escritores que admiro y que he leído intensamente en el transcurso de mi vida adulta»—, es descubrir y hablar de filmes «que muy pocos conocen y que, a mi juicio, nadie debería dejar de ver», asegura.

Y si tuviera que hablar de su particular ‘pódium’, Vicente Muñoz, poeta, narrador, cinéfilo y editor del fanzine Vinalia Trippers que este año celebrará su vigésimo aniversario, se lo piensa y cita de memoria La llamada (1965), de Javier Setó, y La dama del alba (1966), de Francisco Rovira Veleta, «dos películas españolas desasosegantes y oscuras pero sumamente poéticas y muy poco conocidas», y El hombre de mimbre (1973), de Robin Hardy, «para mí una obra maestra a reivindicar».

También maneja Muñoz —que presentará su libro el próximo 21 de enero en Elektra Cómics— numerosas anécdotas relacionadas con estos títulos. «Por ejemplo, en La dama del alba hay varios mensajes subliminales escalofriantes a lo largo del metraje, que pasan prácticamente desapercibidos. Y en El hombre de mimbre, el actor principal, el gran Christopher Lee, debido al bajo presupuesto y a su pasión por el tema que abordaba, los ritos paganos, panteístas y celtas en la Inglaterra profunda, accedió, en la cúspide de su carrera, a trabajar sin cobrar para que la película saliera adelante».

Preguntado por qué razón no se suele enseñar a apreciar y a entender este tipo de cine, responde el también autor de Regresiones y Animales perdidos que, «como en la literatura y en todo el arte en general, lo que interesa y renta es lo que va destinado y puede ser consumido por la gran mayoría, best sellers y películas taquilleras que dejan al margen otros muchos aspectos, los más importantes desde el punto de vista crítico y estético». «Para acceder a la alta literatura, al gran arte o al gran cine —transmite—, hay que salirse de esos circuitos y ahondar en márgenes y extrarradios, que es donde, salvo raras excepciones, se encuentran las obras de verdadero valor intrínseco».

En los 70, más riesgo

¿Pero es que este tipo de cine resulta inexistente o del todo infrecuente en nuestros días? «No exactamente —responde—. Hoy en día se sigue rodando cine independiente, de género y de autor, a veces estupendo. Pero, como siempre sucede, ese cine no llega, o simplemente no interesa al gran público. Aunque también es cierto, y eso es evidente, que la sociedad, para bien o para mal, ha convertido en estas últimas décadas muchos temas en tabú que hoy nadie se atrevería a rodar. De ahí que muchas de las películas que reseño en este segundo volumen de Cult Movies sean de la década de los 70, un período, a nivel creativo, especialmente transgresor»

Le sorprende la pregunta de si es un director ‘en potencia’. «La verdad, nunca me lo había planteado —admite—. Supongo que en potencia sí, pero sólo en potencia. Lo que sí soy es escritor, y supongo que suplo las veces en mis propios libros, que dirijo de principio a fin». Y a un cinéfilo tan empedernido como Muñoz resulta obligado pedirle una recomendación, aunque sólo sea una. «Aconsejaría ver Harold y Maude (1971), de Hal Hashby, un canto libertario a la dignidad del ser humano y una maravillosa y corrosiva historia de amor sin fronteras».

Y en el remate alude al inicio mismo, al prólogo que firma el prestigioso crítico Jesús Palacios: «Es de lo más clarificador para comprender y saber apreciar este tipo de cine marginal e independiente. Gran suerte la mía, conocerle desde hace tiempo y contar con su prólogo».




miércoles, 6 de enero de 2016

PEQUEÑA GUÍA DE ESCRITORES SINTECHO. Patxi Irurzun


La literatura se ha ocupado en muchas ocasiones de quienes no tienen nada: vagabundos, alcohólicos, mendigos… A veces con un halo romántico que se desvanece cuando los propios autores han sido sintechos y han escrito sobre ello, como el boliviano Víctor Hugo Viscarra, que vivió treinta años en la calle, o el mexicano Carlos Flores Vargas, el “escritor apestado” que amenazó con amputarse y comerse su propio brazo.  


Patxi Irurzun. Publicado en Gara 5/01/2016

La literatura siempre ha estado ligada a la precariedad, aunque es falso que los libros no den de comer, porque hay un montón de gente que vive de ellos: editoriales, distribuidores, libreros, presentadores de televisión…; a quienes por lo general no dan de comer ni proporcionan techo los libros es a los escritores. Y tal vez por eso, por empatía o solidaridad,  muchos de ellos se han sentido atraídos y han escrito sobre quienes no tienen nada: vagabundos, mendigos, buscavidas… Los niños de la calle de Jorge Amado, los borrachos de Bukowski, el hambre de Knut Hamsum…

Muchos escritores han sufrido en silencio penurias, otros las han utilizado como un broche con el que adornar las solapas de sus libros, y hay algunos autores que han escrito sobre la indigencia desde la más pura intemperie, desde los bancos de los parques o los centros de acogida para vagabundos.

Tom Kromer y Nada que esperar

Es el caso del estadounidense Tom Kromer, de quien la editorial Sajalin publicó hace unos meses Nada que esperar, un clásico de la literatura de la Gran Depresión, que narra los cinco años que el autor pasó deambulando por albergues, vías de ferrocarril, descampados o pensiones de mala muerte. La vida de los vagabundos estadounidenses de ese periodo (retratada también en otros libros, como el magnífico Tallo de hierro, de Willian Kennedy, adaptado al cine por Héctor Babenco e interpretada en su papel protagonista por Jack Nicholson), está escrita en Nada que esperar sobre papeles de fumar o en los márgenes de los folletos religiosos de los albergues cristianos. Kromer refleja la desesperanza de un ejército de pobres vencido por el hambre y el desempleo, sus triquiñuelas para pedir limosna, la muerte de algunos compañeros, desmembrados al intentar subir en marcha a trenes de mercancías, las palizas de la policía…




Victor Hugo Viscarra

A las palizas de la policía, precisamente, achacaba otro escritor vagabundo, el boliviano Victor Hugo Viscarra, su ruina física, en lugar de a los treinta años malvividos en las calles de La Paz, o al alcohol trasegado durante todo ese tiempo. Víctor Hugo Viscarra, que murió en 2006 a los 49 años cuando parecía que tenía 70, dejó títulos como Alcoholatum y otros drinks, en los que describe la vida de los borrachos, delincuentes y vagabundos de La Paz, es decir, su propia vida: los bares como pudrideros (bares con nombres como El pezón de la mariposa o El Averno; bares en los que es posible encerrarse bajo candado para beber hasta reventar, literalmente); el sexo indigente,  buscando calor en la pestilencia y la llaga; el mundo y el lenguaje del pequeño hampa paceño… De Víctor Hugo Viscarra, una leyenda de la noche y de la literatura maldita boliviana, se han ocupado más y mucho mejor otros autores como Alex Ayala o Miguel Sánchez-Ostiz; y la editorial gasteiztarra Mono Azul publicó su título quizás más conocido y accesible, Borracho estaba, pero me acuerdo.

Carlos Flores Vargas, el escritor apestado

El mexicano Carlos Flores Vargas no es propiamente un escritor sintecho, pero sí se puede decir que vive y trabaja en la calle, que la recorre cada día de arriba abajo con sus libros a cuestas, y los recortes de prensa que hablan de “su caso”. Ganador del prestigioso concurso internacional de cuentos Max Aub en 1988, Flores firmó un contrato con la editorial mexicana Diana, pero esta retuvo sus cuentos, dilató ad infinitum la publicación de los mismos, ante lo cual el escritor inició una huelga de hambre frente a sus oficinas e incluso amenazó con amputarse y comer su propio brazo si la editorial no cumplía el contrato. La editorial finalmente indemnizó al escritor pero su pequeña victoria fue a la vez su tumba, pues a partir de ese momento ninguna otra editorial quiso publicar a un autor con fama de conflictivo como Flores Vargas. Desde entonces este vende de manera ambulante sus libros, que él mismo edita bajo sello propio (El patito feo), por el Zócalo de México DF o la Plaza Tolsá. Por cada uno de ellos pide 0,60 pesos, y además tiene una página web, www.elescritorapestado.com, en las que se pueden leer algunas de sus obras, como Cuentos de sexo o Estela y la sangre.

Néstor Sánchez

Néstor Sánchez fue amigo de Julio Cortázar, admirado por este y recomendado a prestigiosas editoriales. Compartió con el autor de El perseguidor su gusto por el jazz e intentó trasladar a sus obras sus cadencias, y las del tango y sus ambientes prostibularios. Pero solo se convertiría en un autor de culto tras desaparecer durante 14 años e incluso ser dado por muerto. En realidad Sánchez había abandonado su Argentina natal y vagabundeaba por el mundo. Su hijo Claudio, a quien abandonó con 9 años, recibía de vez en cuando postales desde Europa o Nueva York, donde finalmente pudo localizarlo convertido en un homeless y un enfermo mental. Aunque durante sus últimos días en un centro psiquiátrico (de los que deja un magnífico testimonio la doctora que lo atendió, disponible en la web dedicada al autor) Sánchez no mostró ningún interés por su hijo, lo que no ha impedido que tras su muerte este le correspondiera con amor filial —y literario—incondicional, recogiendo y publicando toda su obra, que se puede consultar y adquirir en www.nestorsanchez.com. Existe, además, un documental de Matilde Michanie titulado  Se acabó la épica, que narra la peripecia vital de Néstor Sánchez.

Miquel Fuster

Un caso más cercano es el del dibujante e ilustrador barcelonés Miquel Fuster, que tras entrar como aprendiz con 16 años en la Bruguera y trabajar como ilustrador durante años en otras editoriales de prestigio, como Norma, o agencias de prestigio como Selecciones Ilustradas, se vio en la calle a causa de una acumulación de desgracias: una ruptura sentimental, el refugio en el alcohol, el incendio fortuito de su vivienda… Miquel Fuster pasó 15 años viviendo al raso, sobreviviendo gracias  a la mendicidad, hasta que en 2007 comenzó a publicar sus vivencias en un blog que finalmente se convertiría en una novela  gráfica titulada Miquel, 15 años en la calle. Miquel mantiene además un blog en el que se pueden ver algunas páginas de este trabajo, y otras ilustraciones de trazo desgarrado y oscuro que dejan constancia de sus años como sin techo. La dirección es www.miquelfuster.com y la página se subtitula de la siguiente manera: Un blog para volver a pintar.


REGALOS DE REYES por TOMÁS SOLER BORJA



Ya envueltos
en papel dorado
repleto de estrellitas y cometas.

Y dentro
los regalos
con sus etiquetas, con sus precios
puestos, bien en grande
que se vean.

Sí, nada de despiste.
Que lo sepan, cuanto antes
mejor

lo mucho que nos cuestan
los Reyes.

Y así, siempre
sangrando a la plebe
todas las monarquías.


Tomás Soler Borja


domingo, 3 de enero de 2016

HASTA SIEMPRE LEMMY por CARLOS SALCEDO ODKLAS



Me despierto confuso, con un ligero dolor de cabeza. Miro el ordenador y resulta que lo de anoche no fue un mal sueño: Lemmy ha muerto.

Era el año 93. Yo tenía 13 años, vivía en Móstoles y estaba empezando a descubrir un tipo de música que acabaría por acompañarme siempre. Un colega me había dejado un disco de Guns n' Roses y otro de AC/DC y desde entonces no paraba de escucharlos una y otra vez de manera obsesiva. Era algo que no había experimentado nunca, se abría un mundo nuevo ante mí, un mundo intenso y peligroso, veloz y fascinante, y ansiaba explorarlo para descubrir hasta el último rincón, aunque no tenía muy claro cómo iba a hacerlo.
Por suerte al lado de la estación de cercanías había un viejo heavy que se ponía allí algunas tardes. Tenía unas cajas de zapatos llenas de cintas magnéticas, cassettes, con grabaciones pirata de los últimos discos del mercado, las portadas eran fotocopias y te los vendía a un precio especial. Yo, con 13 años y dependiendo del par de monedas que me daban semanalmente para chucherías, vi como una bendición aquel tráfico subterráneo, así que fui a visitar al heavy de la estación.
Ahí estaba, con sus cajas. Me acerqué y eché un vistazo. No sabía qué cinta elegir, había un jodido montón, y la decisión era sumamente importante ya que solo podía escoger una. Podría haber pedido consejo al heavy, pero no quería parecer un chavalillo inocente e ignorante, bastante tenía con mi corta edad, quería impresionar al heavy. Así que hice como que sabía lo que estaba haciendo. No me sonaba ningún puto nombre, pero cogí una cinta al azar, observé la portada fotocopiada con interés «mmm... mmm... ahá», la dejé en su sitio y cogí otra, ni puta idea de quiénes eran, pero hacía como que sí, creo que incluso me aventuré a soltar un «no sabía que estos habían sacado un disco» que debió sonar más falso que una moneda de seis pesetas. El tipo heavy me observaba con atención. Dejé la cinta en su sitio. Tampoco iba a estar así toda la tarde, tarde o temprano tendría que escoger una y llevármela, quién sabe cuándo podría ahorrar las bastantes monedas como para comprar otra cinta pirata, la que escogiera iba a ser la que me acompañara las siguientes semanas en el walkman, la que escucharía sin parar durante días y días, era importante no cagarla. Observé los títulos y uno en especial llamó mi atención:
MOTÖRHEAD – BASTARDS.
Mis escasos conocimientos de inglés bastaban para traducir esa palabra y si un grupo ponía un título tan directo y «atrevido» a una de sus obras me hacía pensar que el interior valdría la pena. Cogí la cinta y observé la portada, igual de simple y directa que el título: una especie de calavera de animal de enormes cuernos sobre un fondo totalmente negro. No me lo pensé demasiado, parecía una elección obvia, «Me llevo esta» le dije al heavy, «¡Excelente elección!» me contestó entusiasmado. Sonreí, al parecer la jugada me había salido bien, había escogido sabiamente y había impresionado al heavy con mis fingidos conocimientos.
Qué decir de lo que encontré luego cuando pude oír la cinta... On your feet or on your knees, Death or Glory, Born to raise hell, Don't let daddy kiss me, Lost in the ozone...
Motorhead no me falló aquel día.
Bastards está considerado uno de los discos imprescindibles de Motorhead por su calidad y eso, unido al componente personal y nostálgico que tiene para mí, ha hecho que siempre haya sido mi disco favorito de la banda. Cuántas veces lo habré escuchado desde aquel día... no lo sé, supongo que miles...
Motorhead no me falló aquél día. Y jamás lo ha hecho desde entonces.
Sin duda he seguido a otras bandas con más atención y pasión. Pero Motorhead siempre han sido un comodín, un sitio seguro, un viejo amigo. Puede que estuviese en una época en la que solo escuchaba thrash metal, cuando flipaba con Metallica, Megadeth o Sepultura, o cuando, ya metido en el aprendizaje de la guitarra, no escuchaba más que discos de virtuosos (Yngwie, Vai, Satriani...) pero en cualquiera de esos momentos si caía un disco de Motorhead en mis manos no dudaba en darle varias escuchas, sabía lo que encontraría en su interior, una música directa, con pasión y actitud, fiel a sí misma, sin concesiones, totalmente disfrutable en cualquier ocasión, y los cabrones nunca me fallaban.
Eso ha sido para mí Motorhead, la banda. Luego encima está Lemmy, el personaje. Tampoco he dudado nunca en leerme alguna entrevista con él si las encontraba por casualidad hojeando una revista, he visto los documentales, he buscado vídeos. Era un tipo tan auténtico, tan honesto, con ese sentido del humor tan particular y esa visión del mundo. Lemmy era un gurú, aunque seguramente se echaría las manos a la cabeza si alguien le dijese eso. Nadie podría haber llevado esa clase de vida más que él y todo ese bagaje le ha dotado de un aura y una sabiduría que se aprecia al primer vistazo. Lemmy es Dios, dicen algunos. Sea cual sea tu grado de fanatismo puedes acercarte a alguna de sus entrevistas, escuchar lo que dice y darte cuenta de que es un vividor, un forajido, un tipo fiel a sí mismo y a sus creencias, y que seguramente tenga algo que enseñarte o algún valioso consejo para ti.
Ahora las redes se llenan de sus citas así que lo tienes fácil para adentrarte en la filosofía Lemmy. Yo me quedo con su pasión por la juerga, las mujeres y la música (dieta a base de alcohol y defensor de las drogas, adorador de las mujeres pero en contra de los compromisos y las relaciones largas, la música como tabla de salvación) y su compromiso con su obra y sus fans (discos y giras constantes, la vida en la carretera haciendo lo que le gusta sin lloriquear, sin dramas, dándole a sus seguidores lo que querían hasta su último concierto, dolorido y a tan solo 20 días de su muerte). Solo espero que mi vida sea la mitad de interesante y honesta, con eso me doy con un canto en los dientes.
Me enteré de su fallecimiento enseguida. Debido a una lesión en la pierna y a una gripe no he podido moverme de la cama en un par de días, así que estaba ahí tirado, enfermo, perdiendo el tiempo en Internet. Vi un par de mensajes al respecto y pensé que era un broma del día de los inocentes, una broma de muy mal gusto, pero algo no encajaba, el día de los inocentes en Estados Unidos es en abril... fui corriendo a la página oficial y allí había un comunicado de la banda subido tan solo unos minutos antes. Era cierto. Pedían que escuchásemos su música muy alto, que compartiéramos historias y brindis. Así que eso hice. Puse el Bastards a todo trapo, salí de la cama, me vestí como pude aguantando el dolor y me largué cojeando a un garito cercano a pedirme unos chupitos de Jack Daniel's. Ahora aprovecho la resaca y que voy de escritorzuelo para dedicarle estas líneas, luego tocaré alguno de sus temas. Seguramente más tarde caigan unos brindis. Su música suena en bucle en mi ordenador desde ayer y seguramente lo haga durante días (ahora mismo suena Stay out of jail).
Tuve la fortuna de acudir al que a la postre sería su último concierto en España, en el marco del Resurrection Fest, y ahí estaba, estático y débil, cansado, pero era el puto Lemmy joder, y había ido a vernos y tocar para nosotros, ni que decir tiene que fue especial. Por suerte en esta época de Internet podemos acercarnos muy fácilmente a su obra, escuchar sus discos, leer sus letras, buscar entrevistas... Ver lo que ese viejo rockero tiene que contarnos, acercarnos a su grandeza y, con un poco de suerte, no acabar siendo unos capullos.
Nunca habrá otro Lemmy, el mundo ha cambiado demasiado, estamos en la época de los selfies y los cientos de canales, la época de Internet, de las redes sociales... es muy difícil conservar la inocencia en estos tiempos, es muy difícil conservar la autenticidad en la época de las apariencias. Es muy difícil que algo parezca real cuando lo miras, todo parece fabricado, meditado, masticado. Eso no pasaba con Lemmy, Lemmy era real, era auténtico, y aunque algunos nunca lo imaginamos, también era mortal. Y se ha ido.

Gracias por todo Lemmy. Descansa en paz, o haz lo que te salga de las pelotas, como siempre hiciste.

Born to lose
lived to win.

Carlos Salcedo Odklas, del blog La venganza de los malditos.

sábado, 2 de enero de 2016

1 POEMA de JORGE M MOLINERO




Es tan fácil
como echar
esta rama de tomillo
al río para
que huela bien
me enseñó
la cría

Y yo
intentando aún
con fuegos de artificio
inventar
la fórmula
del vuelo rasante
de una especie
al borde
de la extinción


Jorge M Molinero


jueves, 31 de diciembre de 2015

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Intro.




Hace ahora cuatro años, en otoño de 2011, la Editorial Eutelequia publicó Cult Movies: Películas para llevarse al infierno, un catálogo o listado, por llamarlo de algún modo, de los filmes que a lo largo del tiempo, por diversos motivos, más me habían impactado (no los que realmente considero los mejores de la historia del cine, que requerirían otra lista aparte).

En el prólogo de aquel libro, y en relación a las películas que en él reseñaba, escribí: “Tanto en la literatura como en el cine (y en todos los demás ámbitos creativos) me interesan las obras que cuestionan el mundo en que vivimos, que remueven las vísceras y las conciencias, que aceleran la sangre y el corazón, mostrando sin filtros éticos ni políticos la realidad (sin duda violenta y cruel) que el hombre ha creado. Este es, en última instancia, el criterio de fondo que he utilizado para confeccionar este top 100 de películas de culto: lo crítico, lo atípico, lo raro, lo grotesco, lo perverso, lo incómodo, lo hiriente, lo hipnótico, lo arrebatador... Aunque no menos importante, también, ha sido el punto de vista y enfoque literario con que las reseñas han sido ideadas, las conexiones de todas estas películas con libros y escritores que admiro y he leído intensamente en el transcurso de mi vida adulta, igualmente básicos y determinantes para mi formación. Más que una guía cinéfila al uso, pues, este manual está concebido como un diario personal donde me he despachado a gusto con muchas películas que yo opino que nadie debería dejar de ver.”

Copio y pego de allí estas palabras porque son igualmente aplicables a este segundo volumen de Cult Movies: Películas para la penumbra, y describen certeramente el porqué de ambos. Y vuelvo a recordar, como entonces, que: “No soy crítico de cine, soy narrador y poeta, y por lo tanto nunca me planteé escribir ensayos técnicos ni concienzudos sobre las películas seleccionadas, sino más bien comentarios apasionados de las mismas que impulsaran a los lectores a videarlas sin complejos.”

En esta ocasión, eso sí, he aumentado el número de reseñas (a 132) e intentado elegir películas menos conocidas (salvo un puñado de excepciones que no puede resistirme a incluir: Moby Dick, Los inocentes, ¿Qué fue de Baby Jane?, El resplandor, Al final de la escalera y unas pocas más), y me he centrado especialmente en filmes de los años 70, un período, a nivel creativo, fascinante y experimental, al que le tengo especial cariño.

Aunque, llegados a este punto y antes de entrar en materia, se plantea la pregunta: ¿Qué es una película de culto? 

Wikipedia nos dice al respecto: “Película de culto se refiere a cualquier tipo de producción cinematográfica que ha adquirido alguna clase de culto popular, ya sea por su formato, su producción, su trama o su significado histórico. Las películas de culto son frecuentemente señaladas como polémicas debido a que incluyen ideas o temas notablemente controvertidos o a que, siendo más convencionales en su temática, la presentan de un modo alejado de los convencionalismos estéticos o narrativos.”

Suscribo, por supuesto, estas palabras, aunque añado, para finalizar, que yo me he guiado en esta selección, además, por mi propio culto e instinto: el que mi criterio me dicta.

Os toca ahora, queridos drugos, contrastarlo con el vuestro.


Vicente Muñoz Álvarez, de Cult Movies: Películas para la Penumbra (Excodra Editorial, 2015).




sábado, 26 de diciembre de 2015

VIVIR DE LA POESÍA por KARMELO C.IRIBARREN



Todavía hay gente -ingenua, curiosa- que me pregunta si se puede vivir de la poesía. Mi respuesta suele ser siempre que no. A veces, dependiendo del día que tenga, suelo añadir que, con todo, eso no es lo peor, que lo terrible del asunto es que tampoco se puede vivir sin ella.

Karmelo C. Iribarren


miércoles, 23 de diciembre de 2015

1 POEMA de RICARDO MORENO MIRA




Crees que a la oveja
Al final
Le importa algo
La diferencia
Entre el pastor y el lobo?
El pastor come ovejas
El lobo come ovejas
No hay ningún «buen pastor»
En ninguna parte
Lo mejor
Para las ovejas
Debería ser
Dejar de serlo

Ricardo Moreno Mira


martes, 22 de diciembre de 2015

DOS ROMBOS por PEDRO CÉSAR ALCUBILLA



Recuerdo que 
me daba tiempo
a escuchar
la música
de Henry Mancini
y ver aquellas tres divas
frente a un hombre
del que sólo
escuchaba la voz.
Mi madre
me mandaba
a la cama,
y de camino
a mi cuarto
yo me preguntaba
qué tipo de cosas
tan malas
ocurrirían
cuando aquellos
dos rombos
aparecían
en la parte
superior
de la pantalla
advirtiéndome
de un peligro
desconocido
para mí.
Entonces,
creo que comenzó
mi pasión
por lo prohibido.

Pedro César Alcubilla 


lunes, 21 de diciembre de 2015

EL TIEMPO DE LAS RATAS por PABLO CEREZAL



La Paz, Bolivia, 2014, -10º y el Illimani descubriendo sus aleros de glaciar insomne a lo lejos, sin darse importancia pero soplando ventiscas de ingratitud y desvelo... La Paz, Bolivia, y unos funcionarios de Migración que amenazan secuestrar a mi hijo de apenas 10 meses de edad. Regresábamos, ateridos, heridos y desconcertados, al pequeño hotel en que un amable ciudadano de origen francés tuvo a bien regalarnos hospedaje. El alojamiento: cómodo, lindo, pleno de vituallas, al día: wifi con funcionamiento más veloz de lo que dicta la media boliviana, y la voz de uno que creía amigo me llegaba a través de las redes sociales incitándome a escribir unos textos, cosas, elogios, a aquellos escritores que, como yo pero con más pericia, ensuciaban las páginas de la historia literaria de este yermo país al que me vi regresado. Los perros habían replicado en aullido la voz de su amo, aquella misma mañana, en las oficinas de Migración, amenazándome con secuestrar a mi hijo, así de claro: tu bebé puede ser "requisado". ¿Dormir? Lo hubiese intentado. ¿Descansar? Sólo cuando pudiese verme fuera de Bolivia... y la partida se antojaba difícil. En eso, aquel amigo, aquel que se decía tal, me incitaba a escribir para glosar la epopeya de los autores malditos de España, mi país de nacimiento, tan lejano y tan añorado en ese instante, reclamarles en letras la cuota de gloria que les robaban los medios y mercados, que existiría un reportaje que les sacaría del anonimato... y a él, de paso...

Abandoné Bolivia, al fin. En otro momento relataré los despieces emocionales a que, para ello, me sometieron, y los despieces de mi burda mochila, de los pañales de mi hijo, que cagó y meó sobre mis manos por no haber nada más apropiado cerca... nada grave, venía de orfandades de paternidad y alimento que no me dejaban considerar grave el que mi hijo hubiese de cagar sobre mi regazo... al fin, hasta eso es lindo, quizás deba agradecérselo al supuesto amigo que me incitó a escribir a la sombra de un infiernillo que no lograba calentar, ni siquiera iluminar, la noche de temperatura y abandono de La Paz, Boliva, 2014, -10º, y el Illimani fulgente a la luz de la nada... 

Esto escribí, pensando en tantos que garrapateaban letras, como yo, pensando que el futuro nos reconocería el esfuerzo... vacuo esfuerzo...

los nombres, disculpénme si olvido alguno, eran claros, bailaban en mi mente: Vicente Muñoz Álvarez, David González, Alfonso Xen Rabanal, Pepe Pereza, Javier Vayá, José G. Cordonié, Gsus Bonilla, Salva Rubio, Maica Bermejo, Felipe Zapico, Carlos Salcedo Odklas, José Ángel Barrueco, Ana Pérez Cañamares, Isabel García Mellado y muchos más que, no es que se me olviden, es que ya he bebido demasiado... sepan perdonarme quienes saben que son y están... sigan escribiendo, y discúlpenme... yo nunca quise llamarlos "underground", fue imposición de quien me reclamaba el texto... 

y, lo lamento, pero realmente sólo me importa que Munay cumplió ya dos años, y de La Paz sólo recuerda el soroche que me atizó a mí, y del que pudo reír a gusto al verme derrumbado sobre el piso de la habitación de aquel hostal que nunca olvidaré


EL TIEMPO DE LAS RATAS 
(LA LITERATURA UNDERGROUND EN ESPAÑA)


Habría que escribir como si uno fuera la primera persona de la tierra y describiera humilde y sinceramente lo que ha visto, experimentado, amado y perdido. El Arte es bueno cuando nace de la necesidad. Tal origen es la garantía de su valor.

Neal Cassady

Algunas culturas orientales, consideran a la rata animal creativo, generoso y honesto. Eso ocurre, como digo, en Oriente. Por contra, en España y Occidente todo, la opinión sobre estos roedores es bien distinta: peligrosos, traicioneros y avariciosos son sólo algunos de los adjetivos que les otorgan. Las fuerzas del orden establecido, mediado el siglo XX, ante la avalancha de artistas radicalmente libres y opuestos a la cultura oficial que amenazaba con sacudir los cimientos del sistema capitalista occidental, debieron pensar que las ratas habían regresado para propagar una plaga aún más peligrosa que la de la peste bubónica: la libertad de pensamiento y expresión. Aquella epidemia se extendió a toda manifestación artística, pero fue especialmente intensa en lo literario, con la llegada de los beats, aquellos salvajes. Ya saben: Kerouac ametrallando sílabas al son efervescente de un saxo, Ginsberg desordenando en versos la falacia de la esclavitud moderna, Burroughs sodomizando frases para recomponerlas en el grito postrero del orgasmo… Pero, antes de ellos, ya estuvieron Kenneth Rexroth despilfarrando su insobornable y vital anarquismo en versos de vida y espuma, o Henry Miller devorando la podredumbre de la vida urbana para vomitarla en ritmo sincopado y prosa deslenguada. Todos ellos corrieron libres y salvajes, en su día, por las cañerías de la misma literatura oficial que hoy, con sus maquiavélicos procedimientos mercantiles, ha logrado convertirles en autores mainstream. Pareciera que las ratas han sucumbido al poderío del orden establecido y residen hoy, tan sólo, en los laboratorios. Porque les recuerdo que en Occidente se odia a la rata, pero se la utiliza para hallar en su organismo curas milagrosas para las enfermedades humanas. 

Por los subterráneos de la cultura oficial española pulula un nutrido grupo de literatos que, como las ratas orientales, andan bien dotados de extraordinaria creatividad, insobornable honestidad y elogiable generosidad. Vilipendiados y ninguneados desde las tribunas académicas, como antaño lo fueron los beats norteamericanos, se ven forzados, como aquellos, a desempeñar trabajos que puedan alimentarles para poder ellos seguir alimentando, con gloriosos párrafos, la Historia de la Literatura actual. Viven en las alcantarillas. Allí hacen manada, ayudándose unos a otros, luchando por sus ideales, y rescatando de entre la inmundicia ciudadana esa perla de sensibilidad que logre conmover a los lectores. Su obra no se pliega a modas ni correcciones políticas, no precisa de esponsorizaciones oficiales, y no cuenta su éxito en cifras monetarias sino en sensaciones experimentadas y genialmente transmitidas. 

Hoy, en España, el underground está más vivo que nunca, y toda una generación de escritores amantes de la palabra y su expresión libre y sincera, repta reventando de poesía los márgenes de las cañerías. No venden muchos libros, no viven de la Literatura. Pero viven para ella, y ya son analizados en los laboratorios del gran comercio, por ver si en su dermis de vocablo y verso encuentran la solución a los males de que adolecen las letras oficiales. Sus obras comienzan a ser valoradas por un mayor número de lectores que han decidido desoír los cantos de sirena de los mercados para seguir surcando las mareas de la calidad y el riesgo literarios. Su insobornable y valiosa creatividad comienza a ser un secreto a voces que se propaga cual virus glorioso por las venas de tipografía y píxel de publicaciones alternativas y redes sociales. Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que la Literatura está viviendo ya el tiempo de las ratas. 


Pablo Cerezal, del blog Vislumbres de El Dorado.


sábado, 19 de diciembre de 2015

NOTICIAS DE ORIENTE por TOÑO BENAVIDES




Con la cabeza bajo las últimas olas que llegan a la playa,
entre peces como envoltorios de caramelo,
en la postura en que duermen los bebés en la cuna, como jugando
a buscar bajo la almohada algún juguete imaginario,
el mar ha vuelto a dejar, sobre la arena,
varios muñecos de trapo, cientos
de trapos con forma de muñeco en lo que va de año,
deshechos de algún mercado de oriente
que se balancean arropados por el agua
como si fueran a despertar de un momento a otro,
a desperezarse bajo el sol mirando al cielo,
a pedir la merienda
mientras buscan el cubo de soñar castillos.

En la televisión,
a la hora en que los niños toman el postre,
la muerte ha puesto nombre a los ahogados.


Toño Benavides


AGITADORAS 68

jueves, 17 de diciembre de 2015

RESACA por JACOB IGLESIAS




¿Qué hago en este dormitorio de matrimonio?
¿Y quién es esta mujer que duerme a mi lado?
Quizá la conocí en algún bar,
en la penumbra ebria siempre parecen más jóvenes.
¿Y quiénes son estos niños que entran gritando
y me piden que baje a jugar con ellos
y me tratan como si yo fuera su padre?
El agua fría ha removido alguna imagen:
botellas vacías, alguien
tropieza, Susana susurrándome no sé qué,
aliento a vino barato, cuerpos por la hierba,
abrazos, bolsas de plástico al viento,
canciones coreadas… ¿Por qué
no se callarán de una vez esos malditos niños?
No logro concentrarme en qué pasó anoche,
solo puedo mirar fijamente una foto:
la mujer que duerme arriba, los niños
y un hombre que me mira como si me recordara.

Jacob Iglesias


miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR



Una nueva versión de los cuentos de siempre con imágenes y palabras.

En "El traje nuevo del emperador 2.0" de Felipe Zapico Alonso la corrupción y vergüenzas de un cercano reino se diseminan sin control a través de las redes bajo el hastag‪#‎elemperadorvadesnudo‬, junto con un reportaje fotográfico de Clemente Bernard cuyo protagonista es un ciudadano nacido el 30 de enero de 1968 en otro cercano reino.

Consígelo en tu librería amiga o en info@alkibla.net

El viernes 18 lo presentamos en Madrid dónde estaremos el fotografo y editor Clemente Bernard, la editora Carolina Martínez y el autor del texto tuneado Felipe Zapico Alonso, será en Lavapiés en el Nosaltres Ateneo Cooperativo en la calle Esperanza 5. Comenzaremos sobre las 19.30.

Salud, resistencia y siempre #abolición.

martes, 15 de diciembre de 2015

FALTA ALGO por JULIO CÉSAR ÁLVAREZ




Que la vida es sexy, coño,
y que debiera ser
como bendita agua perfumada
y no como ese triste
maullar y lamentos largos.
Pero falta, falta algo
en los otros,
en los mil momentos
[en que no llueve.
La longitud de una línea.

Julio César Álvarez, del blog Respirar descontento.

http://juliocesaralvarez.blogspot.com.es/

Photo by Jr Vega

miércoles, 9 de diciembre de 2015

MÁS ALLÁ DE LA PORNOGRAFÍA




Nadine. Algo más que una novela porno

Pablo Paniagua
Alita de Mosca-Literatura Indie, México D.F. 2015, 135 páginas


Sin ninguna duda, como ya he podido comprobar por la lectura de alguna de sus obras anteriores (La novela perdida de Borges, 2013 y Abraxas. Un viaje por la Psicodelia, 2015), Pablo Paniagua es uno de los escritores que, en legua española, nos está brindando algunas de las propuestas narrativas más innovadoras. Escritor periférico y underground, sabe emplear la literatura para subvertir. Su última entrega, Nadine. Algo más que una novela porno, definida por el mismo escritor como una “propuesta de antinovela del futuro”, no deja lugar a dudas, ya desde su mismo rótulo, de su carácter transgresor. Pablo Paniagua nos sorprende, desde mi óptica favorablemente, con una novela dotada de dos tramas que discurren en paralelo: la trama A que narra una historia, y la B que la comenta.

La punta del iceberg, el desencadenante de la historia contada, y también el quebradero de cabeza del protagonista, es un pene cercenado y arrugado, hallado en plena noche y cuya procedencia se ignora. Pero el protagonista decide guardarlo en el bolsillo de su gabardina y, ya en su domicilio, en un frasco con alcohol. Poco a poco, irá apareciendo la porción sumergida del iceberg. Para huir de la policía que exhibe el frasco con el pene cercenado, contrata los servicios de una prostituta y con ella pasa la noche. No solo se la chupa sino que también le roba. En un arrebato de cólera, le arranca la nariz y le despedaza el cerebro, y con una de sus pelucas se disfraza de mujer. Y aquí y así comienza su nueva identidad: Nadine Fox, ataviada como puta y ejerciendo como tal. Experiencias sexuales necrófilas que no le desagradan, hasta que cae en las garras de un proxeneta que lo/la explota, con lo que la trama, nos dice el comentarista, se complica y el protagonista se enriquece.

Para no spoilerizar ambas tramas, no revelaré lo que sigue, ni el desenlace. Anoto únicamente que Pablo Paniagua nutre su novela con escenas ciertamente pornográficas, aunque queda por aclarar qué es la pornografía, sobre todo si la enfrentamos con el erotismo. Y aquí me remito a Pierre Klossowski y su comparación del marido francés que disfruta con la “perversión” de ver a su esposa siendo poseída por otros hombres, y del esquimal para quien un comportamiento similar es la simple expresión de las convenciones de la hospitalidad.

Mas al margen del carácter obsceno, tal como define la Real Academia Española la pornografía, la novela de Pablo Paniagua va más allá de la sexualidad pervertida, de la lascivia, de la obscenidad. Es el rescate de una infancia terrible con un niño sodomizado por los amantes de la madre, hecho que configura un destino insalvable y “estrellado”. Y sobre todo, una historia criminal de “depredadores entre los depredadores” (página 67). Un pasado lejano trasmutado y generando un presente despojado de cualquier sentimiento de culpabilidad (“no hay culpa por asesinar a cualquier depravado e, incluso, a cualquier persona: es la moneda de cambio de la especie humana. Curas católicos sodomizan a niños en nombre de Dios e islamistas radicales asesinan en su mismo nombre” (página 69). Y pequeñas dosis de ternura, de cariño y de devoción que hacen que el cuchillo asesino se caiga de la mano, aunque aquí todo se reescribe.

Dejo a un lado la catarata de asesinatos en serie por venganza, por placer o despecho, para registrar algunos aspectos técnicos de la novela. La narración se desarrolla con frecuencia dando lugar a nuevos juegos y experiencias, a que la historia se pueda rectificar. “Todo se vale en esta novela” afirma en un momento la voz que narra la historia B, la metanarración. Y en efecto, Pablo Paniagua echa mano de analépsis, varias modalidades de omnisciencia, de múltiples referencias cinematográficas y literarias (Vladimir Nabokov, la Lección de Flaubert, vecinanza con Paul Auster…) Y sobre todo un humor negro, cáustico, mucha ironía y sarcasmo para hacer más llevadera la barbarie, el sadismo transbordado hasta el extremo, aunque, como se afirma, un juego de niños comparado con las guerras ilegales o la doble moral imperante en las sociedades presentes, pretéritas y seguramente futura.

En resumen, una novela sin concesiones, aunque entretenida, que demanda lectores fuertes que no se rasguen las vestiduras, que tengan la mente abierta y les guste explorar nuevos territorios que incluso pueden describir con mayor verosimilitud la pavorosa realidad de nuestra maravillosa especie humana.


Francisco Martínez Bouzas, del blog Brújulas y espirales.


sábado, 5 de diciembre de 2015

LA SUCIEDAD DEL ESPECTÁCULO por IVÁN ROJO




A cinco metros bajo el hielo
duerme el mamut perfecto
cuyo genoma nos divertirá
en los parques del futuro.

No le apetece una mierda
despertar.

Cumplió con su parte
hace ya diez mil años.

Y no fue fácil en absoluto.

Pero nosotros no queremos
dormir.

Anhelamos un nuevo bufón.

Y si el mañana está devastado
lo resucitaremos del ayer.

Tememos el fin del espectáculo.

Tener que apartar la vista
del mundo-pantalla.

Y mirar nuestro interior.


Iván Rojo



viernes, 4 de diciembre de 2015

COMO UN PERSONAJE DE DOSTOIEVSKI por ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ



como un personaje
de Dostoievski
que vive en una habitación helada
al margen del amor
y recoge flores de los taludes de la noche (...)
la pureza del acto
en sí mismo
nadie proveerá
peces de colores para su sed impenetrable

Roberto Ruiz Antúnez


Fhot by Gueorgui Pinkhassov

jueves, 3 de diciembre de 2015

SELECCIÓN PARA SOBREVIVIR por SARA ZAPATA




Quisiera traer a la memoria
a aquel niño de ojos saltones
que me tiraba del pelo
cuando la maestra se daba la vuelta,
pero no sé por qué
termino acordándome de aquel día,
quizá el único,
en el que me dio la mitad de su desayuno.

Quisiera acordarme de aquella mirada tan fría y lejana
que me plantó en la entrada de un cine,
pero inexplicablemente,
sólo recuerdo su risa.

Quisiera recordar al perro de aquel vecino
que ladraba sin cesar,
noche tras noche, martilleando mis sueños,
pero tan sólo aparece
meneando el rabo al entrar y encontrarme en la escalera.

Definitivamente mi memoria selectiva
termina siempre
apostando por un pasado mejor,
y yo, termino siempre,
por dejarla hacer,
no siendo que se enfade
y llene de escombros este lugar
llamado presente.


martes, 1 de diciembre de 2015

SE RUEGA SILENCIO: Prólogo.



León. 5 de Octubre del 2015. Tengo treinta y cinco años y estoy intentando escribir mi primera novela. Son las nueve y media de la mañana, llevo toda la noche sin dormir. Mis horarios de sueño están alterados tras los excesos del fin de semana, si planeo llevar un horario normal entre semana que me permita terminar el jodido libro no es muy aconsejable que me acueste en estos momentos. Este viene a ser el dilema de todos los domingos por la noche. A veces la jugada me sale bien, y a veces no.
Aunque en otras ocasiones la tranquilidad de la noche me ha empujado a escribir parece ser que ahora ya no es así. No tengo ni idea del por qué. La conclusión es que la mayor parte de las noches en vela las paso principalmente meditando mirando al vacío de las paredes de esta vieja habitación o, en el peor de los casos, perdiendo el tiempo en Internet. Cualquier cosa en lugar de escribir. Y eso no es bueno. Tengo que terminar la maldita novela. Es un trabajo que me está obsesionando y consumiendo el alma. Me está destrozando por dentro. Tengo la trama en la cabeza, llegado a este punto todo se limita a una labor de redacción. Pero es tan jodido...
Quizás esté intentando abarcar demasiado. Quizás me esté tomando a mí mismo demasiado en serio. Siempre me pasa igual, me creo que estoy escribiendo la biblia o algo así. Y a fin de cuentas, ¿para qué? Si llega el día en que mi novela esté terminada será leída por un puñado de personas, con suerte, con mucha suerte, un par de cientos. Casi todos amigos y conocidos que me dirán con una sonrisa que no me ha quedado mal, que está curioso, que está bien escrito, cuando por dentro estarán pensando «pobre chaval, se le ha ido la cabeza del todo. Es entrañable, pero va a acabar en un manicomio»
La puta vida del escritor alcohólico y drogadicto. Suena romántico, fascinante, seductor, atrayente... pero eso son adornos que ponen una vez que has muerto y si te ha llegado la fama. Desde aquí os puedo asegurar que no hay nada de todo eso. En realidad es una mierda. Un agujero silencioso y que se cae a pedazos. Como esta vieja habitación.
Me levanto a mear. Atravieso el largo pasillo, el mismo que servía de portada a mi primer libro, una colección de relatos que pasó sin pena ni gloria por el panorama editorial. Intento no hacer ruido para no despertar a los moradores del resto de habitaciones. Menuda colección de perdedores hay aquí, cada uno en su agonía personal y espiritual. Al menos ellos no se auto torturan intentando escribir una puta novela...
Hay luz en la habitación número tres. El tipo que se ha metido a vivir ahí es fascinante. Un treintañero delgado y larguirucho que se pasa las veinticuatro horas ahí dentro encerrado, solo. Lo ves pasar de vez en cuando al baño, pero poco más. ¿Qué coño hará ahí dentro? Quizás planea asesinarnos a todos... Pego la oreja a su puerta como si fuese una vulgar maruja. No se escucha nada. Tras un rato de absoluto silencio un suspiro y el leve ruido de la silla al moverse. Eso me indica que está ahí, que está vivo y que planea matarnos a todos. Luego de nuevo el silencio.
Prosigo mi peregrinaje al retrete. Levanto la tapa y evacuo. Me tiro un pedo tímido. Tiro de la cadena y deshago lo andado.
De nuevo en la habitación. Debería escribir, debería terminar esta mierda. Pero no me apetece hurgar en ciertas heridas, acudir a ciertos recuerdos, no ahora...
Mientras tanto el tiempo y la vida pasan. Y lo hacen rápido. Cada vez que miro el calendario no me lo puedo creer. Los días caen tan deprisa... Me da la impresión de no estar enterándome de nada. Seguramente así sea teniendo en cuenta que me paso una mitad del tiempo pedo y la otra resacoso. Llevo unos meses cayendo por un pozo oscuro. Se jodió todo tanto... historias de amor y desamor, el rollo de siempre... en fin. En cualquier caso lo cierto es que la cosa va rápida, los días caen como guillotinas. Se me escapan entre los dedos y puede que no me quede mucho tiempo. La idea de la muerte me obsesiona últimamente. Es posible que solo sea la paranoia debida al abuso de drogas, pero puede que no...
El caso es que el reloj de arena está dado la vuelta y los granos caen. Tengo que terminar la novela. Seguramente sea el único testigo mudo de mi paso por aquí. Me recito el mantra: terminar la novela, terminar la novela, terminar la novela...
Encima el otro día me endosaron un marrón, también relacionado con este rollo literario y que es lo último que necesito en estos momentos. Tengo que escribir un prólogo para la primera novela de Pepe Pereza. Y encima el cabrón solo me ha dado unos días de margen. Venga, más presión.
Pepe es otro escritor de pacotilla, otro ingenuo. Nos conocemos hace unos años, por eso de que somos «coleguillas de gremio», en fin... Al menos Pepe es bastante más auténtico que la mayoría de los que he conocido dentro de la farándula artístico/literaria. Y encima escribe bien, cosa extraña en dichos ambientes. Nos mandamos mensajes de vez en cuando. Alguna vez le he escrito, a las tantas de la madrugada, en momentos jodidos, cuando el bajón y el ansia de la coca hacen que te sientas la persona más abandonada del mundo y necesitas comunicarte con alguien, aunque sea solo a través de un misero mensaje de texto. Lo que se dice un grito de auxilio en mitad del desierto.
En su día también le pedí que prologara mi libro de relatos. Lo hizo. Y supongo que ahora me devuelve la pelota, el muy cabrón...
¿Y qué cojones hago? No me gustaría escribir el típico prólogo insulso, el rollo de siempre:

«La escritura de Pepe es directa, precisa, afilada. Se nota perfectamente su mano obsesiva cincelando cada párrafo, dejándolo libre de cualquier impureza. Dando como resultado una escritura sin fisuras, sin añadidos innecesarios, recordándonos en muchos momentos al gran Carver, con un poso de agonía y pesimismo que nos acercan también a Hubert Selby Jr...» 

Venga coño. No me jodas. Paso de hacer algo así. Pero por otra parte estoy bloqueado. Además, ¿para qué un prólogo? En el mejor de los casos mancharé el texto original de Pepe, afeándolo como si fuese un grano en la nariz de un adolescente el día de su primera cita.
Me pasó el libro, me lo leí y es fabuloso.
Cuando conocí a Pepe no había publicado nada formalmente, solo tenía un libro de relatos editado digitalmente dando tumbos por Internet. Poco después editó su primer libro de relatos. Un libro bastante notable. Luego revisó aquella primera publicación digital y la sacó también en papel. Era un libro bueno. Pero esto ya es otra cosa. Es la primera novela. Es un paso importante para un escritor. El siguiente peldaño.
Ya sabía más o menos lo que me iba a encontrar, conozco la obra de Pepe bastante bien. Leí con atención sus otros libros y también extractos de esta novela que iba publicando en su blog. Alguna vez por privado me comentaba lo mal que lo estaba pasando escribiendo esto, estuvo a punto de tirar la toalla un par de veces. Pepe es un escritor especial, de esos que se sientan en silencio, fumando, de brazos cruzados, leyendo una y otra y otra vez cada puto párrafo para asegurarse de que ese puñetero verbo tiene que estar ahí y no en otro sitio. Seguro que es un rollo muy angustioso. Lo mío es más verborrea, vomitona que diría Xen. Pepe es tirando a artesano, y en la novela lo demuestra con creces. No en vano es un trabajo que le ha llevado casi tres años. Mientras la leía, metiéndome en el papel de «coleguilla del gremio», no podía evitar pensar cada poco qué cabrón, qué cabrón, es bueno...
Lo que me sorprendió (y acojonó) fue la temática. Pepe es algo mayor que yo, pero el protagonista de su novela es un tipo de treinta y cinco años que está escribiendo su primera novela. Un perdedor sin un duro en los bolsillos, encerrado en una casa cochambrosa, obsesionado por los ruidos de sus vecinos que no le dejan concentrarse en lo único que de verdad importa: acabar la puñetera novela. 
Mierda, todo me sonaba demasiado familiar, eso demuestra que muchos estamos en la misma olla pestilente... Ignoro qué porcentaje de autobiografía y qué de ficción habrá en la historia, será un poco de ambas seguramente, como hacemos algunos. Estuve tentado de preguntárselo, pero creo que prefiero conservar ese misterio. Terminé el libro en seguida y la sensación fue sin duda inmejorable. Tenía claro que era un gran libro y que estaba muy bien escrito. Una novela estupenda. Y ahora me tocaba el marrón de prologarla...
Me levanto y me acerco a la ventana. Amaneció hace un rato. Hoy es festivo pero la gente ya se va poniendo en marcha. La gente... espero no tener que interactuar demasiado con ellos hoy, no siempre es algo agradable pero encima sin dormir se vuelve particularmente extraño, con un deje surreal... 
Puto prólogo... mientras observo a los transeúntes y su agonía desde mi ventana repaso la novela de Pepe en mi mente, buscando cosas que decir sobre ella. Estaría bien que fuese un texto en cierta medida complementario. Sobre todo no quiero que parezca que intento venderla, no lo necesita. A mí me ha llegado especialmente, pero no hace falta tener treinta y cinco años y estar escribiendo una novela para disfrutar del viaje, cualquiera que guste de un buen libro y una buena historia sabrá ver su valor.
Me alejo de la ventana y vuelvo al sofá. Me doy cuenta de que ya entra bastante luz del exterior y a pesar de ello tengo la bombilla de la habitación encendida. Me levanto a apagarla. Puta factura de la luz, putos ladrones, puta miseria...
Vuelvo al sofá y me tumbo, pongo música y observo la pared, hago un recorrido desde ahí: los pilares de libros, la ropa tirada, la guitarra, los ceniceros rebosantes, todas mis miserables cosillas...
Entonces me viene. Me cago en la puta, ya era hora, justo a tiempo. Abro una página en blanco en el procesador de textos. Malditas páginas en blanco. Te vas a cagar cabrona.
A ver si hay suerte y despacho el texto pronto y puedo dedicarme a acabar mi jodida novela, necesito sacarla de dentro y arrojarla lejos. Me pongo al teclado y escribo:

León. 5 de Octubre del 2015. Tengo treinta y cinco años y estoy intentando escribir mi primera novela. Son las nueve y media de la mañana, llevo toda la noche sin dormir. Mis horarios de sueño están alterados tras los excesos del fin de semana, si planeo llevar un horario normal entre semana que me permita terminar el jodido libro no es muy aconsejable que me acueste en estos momentos. Este viene a ser el dilema de todos los domingos por la noche. A veces la jugada me sale bien, y a veces no.


Carlos Salcedo Odklas, prólogo de Se ruega silencio, de Pepe Pereza (Lupercalia, 2015).